Capítulo 45

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"Pequeñas travesuras"

Ilay, acostumbrado a despertarse temprano, abrió los ojos y se incorporó lentamente en la cama. Estaba sorprendido de que todavía fuera de madrugada; el cielo fuera de la ventana permanecía oscuro, y todo estaba en silencio.

Mientras miraba alrededor, notó algo que no había observado antes: pequeñas luces fosforescentes en el techo, organizadas en forma de estrellas. Frunció el ceño, ligeramente confundido, y se frotó los ojos como si quisiera asegurarse de que no estaba soñando.

Las diminutas estrellas parecían brillar suavemente en la oscuridad, creando una atmósfera mágica en la habitación. Aunque al principio no lo admitiera, la vista era reconfortante. Había algo tranquilizador en esas luces que le recordaba las noches en las que solía observar el cielo desde la ventana rota de la casa de su tía, soñando con un lugar mejor.

Se quedó un momento en silencio, observando el techo, mientras su mente intentaba procesar dónde estaba. No era la fría habitación que había compartido con Inti en el pasado; ahora estaba en un lugar cálido y lleno de detalles que claramente habían pensado para él.

De repente, sintió un peso familiar en sus pies. Bajó la mirada y vio a Inti, acurrucado y profundamente dormido, su pequeño pecho subiendo y bajando al compás de su respiración tranquila. Ilay sonrió levemente y, con cuidado, estiró la mano para acariciar la cabeza de su amigo.

—Es raro, ¿no, Inti? —susurró, aunque sabía que el cachorro no podía responderle—. Pero... creo que me gusta.

En ese instante, Ilay sintió las molestas ganas de ir al baño. Se removió entre las mantas y se quejó en voz baja:

—¡Odio cuando me dan ganas de ir al baño justo cuando estoy calentito en mi cama! —gruñó, aún medio dormido.

Se quedó un momento más acurrucado, intentando ignorar la incomodidad, pero fue inútil. Finalmente, suspiró con resignación, apartó las cobijas y se levantó.

Al dar sus primeros pasos, escuchó un leve movimiento detrás de él. Inti, que dormía profundamente a los pies de la cama, levantó la cabeza con las orejas alertas. El pequeño husky lo miró con curiosidad y dejó escapar un suave gemido, como si preguntara a dónde iba.

Ilay se giró hacia su compañero y le susurró:

—No pasa nada, Inti. Solo voy al baño. Quédate aquí calentito.

Pero el cachorro no parecía dispuesto a obedecer. Se levantó tambaleante y siguió a Ilay con sus patitas resonando apenas contra el suelo.

—De verdad, no es necesario que me sigas —murmuró el niño con una sonrisa cansada.

Sin embargo, Inti insistió, moviendo ligeramente la cola y pegándose a sus talones. Resignado, Ilay simplemente sacudió la cabeza mientras ambos salían juntos de la habitación, cuidando de no hacer ruido y despertar a nadie más.

El pasillo estaba en penumbras, iluminado por la luz de la luna que entraba por los grandes ventanales. Todo estaba tan tranquilo que Ilay casi podía escuchar su propia respiración. Aunque el lugar seguía siendo nuevo y un poco intimidante para él, de alguna manera la presencia de Inti hacía que todo se sintiera menos extraño.

—Bueno, supongo que no me vendrá mal un poco de compañía —susurró, mirando al cachorro que lo seguía con total lealtad.

Con pasos silenciosos, ambos se dirigieron al baño, listos para resolver el problema y regresar al calor de la cama.

Cuando llegó, dejó la puerta entreabierta para que el cachorro no se sintiera abandonado. Inti se sentó afuera, vigilando como un pequeño guardián, mientras Ilay hacía lo suyo.

Vuelvo a Casa.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora