"acuerdos y desacuerdos"
Al llegar a la cocina, Ilay se detuvo en seco, con los ojos bien abiertos y la boca entreabierta. La cocina era gigantesca, más grande de lo que jamás había imaginado. Las paredes estaban revestidas con azulejos brillantes, y los muebles eran de un blanco impecable que contrastaba con los detalles de madera oscura. Había una isla en el centro, con bancos altos alrededor, y los electrodomésticos parecían sacados de una película futurista.
—¡Es... enorme! —exclamó Ilay, girándose hacia Arián con asombro.
Arián soltó una risa suave al ver la reacción del pequeño.
—¿Te gusta? —preguntó con una sonrisa mientras caminaba hacia la isla central.
—¡Sí! —dijo Ilay sin dudar. Su mirada recorría cada rincón, desde el refrigerador que parecía más alto que él hasta los estantes llenos de frascos con especias que nunca había visto.
Sus ojitos brillaba a más no poder.
Inti, en cambio, empezó a olfatear el suelo con curiosidad, moviendo la cola alegremente.
—Bueno, ¿qué te parece si preparamos algo especial? —propuso Arián, inclinándose ligeramente hacia Ilay—. ¿Qué te gustaría comer?
Ilay frunció el ceño, pensando por un momento.
—¿Puedo comer lo que quiera? —preguntó con cautela, como si todavía no creyera que tenía esa libertad.
Arián asintió, divertido por la pregunta.
—Lo que quieras, cariño.
Ilay sonrió tímidamente, aunque su mente se llenó de ideas. Pensó en todo lo que había deseado comer pero nunca había podido probar. Finalmente, dijo:
—¿Podemos hacer panqueques? Con... mucha miel.
Arián rió, tomando un delantal que colgaba cerca.
—Panqueques con mucha miel, entonces.
Mientras Arián organizaba los ingredientes en la encimera, Eros se acercó a Ilay con una sonrisa traviesa. Sin previo aviso, lo levantó en brazos, haciéndolo soltar una pequeña risa de sorpresa.
—¿Sabes qué? Este es el trono del chef ayudante —dijo Eros, mientras colocaba a Ilay en una silla alta con patas delgadas, diseñada para niños.
Una vez que lo acomodó, Eros tocó la nariz de Ilay con un dedo, como si estuviera pulsando un botón imaginario.
—¡Beep! —dijo con una voz juguetona, guiñándole un ojo.
Ilay no pudo evitar sonreír ampliamente. Desde su nueva posición, miró hacia abajo y vio a Inti moviendo la cola con entusiasmo, como si también quisiera participar en lo que estaba por suceder.
—Mira a Inti, creo que quiere panqueques también —comentó Ilay, señalando a su amigo peludo, que ahora estaba sentado, mirando hacia la mesa con las orejas atentas.
Arián rió desde el otro lado de la isla mientras rompía un huevo en un bol.
—Bueno, Inti tendrá que conformarse con algo especial para él más tarde —respondió Arián, guiñándole un ojo a Ilay.
Eros tomó una espátula de la encimera y la ofreció a Ilay, inclinándose ligeramente hacia él.
—Muy bien, ayudante. Es tu momento de brillar. ¿Listo para ser el mejor chef de panqueques?
Ilay asintió con determinación, sosteniendo la espátula como si fuera un cetro.
—¡Estoy listo! —respondió con emoción.
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Vuelvo a Casa.
WerewolfHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
