"La pequeña brecha entre tu y yo"
Después de terminar la última cucharada de comida, Ilay dejó la cuchara sobre la bandeja y se limpió la boca con el dorso de la mano. Luego, levantó la mirada hacia Arián y Eros, esta vez con una expresión seria, casi demandante.
—Quiero a Inti aquí conmigo —declaró con firmeza, cruzando los brazos como si no aceptara un "no" por respuesta.
Arián y Eros se miraron entre sí, intercambiando una mirada de preocupación antes de que Arián tomara la palabra.
—Ilay, entiendo que quieras ver a Inti —dijo con suavidad, inclinándose ligeramente hacia él—. Pero este hospital no permite animales.
Eros asintió, reforzando la explicación.
—Es por temas de higiene y salud. No queremos que te pongas peor o que pase algo con Inti.
Ilay apretó los labios y sus pequeños puños se cerraron sobre las sábanas.
—¡Pero yo quiero a Inti! —exclamó, su voz quebrándose un poco mientras una mezcla de frustración y tristeza se apoderaba de él—. Él siempre está conmigo, siempre...
Arián se sintió desgarrado al verlo así, pero mantuvo su calma, acercándose más para intentar consolarlo.
—Lo entiendo, Ilay. Inti es tu amigo, tu compañero, y debe ser muy importante para ti —dijo, con un tono cálido—. Pero necesitamos que tú estés completamente bien antes de pensar en traerlo aquí.
Eros, más práctico, se acercó también y se agachó a la altura de Ilay.
—Escucha, mientras estés en el hospital, vamos a asegurarnos de que Inti esté en un buen lugar, cuidado y feliz. Y cuando salgas de aquí, te prometemos que estará contigo de nuevo.
Ilay los miró con ojos llenos de dudas y un poco de rabia contenida. No quería creerles; estaba acostumbrado a que los adultos le mintieran.
—¿Lo prometen? —preguntó finalmente, con la voz más baja y un brillo de esperanza que intentaba esconder.
Arián extendió una mano, poniendo suavemente la suya sobre la de Ilay.
—Lo prometemos.
Eros asintió con una sonrisa firme.
—Y nosotros siempre cumplimos nuestras promesas.
Ilay no dijo nada más. Simplemente desvió la mirada hacia la ventana, abrazándose a sí mismo mientras intentaba procesar la situación. Por ahora, tendría que confiar en ellos, aunque una parte de él todavía desconfiaba. Pero algo en su interior le decía que quizás, solo quizás, esta vez no le estaban mintiendo, aunque la respuesta no le gusto para nada no le quedo de otra.
Con un suspiro de resignación, Ilay finalmente asintió, aunque su expresión seguía siendo de desconfianza. Sabía que no podía hacer mucho más en ese momento, y la promesa de ver a Inti pronto fue suficiente para calmar un poco su ansiedad. Arián, al ver que el pequeño parecía más tranquilo, decidió aprovechar la oportunidad para acercarse más a él y hablarle de una manera más amigable, buscando ganar su confianza.
—Sabes, Ilay —comenzó Arián con una sonrisa suave—Yo soy pintor —continuó Arián, esperando captar más la atención del niño—. Quizás no te guste mucho el arte, o no lo entiendas ahora, pero las pinturas y los colores tienen un poder muy grande. Me encanta crear imágenes que hacen que la gente vea el mundo de una manera diferente.
Cuando Ilay escuchó que Arián era pintor, sus ojos brillaron de inmediato. El brillo que antes había estado empañado por la desconfianza y la confusión, ahora se llenaba de curiosidad e interés. Su mente, que siempre había estado llena de dibujos y colores, se despertó al escuchar esas palabras. Sin poder evitarlo, dejó que su cuerpo se relajara un poco, aunque la tensión aún se mantenía en su rostro.
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Vuelvo a Casa.
WerwolfHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
