"La conexión existe"
Arián tomó la pequeña mano de Ilay con extremo cuidado, como si temiera lastimarlo. Observó el rostro pálido del niño, su pecho subiendo y bajando con dificultad pero con un ritmo estable, y sintió un nudo en la garganta. No podía explicar completamente por qué se sentía tan conectado con ese pequeño, pero algo dentro de él —algo más profundo que la razón— le decía que Ilay era importante, más de lo que imaginaba.
Cuando Eros dio un paso hacia adelante, dispuesto a unirse a su lado, la puerta de la habitación se abrió abruptamente, y una enfermera entró apresurada. Al verlos ahí dentro, su expresión se tornó severa.
—¡¿Qué están haciendo aquí?! —los reprendió, con las manos en la cintura y una mezcla de preocupación e indignación en su rostro—. Les dije claramente que no podían entrar a la habitación. ¡El niño está en una condición delicada y cualquier exposición podría ponerlo en peligro!
Arián se apresuró a soltar la mano de Ilay, sintiéndose culpable.
—Lo siento mucho... Yo solo... —comenzó a explicar, pero su voz se apagó.
Eros, con su porte imponente, dio un paso al frente, intentando calmar la situación.
—Fue un error de nuestra parte —dijo con firmeza, aunque sin perder la calma—. No volverá a suceder.
La enfermera suspiró, claramente frustrada.
—Entiendo que estén preocupados, pero si realmente quieren ayudar al niño, deben seguir las reglas. Esto es por su bien. Por favor, regresen a la sala de espera.
Arián asintió, bajando la mirada, mientras Eros colocaba una mano en su cintura para guiarlo fuera de la habitación. Antes de salir, Arián echó una última mirada a Ilay, sus ojos llenos de preocupación y promesas silenciosas.
Ya en el pasillo, Eros soltó un leve suspiro.
—Necesitamos ser pacientes, bonito. Por difícil que sea.
Arián asintió, aunque la tensión en su rostro mostraba que la espera sería un desafío. Su lobo, Ciro, rugía internamente, deseando quedarse cerca de su cachorro, pero sabía que no podía arriesgarse más. Ambos se dirigieron de nuevo hacia la sala de espera, decididos a encontrar la forma de proteger a Ilay sin importar las barreras.
Arián y Eros se levantaron rápidamente de sus asientos al ver a la enfermera salir de la habitación de Ilay con evidente urgencia, llamando al médico. Sus corazones comenzaron a latir con fuerza, y una preocupación creciente se apoderó de ellos. Ambos dieron unos pasos hacia la puerta, pero se detuvieron al ver al médico entrar acompañado por dos enfermeras más.
Arián no pudo contenerse y, con la voz temblorosa, preguntó:
—¿Qué está pasando? ¿Qué ocurre con Ilay?
La enfermera que había salido no se detuvo, pero giró apenas la cabeza para responder, sin detener su marcha.
La enfermera los miró con una mezcla de asombro y alivio. Con un tono de voz que denotaba incredulidad, dijo:
—El niño se está recuperando de una manera sorprendente. Sus niveles han subido de forma significativa, y lo más extraño es que sus moretones están comenzando a desvanecerse. Nunca había visto algo así.
Arián y Eros intercambiaron miradas llenas de sorpresa, pero también de alivio. Sin embargo, antes de que pudieran hacer preguntas, el médico salió de la habitación ajustándose sus gafas, para luego quitárselas mientras hablaba con evidente asombro.
—Esto es increíble. Su cuerpo está respondiendo de una manera que desafía toda explicación médica. Se está recuperando rápidamente, mucho más de lo que sería normal en alguien en su estado y teniendo en cuenta que es un humano, ellos suelen ser mucho más frágiles que nosotros y su recuperación es demasiado tardía.
ESTÁS LEYENDO
Vuelvo a Casa.
Hombres LoboHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
