Capítulo 12

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(Cara y cruz de una moneda...y encuentros)

—No está mal, Ilay —dijo, sonriendo con una mezcla de admiración y curiosidad, pero su tono era firme, el de alguien que no dudaba en mostrar su poder—. Es arriesgado, pero podría funcionar. Los ricos son fáciles de engañar cuando están distraídos. El problema será cómo te vas a acercar sin llamar la atención.

Ilay asintió, reconociendo la dificultad. Siempre había observado cómo los ricos eran demasiado confiados y distraídos con sus lujos, pero nunca había tenido la oportunidad de acercarse lo suficiente. Sin embargo, el restaurante siempre estaba lleno, y las oportunidades parecían ser muchas.

—Puedo hacerlo —respondió Ilay con firmeza, más convencido que nunca de su plan. Lo dijo con una sonrisa pequeña, intentando ocultar la duda que lo atormentaba—. Voy a esperar a que lleguen y me colaré en la entrada. Nadie me va a notar.

El chico alfa, al escuchar su respuesta, arqueó una ceja, como si dudara de la capacidad de Ilay.

—Te subestimas, Ilay —comentó otro miembro de la Resistencia, una chica de cabello corto y mirada aguda. Ella era una beta, o al menos se comportaba como tal—. Si quieres hacerlo, necesitarás más que solo buenas intenciones. Puede que consigas algo grande o termines en problemas graves.

Ilay miró a los demás, sintiendo una ligera mezcla de nervios y emoción. Sabía que estaba jugando con fuego, pero por primera vez en mucho tiempo, sentía que tenía una oportunidad para algo más grande que las pequeñas trampas que solía hacer. Un lugar como ese restaurante podía ser su boleto para escapar de su vida actual. Pero la sensación de peligro también era clara, y una pequeña duda se asomó en su mente. La mirada que el líder de la Resistencia le lanzó lo hizo sentir como si estuviera siendo evaluado, analizado como una pieza más en un juego que aún no entendía completamente.

No era nada bueno, confiar en ellos ya que se les consideraban bastantes traicioneros, hacia aquellos que no fueran parte de su grupo, pero no tenía de otra.

Ilay miró a los demás, sintiendo una ligera mezcla de nervios y emoción. Sabía que estaba jugando con fuego,  pero por primera vez en mucho tiempo, sentía que tenía una oportunidad para algo más grande que las pequeñas trampas que solía hacer. Un lugar como ese restaurante podía ser su boleto para escapar de su vida actual. Pero la sensación de peligro también era clara, y una pequeña duda se asomó en su mente.

—Si lo logro, ¿me dejarán ser uno de ustedes? —preguntó, su voz bajando al final de la frase, como si fuera un niño que deseaba encajar, deseaba ser parte de algo. Sabía que para los alfas y betas, su estatus como simple humano no era algo que lo favoreciera, y la aceptación era un desafío.

El líder de la Resistencia lo miró fijamente antes de responder, su expresión más seria que antes, la dominancia en sus gestos era innegable.

—Lo veremos. Haz lo que prometes y podremos hablar de eso. Pero recuerda, no es un juego. Si fallas, las consecuencias pueden ser graves. No solo para ti, sino para todos los que estén involucrados.

Ilay sintió un escalofrío recorrer  en su pequeña espalda, pero se mantuvo firme. Sabía que no podía dar marcha atrás. Este era su momento de mostrar que podía hacer algo grande, algo que valiera la pena. Y si tenía que arriesgarlo todo, lo haría ya no podía seguir viviendo con su tía debía salir de esa casa, así no tendría que esperar nada de nadie. 

—Lo haré —respondió finalmente, con una determinación renovada, a pesar de tener tan solo diez años Ilay era muy determinado cuando quería hacer algo.

Los chicos intercambiaron miradas, como si decidieran, en silencio, si confiaban en él. Luego, uno por uno, asintieron, pero el líder, con su mirada penetrante, hizo un último comentario:

—Está bien, Ilay —dijo, con una sonrisa torcida que no alcanzaba a mostrar demasiada amabilidad—. Vamos  hacerlo. Esta noche, a la hora exacta. No hay margen para errores. Y si logras hacerlo, podremos hablar de lo que sigue... para ti.

Ilay asintió, consciente de que su vida, por primera vez, parecía tener un propósito. Ya no era solo un niño perdido en las calles. Ahora tenía un plan, y aunque el riesgo era alto, lo sentía como su única salida.

El pequeño Ilay creí que era la única salida, pero estaba muy equivocado, dos personas muy importante cambiaran la vida de ese pequeño niño.

[......]

Esa misma tarde, Arián salía de su pequeña galería de arte, un refugio privado que solo conocían sus padres y su esposo. Para él, ese lugar era más que un espacio para pintar: era un santuario donde podía expresarse sin las presiones del mundo exterior. Había pasado horas allí, trabajando en una nueva pieza que, aunque todavía no estaba terminada, ya prometía ser una de sus mejores obras. Al salir, cerró cuidadosamente la puerta, asegurándose de que todo quedara en perfecto orden. El aroma del óleo fresco aún impregnaba sus manos, pero no le importaba; en realidad, le hacía sentir vivo.

Al mismo tiempo, Eros salía de una agotadora reunión en las oficinas principales de Isec Empire Blackfux. Aunque estaba acostumbrado a manejar la presión y los desafíos, esa reunión en particular había puesto a prueba su paciencia. Algunos de sus empleados habían demostrado una preocupante falta de iniciativa, necesitando que él, su CEO, les diera soluciones a problemas que claramente eran de su competencia. Su mandíbula estaba tensa, y sus ojos destellaban con esa intensidad que solo surgía cuando algo lo irritaba profundamente.

Mientras caminaba hacia su auto, Eros soltó un suspiro, intentando calmarse. Sabía que no podía llevar ese mal humor a casa, especialmente porque Arián siempre notaba cuando algo estaba mal en él, ademas su feromonas lo delataban siempre. Pensar en su esposo y en el cálido hogar que compartían lo  ayudaba a relajarse y lo volvía loco a la vez. Lo que más deseaba en ese momento era una copa de vino y la suave compañía de Arián para olvidar el caos del día.

Pero en esta vida las cosas no siempre salen como realmente queremos.

Arián, por su parte, no podía evitar sonreír mientras caminaba por las calles de Londres. Aunque su día había sido tranquilo, su mente estaba ocupada en los pequeños detalles que siempre consideraba: los colores que usaría en su próxima obra, la textura de los lienzos que necesitaba comprar, y, sobre todo, el rostro de Eros cuando lo viera llegar a casa. Conocía bien a su esposo y sabía cuánto le pesaban las responsabilidades del mundo empresarial. Siempre hacía lo posible por aliviar su carga, aunque solo fuera con una cena tranquila o una conversación ligera.

Ambos hombres, separados por sus mundos tan distintos pero unidos por un amor inquebrantable, se dirigían hacia el mismo destino: el hogar que compartían. Ninguno de los dos sabía aún que esa noche sería diferente, que el destino estaba a punto de cruzar sus caminos con algo mucho más grande de lo que podían imaginar.

[.........]

Cap terminado, nos vemos en próximo y estará bastante interesante :)







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