"iré a buscarte en tu mente, tan confusa y ausente"
El doctor les dedicó una última mirada comprensiva antes de despedirse.
—Así será. No se preocupen, haremos todo lo necesario para que Ilay se recupere —dijo, con un tono firme, antes de retirarse.
Poco después, una enfermera se acercó a Arián y Eros con un gesto profesional.
—La habitación de Ilay está en el ala pediátrica, pero por ahora las visitas no están permitidas. Si despierta, se los haremos saber para que puedan entrar a verlo —informó con voz suave.
Arián sintió una punzada de angustia en el pecho, pero asintió, mordiéndose el labio para no llorar otra vez. Eros, a su lado, mantenía su expresión severa, aunque sus ojos delataban la tormenta que rugía dentro de él.
—Gracias —fue lo único que dijo el vampiro, con voz grave.
Entonces, recordaron a Inti.
Sin perder un segundo, llamaron al veterinario que estaba atendiendo al pequeño cachorro.
—El cachorro no está grave —les explicó el veterinario—pero tiene deshidratación, agotamiento extremo y una ligera desnutrición. Nada que no podamos tratar, pero necesitará reposo y cuidados especiales.
Arián suspiró, con el corazón aún encogido.
—Por favor, háganlo todo —pidió con un hilo de voz.
Eros pasó un brazo firme alrededor de los hombros de Arián, brindándole algo de apoyo.
—Quiero a los mejores veterinarios disponibles cuidando a Inti —ordenó Eros con frialdad—. Y asegúrense de que tenga vigilancia las veinticuatro horas. No quiero sorpresas.
Uno de sus guardias asintió de inmediato y salió a hacer las llamadas necesarias.
Aunque Inti estaba a salvo, Eros no dejaría nada al azar. Ni con hijo, ni con su cachorro.
Eros suspiro y miro a su padre.
Richard Oriol Blackfux observaba a su hijo con una mirada profunda, ese brillo particular en sus ojos que Eros reconoció de inmediato. Sabía que su padre quería hablar con él, y la conversación no podía esperar.
Con delicadeza, Eros ayudó a Arián a sentarse en una de las sillas del pasillo, acariciando suavemente su rostro antes de inclinarse para susurrarle:
—Voy a hablar con mi padre, cariño. No tardaré.
Arián asintió en silencio, aunque sus ojos reflejaban cansancio y preocupación.
—Madre —dijo Eros, mirando a su madre—, ¿podrías quedarte con él un momento?
Su madre, elegante y serena como siempre, sonrió con calidez y rodeó a Arián con un suave abrazo, susurrándole palabras de aliento.
—Por supuesto, querido. Arián, todo estará bien. Ilay es fuerte... y ustedes también.
Arián cerró los ojos por un instante, agradeciendo el gesto, mientras Margaret le acariciaba el cabello como si fuera su propio hijo.
Eros, con el ceño fruncido y las emociones a flor de piel, acompañó a su padre a un rincón más apartado del pasillo, donde las palabras pudieran fluir sin interrupciones.
—¿Qué sucede, padre? —preguntó Eros, su voz baja pero firme.
El brillo en los ojos de Richard no se había ido. Estaba ahí, latente, como una tormenta a punto de estallar.
ESTÁS LEYENDO
Vuelvo a Casa.
WerewolfHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
