Desde Que Te Vi, todo es tan distinto para mí.
Punto de vista de Arián
La velada había comenzado de manera tranquila. El restaurante era exactamente como lo había descrito mi amigo: elegante, con una atmósfera acogedora, casi mágica. Sin embargo, no podía evitar sentir una ligera incomodidad. Había algo en el aire, como un presentimiento, aunque no lograba descifrar qué era.
Me encontraba charlando animadamente con Eros, intentando distraerlo de su agotadora jornada. Él, como siempre, lucía impecable, aunque las líneas de tensión en su rostro traicionaban su cansancio.
De pronto, el caos estalló.
Un niño pequeño, de no más de diez años, surgió de la nada y arrancó algo de la muñeca del hombre con quien estábamos hablando. El grito del hombre me sacó del asombro de la situación:
—¡Guardias, arresten al ladrón!
Giré mi cabeza hacia la dirección del escándalo justo a tiempo para ver al pequeño caer al suelo, sus manos lastimadas contra el pavimento. Algo en su expresión me hizo congelarme. No era solo miedo; había algo más profundo, una mezcla de vulnerabilidad y desesperación que me atravesó el alma.
—Eros, ese niño... —dije, mi voz apenas un susurro.
Pero antes de que pudiera decir más, el niño se levantó de un salto y comenzó a correr. Los guardias, enormes como montañas, lo seguían con pasos firmes.
Sentí una punzada en el pecho, una necesidad instintiva de hacer algo.
Punto de vista de Eros
Había pasado un día de pesadilla. Entre reuniones agotadoras y empleados incompetentes, lo único que quería era un respiro, algo que me recordara que la vida podía ser más que cifras y responsabilidades. Estar con Arián siempre ayudaba. Su tranquilidad era mi refugio, su sonrisa mi salvación y su presencia mi adoración.
Sin embargo, el universo parecía tener otros planes.
Aquel pequeño, revoluciono todo con su presencia.
Algo en él me resultó... extraño. No era su tamaño ni su actitud desafiante, sino su aroma. Era débil, casi imperceptible en medio del caos, pero estaba ahí: un rastro dulce y único que se mezclaba con el aire.
Mi instinto vampírico se activó de inmediato.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —murmuré desconcertado.
De repente todo se volvió un caos, adolescentes corrían de un lado a otro, guardias intentado atraparlos, gente que gritaba asustados y sorprendidos, que hasta nuestro personal de seguridad aparecieron para protegernos.
Arián, a mi lado, parecía igualmente afectado, aunque por razones distintas. Pude notar la preocupación en su rostro, esa mirada que siempre me hacía querer protegerlo a toda costa.
—Eros, ese niño... —susurró, señalando hacia el pequeño que ahora desaparecía entre las sombras.
Los guardias seguían tras él, pero algo me detuvo de dar la orden de detenerlos. Mi mente estaba enredada, tratando de procesar el torbellino de emociones y sensaciones que aquel niño había desatado en mí.
—Espera —le dije a Arián, apretando suavemente su brazo para calmarlo—. Quiero ver cómo termina esto.
Pero dentro de mí, algo me decía que aquel encuentro era solo el principio.
[..........]
Punto de conexión: una inquietud inexplicable
El caos en el restaurante dejó a Arián y a Eros con un extraño peso en el pecho, algo que ninguno de los dos podía explicar pero que ambos sentían con la misma intensidad. Aunque intentaron retomar la cena, la tensión se hacía palpable. Finalmente, Eros llamó a sus guardias y les dio una orden clara y tajante:
—Quiero saber quiénes eran esos niños. Especialmente el pequeño que intentó el robo. Averigüen todo: nombres, procedencia, qué hacen y por qué estaban allí. No escatimen recursos.
Arián, quien había permanecido en silencio, solo asintió, pero su mente estaba inundada de preguntas y emociones. Algo en los ojos de aquel niño lo había tocado profundamente, como si una parte de sí mismo pudiera sentir su dolor.
En el camino de regreso a casa, Arián se recostó contra la ventanilla del auto, mirando la ciudad pasar, pero sin realmente verla. No pronunció palabra alguna, su silencio solo roto por ocasionales suspiros.
Eros lo observaba de reojo mientras conducía. Él mismo no podía dejar de pensar en el niño. Había algo en ese pequeño que lo desarmaba por completo, y lo más desconcertante era la intensidad de esa conexión. Su aroma, su mirada... todo parecía haber activado algo dentro de él que ni siquiera sabía que existía.
Lo único que tenía sabido era que ese pequeño era un humano.
—¿Estás bien? —preguntó finalmente Eros, con una voz más suave de lo que esperaba.
Arián giró la cabeza hacia él y lo miró fijamente por unos segundos antes de responder:
—No lo sé, Eros. Hay algo en ese pequeño. Algo que no puedo ignorar y dejar de sentir.
Eros asintió, porque sentía exactamente lo mismo. Aunque era un hombre pragmático, que solía analizar las cosas con lógica, no podía deshacerse de la sensación de que ese encuentro no había sido casual.
Cuando llegaron a casa, Arián se dirigió directamente a su galería privada, donde solía encontrar calma entre sus pinturas. Sin embargo, esa noche fue diferente. Sus manos se movían por instinto, trazando líneas y formas sin siquiera pensar. Cuando se dio cuenta, el rostro de aquel pequeño comenzaba a emerger en el lienzo.
Por su parte, Eros pasó horas revisando informes y hablando con sus contactos, intentando acelerar la investigación. Pero mientras esperaba respuestas, su mente seguía atrapada en un torbellino de preguntas.
—¿Por qué no puedo sacarlo de mi cabeza? —murmuró para sí mismo, mirando fijamente la noche desde la ventana de su despacho.
Ambos, aunque en habitaciones distintas, compartían la misma sensación: la certeza de que el destino había comenzado a tejer algo mucho más grande de lo que podían imaginar, y que ese pequeño niño era la clave.
[........]
Ilay logró escapar de los guardias, su corazón latía con fuerza y su cuerpo temblaba sin control. Estaba escondido aun, intentando recuperar el aliento mientras las lágrimas amenazaban con salir. Todo era su culpa. Todo había salido mal. Ahora, no tenía idea de qué hacer.
De repente, un ruido a su lado lo hizo girar de golpe, con el corazón encogido. Entre las sombras, una figura emergió de detrás de un tacho de basura. Era Alex, uno de los chicos de "La Resistencia". Tenía la cara manchada de suciedad y el cabello revuelto, pero sus ojos brillaban con una mezcla de enojo y urgencia, sus feromonas desprendían un olor tan agrio, que apesar de ser humano, las podía oler bien.
Alex le hizo señas con la mano para que se acercara. Ilay vaciló al principio, pero la intensidad en la mirada de Alex no dejaba lugar a dudas. Finalmente, salió de su escondite y se aproximó con pasos inseguros.
—Camina —le dijo Alex en un susurro áspero, tirando de su brazo para hacerlo avanzar por el callejón.
—¿Qué pasó con los otros? —preguntó Ilay, con la voz apenas audible.
—No importa ahora. —Alex lo miró de reojo, su expresión grave—. El jefe querrá hablar contigo por lo que pasó.
Ilay sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Qué me va a hacer?
Alex se detuvo y lo miró fijamente, su rostro endurecido por la experiencia.
—Estás muerto, niño.
Esas palabras hicieron que un nudo de miedo y angustia se formara en el pecho de Ilay. Las piernas le temblaban, pero no podía detenerse. Alex lo empujó ligeramente hacia adelante, y juntos se internaron más en la oscuridad del callejón.
A lo lejos, aún se escuchaban los gritos y el alboroto en el restaurante. Ilay sabía que no podía volver, pero tampoco sabía cómo enfrentaría las consecuencias de su error. ¿Había una salida para él, o ese sería el fin de su corta y complicada vida?
[........]
hola, hola :)
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Vuelvo a Casa.
WerewolfHace mucho, mucho para así decirlo en una cabaña en el medio del bosque nació, un pequeño cachorro, sus padres saltaba de felicidad y ventura asía su hijo recién nacido, este pequeño cachorro era el fruto de un amor tristemente prohibido. Este peque...
