Capítulo 14

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El esperado encuentro por miles.

Mientras seguía observando, mis dedos se apretaron contra la mochila. Inti se movió ligeramente dentro de ella, como si también sintiera mi ansiedad.

Y entonces, algo en el aire cambió.

Mientras seguía observando a esas tres personas, un pensamiento cruzó mi mente: "Ellos tienen dinero, mucho dinero." Por supuesto, esa era la razón por la que estábamos aquí. Esa era la clase de gente a la que la Resistencia apuntaba. Pero mientras los miraba más detenidamente, algo en su forma de moverse, en cómo reían con tanta confianza, me hacía sentir... raro. No podía describirlo. Era como si estuvieran rodeados de una especie de aura, algo que me atraía y me asustaba al mismo tiempo.

Uno de los chicos del grupo, Alex, me dio un codazo para llamar mi atención.

—Ilay, ¿te quedaste dormido o qué? —susurró, apurándome—. Es tu turno.

Mi turno.

El plan era simple, al menos en teoría: yo debía pasar cerca de ellos, fingir que tropezaba y derramar una bebida en alguno de ellos, en ese momento, quitarles la billetera o el reloj, si es posible, mi objetivo es ser la distracción mientras ellos aprovechan y robaban, lo que fuera más fácil. Después, debía regresar corriendo hacia el callejón, donde los demás me cubrirían si algo salía mal.

Pero algo dentro de mí se retorcía. Ese malestar que había sentido antes ahora se había convertido en una mezcla de miedo y duda. Mis piernas se sentían pesadas, como si se negaran a moverse.

—Vamos, ¿qué esperas? —insistió Alex, empujándome un poco más fuerte—. No tenemos todo el día.

Inti dejó escapar un pequeño gemido desde la mochila, como si sintiera mi nerviosismo. Me giré ligeramente para mirarlo, encontrando algo de consuelo en sus ojos brillantes. Acaricié su cabeza a través de la tela, intentando calmarme.

Finalmente, tomé aire y me puse de pie. Mi corazón latía con fuerza mientras daba los primeros pasos fuera de nuestro escondite. Podía sentir las miradas de los demás clavadas en mi espalda, esperando que no fallara.

Con cada paso que daba hacia ellos, el mundo parecía volverse más silencioso. El bullicio del restaurante, los autos pasando por la calle, incluso los murmullos de la Resistencia se desvanecieron. Solo podía escuchar el latido de mi propio corazón.

Cuando estuve lo suficientemente cerca, fingí tropezar.

—¡Ay! —exclamé, con mi mejor voz de niño inocente.

El hombre calvo que estaba de frente, me miro de inmediato, lo primero que vi en sus ojos fue asco.

—¿Estás bien, pequeño? —preguntó con voz grave pero calmada.

—S-sí, señor —balbuceé, estaba a punto de actuar lo más lamentable posible, pero antes de que pudiera reaccionar, otro hombre, uno de los que estaba de espada, se dio la vuelta y mi mundo cambio para siempre.

Mi pecho comenzó a doler, como si algo dentro de mí se estuviera desgarrando. Mi pobre corazoncito golpeaba como un tambor desaforado, enviando un eco sordo por todo mi cuerpo. No podía dejar de mirarlo, pero tampoco podía moverme. Era como si el tiempo se hubiera detenido, y todo alrededor se sumiera en un silencio inquietante.

De repente, un pitido agudo resonó en mis oídos. Era tan fuerte que cerré los ojos con fuerza, llevándome las manos a la cabeza. Mi cuerpo temblaba y no sabía por qué. Algo extraño estaba pasando, algo que no entendía pero que me aterraba.

El olor. Ese olor embriagante que emanaba de ellos. No era como cualquier aroma que hubiera percibido antes; era dulce, cálido, pero también abrumador. Me mareaba, me hacía sentir débil. Apenas podía sostenerme en pie.

Vuelvo a Casa.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora