Capítulo 55

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"Resiste... ya voy, resiste yo estoy"

Ilay ya no podía más.

El frío le calaba hasta los huesos, sus muñecas ardían por las cuerdas apretadas, y cada vez que intentaba mover los tobillos, un dolor punzante le recordaba que estaba atrapado.

El hambre le retorcía el estómago, pero más fuerte que eso era el miedo. Un miedo tan abrumador que lo hacía temblar sin control.

Inti estaba acurrucado junto a él, temblando también, aunque no solo por el frío. El pequeño cachorro sentía cada emoción de su dueño como si fueran propias: el pánico, la desesperanza, el deseo profundo de volver a casa, a los brazos cálidos de Arián y Eros.

Ilay cerró los ojos un momento, intentando bloquear todo, pero entonces escuchó voces.

Primero, un murmullo distante. Después, más claras, más fuertes.

Una de esas voces... le resultó terriblemente familiar.

Su corazón dio un vuelco.

—No... no puede ser... —susurró, el aire apenas escapando de sus labios.

La voz áspera de Jonh.

Ilay sintió un nudo en la garganta y las lágrimas amenazaron con caer. Rogó con todas sus fuerzas que no fuera lo que pensaba, que Jonh y Bárbara no estuvieran allí. No quería volver con ellos. No quería regresar a esa casa.

No quería dejar a Eros y Arián.

Cerró los ojos con fuerza, imaginando los brazos de Arián rodeándolo, las palabras tranquilizadoras de Eros, y el calor de una cama suave y cálida...

Todo lo que quería era volver a su hogar.

Pero su cuerpo ya no pudo más.

El frío, el hambre, el miedo... todo se acumuló hasta que la mente de Ilay simplemente se apagó.

Su pequeño cuerpo colapsó, cayendo de lado sobre el suelo helado.

Inti, al verlo, entró en pánico. El cachorro gimoteó desesperado, lamiendo la cara de Ilay, empujando su mejilla con el hocico, tratando de despertarlo.

—¡Grrr! —sollozó, gimiendo con angustia.

Pero Ilay no se movió.

Inti siguió a su lado, tembloroso, sin dejar de empujar a su amigo, rogando en su pequeño corazón que alguien los encontrara pronto.

El silencio sepulcral de la casa abandonada fue destrozado por el rugido de los motores.

En cuestión de segundos, las camionetas negras blindadas de los Blackfux llegaron derrapando, levantando una espesa nube de polvo y tierra. El sonido de las puertas abriéndose con fuerza retumbó como un trueno, y de ellas emergieron docenas de hombres armados, perfectamente coordinados, moviéndose con una precisión letal.

Jonh, que seguía en la sala, vio todo desde la ventana.

Su corazón se disparó.

—Mierda... —susurró, las manos temblorosas, apenas respirando mientras observaba cómo aquellos hombres se desplegaban, formando un cerco alrededor de la casa.

Sabía que si intentaba huir, esos tipos no dudarían en derribarlo.

Pero entonces, la puerta trasera de una de las camionetas se abrió con un golpe seco... y de ella bajó él.

Eros Oriol Blackfux.

El vampiro de sangre pura caminó con una elegancia feroz, su presencia desbordaba poder. Alto, impecable, con un abrigo largo negro que ondeaba con el viento, y sus ojos carmesí ardiendo con una furia contenida.

Vuelvo a Casa.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora