Kayla
La puerta de metal chilló al rozar con el suelo de piedra, embotando aún más mis oídos. Me contraje todo lo que pude en mí misma, haciéndome un ovillo en el suelo, temiendo por algún golpe más, alguna patada más. No creía que pudiese resistirlo. Jamás había experimentado semejante nivel de dolor.
Entreabrí los ojos pero entre la penumbra de la habitación y mi posición solo fui capaz de vislumbrar los pasos de un hombre. El frenético martilleo de mi corazón me estaba provocando el mayor dolor de cabeza de mi vida. Quería llorar pero ya era hasta incapaz, o eso creí, porque cuando el hombre llegó hasta mí y se agachó a mi altura me ladeó la cabeza para que pudiera verle la cara.
-No llores, muñeca.
Emilio.
-¿Sabes? Iba a dejar que los guardias te follaran, a fin de cuentas, ellos necesitan una recompensa y tú un castigo- Dijo encogiéndose de hombros.
Apenas podía procesar lo que me decía. Creo que si alguien me hubiese tocado en ese momento ni siquiera habría podido diferenciarlo del dolor que sentía en el resto del cuerpo.
-Pero he tenido un par de inconvenientes. El primero es que sigues reservada y tengo al hijo de puta muy pendiente. No sé que le habrás hecho para tenerlo tan pillado y más si ni te lo has follado.- Abrí los ojos por la sorpresa, Emilio no tenía por qué saber eso. Lo notó y eso lo hizo sonreír más, mostrando unos dientes torcidos y amarillentos.
Me apartó un mechón de pela de la cara. Casi tuvo que arrastrarlo pues a causa del sudor, la suciedad y mi propia sangre se había quedado adherido a la piel de mi sien. Quise alejarme de su contacto pero las costillas me dolían demasiado y por cometer la estupidez de intentarlo me atravesó una agonía atroz, haciéndome soltar un quejido. Emilio ensanchó su sonrisa, si es que eso era posible.
-Las putitas de tus amigas vinieron a suplicarme por ti y para convencerme me confesaron que eras virgen. Creen que te han salvado...- Una risa casi histérica escupió de sus labios -Pero lo que te espera te destrozará, en todos los sentidos de la palabra. Dejaré que te recuperes durante las próximas semanas, te quiero bonita para la gran noche. -Lo miré a los ojos, el pánico atravesando mi mirada, el odio la suya -Iba a ser el trabajo de Alina pero como la he perdido por tu culpa, me parece razonable que seas tú quien la sustituyas.
-Nunca ha sido tuya- Susurré, mi voz tan ronca y rota como debía estar mi voluntad.
Su mirada se oscureció.
-Vas a ser violada por tantos hombres y de tantas formas distintas que cuando acaben contigo no serás más que una masa de carne y huesos rotos. No importará cuánto supliques ni cuánto llores, te harán pedazos, te reventarán desde dentro... Hasta que no quede nada.
****
Los días pasaban demasiado lento o demasiado rápido. No estaba segura. Me traían comida con cierto regularidad y como había afirmado Emilio, ningún guardia se dignó a tocarme. Realmente querían que me recuperara de mis heridas, me habían dado vendas, esparadrapos y desinfectante para que me las apañara sola. Con el tiempo me di cuenta de que gracias a Dios no tenía ningún hueso roto, sin embargo, cuanto mejor estaba más se acercaba la "gran noche".
El pánico se había asentado en cada partícula de mi cuerpo, cada ruido me hacía creer que me sacarían de ese sótano mugriento para venderme a quién sabe cuantos hombres dispuestos a pagar por violarme. Ni siquiera podía pensar en ella, formar un imaginario en mi cabeza, si lo hacía temía derrumbarme del todo.
Una parte de mí realmente esperaba que Alina no se hubiese olvidado de mí, que hubiera avisado a quien fuera de donde me encontraba. Aunque si no lo había hecho tampoco la culpaba, esta era su oportunidad de vivir, no tenía por qué malgastarla en mí. Esperé de corazón que se encontrara bien y que fuera feliz en lo que le quedase de vida.
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Las Reinas de la Mafia
Teen Fiction•LAS REINAS DE LA MAFIA: Orígenes de un despiadado amor Estas tres chicas contarán su historia, como pasaron de las fiestas y los juegos a las venganzas, el amor y los engaños. Una muerte las unirá de por vida y descubrirán la verdad que les fue arr...
