Tayler
-Ni siquiera sé qué coño hacemos aquí- Espetó Irina, soltando los cubiertos sobre la mesa.
-No llames la atención- La reprendió Alexa.
-Por favor- Bufó esta- Como si no nos estuvieran mirando desde que entramos a la cafetería. ¡Qué digo! Desde hace casi dos semanas.
Y no le faltaba razón. La noticia del secuestro de Kayla se había filtrado entre los más allegados a la cúpula del Círculo Rojo y, por ende, también entre sus hijos. Claro estaba que no todos los alumnos del St. Jons eran hijos de la Mafia pero desde hacía varios días se respiraba un aire tenso, probablemente causado o acentuado por nuestra actitud pero, ¿cómo cojones no iba a estar tenso? Joder, tenso ni siquiera era la palabra.
Estaba tremendamente cabreado. Conmigo, con mi familia, con todo aquel que no se hubiera percatado de su desaparición. Decepcionado por mi propia actitud. Impaciente porque ya habían pasado casi dos semanas y lo único que sabíamos, gracias al arduo e infatigable trabajo de Cristopher en el departamento, era que la llevaron con un proxeneta de mala monta del South Bronx, concretamente en Hunts Point. La única información que le sacamos al muy hijo de puta fue que únicamente contabilizaba a las chicas que le llegaban, no sabía nombre ni procedencia, y cuando ya tenía cierta cantidad las vendía.
Por tanto, Kayla podría haber estado en cualquiera de las once ventas que habían realizado en el último mes. Seguir cada ruta y destinatario estaba siendo una completa odisea, y cada minuto que pasaba era un minuto que Kayla sufría en Dios sabe dónde. Nunca podría perdonármelo, joder. Ni ella ni yo mismo.
-Y estoy harta de no poder hablar con Kaden- Reparé en ella un momento. Tenía el rostro sonrojado, los ojos vidriosos y las manos echas puños. Sí, a Irina iba darle un ataque como no empezara a calmarse.
-¿Has terminado ya?- Y la pregunta que acababa de hacer Alexa no ayudó mucho.
-¿De quejarme sobre que Kayla esté desaparecida y muy probablemente ahora esté en un prostíbulo de mala muerte en alguna puta parte del mundo mientras nosotras tomamos apuntes de biología, dices? No, creo que todavía no.
Alexa la fulminó con la mirada. Estaba sentada enfrente suya y sostenía los cubiertos de la cafetería con tanta fuerza que se le habían puesto blancos los nudillos. Había pocas personas que le pudieran sostener la mirada a Alexa cuando parecía que quería fulminarte en el acto pero resultaba ser que Irina era una de ellas, porque se la sostenía con la misma ferocidad.
-No. ¿Que si has acabado de lloriquear por cosas en las que no tienes ningún poder?
-Al menos parece que me importa más que a ti.
-¿Alguna vez vas a dejar de comportarte como una niñata?
Por la forma en que se le tensaron los músculos y apretó la mandíbula ese comentario sí que le había calado.
-¿Y tú piensas sacarte alguna vez el palo del culo? Ni siquiera sé cómo coño alguien es capaz de soportarte.
-¿A mí? Yo al menos sé hacer algo con mi vida. Yo al menos no me la paso llorándole a mami y papi porque se me ha acabado el dinero para comprarme más ropa.
-¿Y tú qué coño sabrás? Te crees superior pero eres tan zorra como Sophia.
-¡No sabes de lo que hablas! ¿De verdad tienes los cojones de compararme con la...?
-Ya basta, chicas- Interrumpí en tono conciliador pero tajante.
Estaba claro que ambas estaban dolidas y asustadas por su amiga. Yo mismo lo estaba. No ayudaba en nada que se gritaran cosas que realmente no sentían la una por la otra.
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Las Reinas de la Mafia
Fiksi Remaja•LAS REINAS DE LA MAFIA: Orígenes de un despiadado amor Estas tres chicas contarán su historia, como pasaron de las fiestas y los juegos a las venganzas, el amor y los engaños. Una muerte las unirá de por vida y descubrirán la verdad que les fue arr...
