Irina
-Llevas todo el día muy callada- Comentó Alexa sin apartar la vista de su espejo.
-Estoy nerviosa por esta noche.
Y no mentí. Esa noche se celebraría el cumpleaños de Alexa y Luka, un evento repleto de lo más distinguido del país, las personas más pudientes e importantes. Y en lo único en lo que estuve pensando desde que Kaden me dejó en casa de los Blake hasta aquel momento era en los estúpidos mensajes de Allison.
Mi subconsciente no dejaba de pedirme que se lo contara a alguien, que pidiera consejo o apoyo, pero sabía que en el momento en que mencionara una sola palabra sobre esos mensajes desconfiarían de Kaden, lo considerarían un traidor o un infiltrado y no confiaba ni un ápice en la benevolencia que pudieran tener con él. Ni siquiera en la de Alexa.
Tenía que proteger a Kaden. Esa era mi única certeza.
Sin embargo, tenía un presentimiento. Una sensación que me atravesaba el pecho y de la que no conseguía librarme. Iba a pasar algo malo. Estuviera Kaden o no involucrado, iban a atacarnos. Y las imágenes del ataque a la gala a comienzos de año no dejaba de arrebatarme el sueño por las noches y adueñarse de mi pensamiento en momentos como aquellos.
Si no decía nada, aquella noche podría morir alguien. Era una realidad que tenía que afrontar, pues si algo me habían enseñado todos esos meses es que la Mafia no se andaba con tonterías. En la gala murieron más de quince personas, Alexa y Nate habían estado a punto de morir la friolera de dos veces en lo que llevábamos de año y no me cabía la menor duda de que un ataque a un evento como este costaría muchas vidas. Inocentes o no, vidas, al fin y al cabo.
Pero si decía algo, si delataba a Kaden... No quería ni pensar en lo que podrían hacerle. Y además, ni siquiera estaba segura de nada. Tal vez todo fuera un malentendido. Tal vez Allison se estuviera refiriendo a otra cosa, algún chanchullo entre sus familias. No podía ponerlo en riesgo por un tal vez. Pudiese ser cierto o no.
Y aquello era lo que más me aterraba. Que muy hondo, sabía que aunque Kaden fuera a hacer algo así, yo lo protegería. Y no había forma de que sintiese menos asco por mí misma.
-¿Porque tus padres estarán allí?- Se aventuró a preguntar.
Fijé mi vista en el mechón de pelo que me estaba planchando una de las peluqueras. Habíamos pasado todo el día en el Spa, tomando tratamientos de belleza y bebiendo cócteles sin alcohol. Kayla había preferido prepararse por su cuenta, y yo entendía perfectamente lo que costaba estar rodeada de gente y hacer vida normal cuando tus peores pesadillas eran una presencia más en el día a día.
Asentí para no darle más vueltas al tema. Alexa era demasiado suspicaz y no quería que descubriera la verdadera razón de mis nervios.
-Estarán enfadados- Murmuré.
Y eso seguro. Aunque mis padres no me habían llamado en todos esos días ni habían hecho a nadie venir a buscarme a casa de los Blake, sabía que tenían que estar echando fuego por la boca. Muy probablemente, planeando mi próximo castigo. Pero ese era un problema que afrontaría cuando llegase.
-¿Estás emocionada por esta noche?- Le pregunté, intentando quitar sutilmente la atención de mí.
-No, la verdad es que no.- Dijo y me dedicó una pequeña sonrisa.
Estos últimos días la había visto tan distinta... Tenía un brillo en los ojos que la hacía ver más aniñada; más ligera, si es que eso tenía sentido. Por no hablar de la facilidad con la que regalaba sonrisas a todo el que se la acercaba. Era como si se hubiera quitado un peso de encima.
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Las Reinas de la Mafia
Teen Fiction•LAS REINAS DE LA MAFIA: Orígenes de un despiadado amor Estas tres chicas contarán su historia, como pasaron de las fiestas y los juegos a las venganzas, el amor y los engaños. Una muerte las unirá de por vida y descubrirán la verdad que les fue arr...
