Irina
-El Kaden que conoces no siempre ha existido. ¿Crees que Nate es frío y cerrado? ¡Ja! Cuando los conocí Kaden era una versión mucho más oscura de lo que es Nate ahora. Estaba perdido. Su familia lo había torturado tanto, psicológicamente, que todos creían que por dentro debía de estar muerto. A lo mejor fue eso lo que me atrajo de él... A día de hoy sigo sin estar del todo segura.
Desde mi posición en el sofá blanco observé cómo rellanaba su copa de vino tinto mientras divaga sobre su pasado. Las perfectas ondas de su cabello caían grácilmente por su espalda, el traje de dos piezas blanco se ajustaba en las zonas exactas para relucir su menuda figura. Por mucho que quisiera odiarla no podía ignorar su arrebatadora belleza. Cada uno de sus movimientos estaban impregnados de una elegancia natural sin sentido.
Caminó a paso lento hasta sentarse frente a mí, con la pequeña mesa como línea divisoria. Verla me hacía compararnos irremediablemente, ella poseía una presencia que no creía que yo jamás pudiera siquiera fingir. Dobló una pierna sobre la otra, dejando a la vista su tacón blanco de aguja y tamborileó con sus uñas acrílicas, del mismo color que su labial rojo sangre, la copa de vino.
-No recuerdo haberte preguntado por los motivos que te llevaron a enamorarte de mi novio- Dije y esbocé una sonrisilla satisfecha cuando una mueca apareció en su pulcro rostro al oír la última palabra.
Un asfixiante peso en el pecho me decía que se me acababa el tiempo y no pensaba malgastarlo en sus trucos.
-No, ¿pero cómo voy a contarte el final de la historia sin empezar por el principio?- Sonrió maliciosa al tiempo que se llevaba la copa a los labios.
Me limité a rodar los ojos y mirarla expectante. Tras tomarse su pausita dramática, prosiguió:
-Había algo que me atraía de ellos. ¿Sería la pena que arrastraban y ocultaban a base de hostilidad? Solo sé que me resultaban de lo más sexi...
-¿Resultaban?- Pregunté sin poder evitarlo.
No puede ser
Sin embargo, el brillo pícaro de sus ojos me dio la respuesta antes que sus labios.
-Estuve con los dos y déjame decirte, pequeña Irina, que fue exquisito.
-¿Por qué?- Atónita por sus palabras no pude cambiar el tema. Sabía que tenía otras cosas que saber pero esto... -¿Ellos lo sabían?- Asintió.
-Primero fue Nathaniel, las ansias con las que intentaba ocultar su vulnerabilidad eran... adorables. Y después conocí a Kaden y no pude evitarlo, caí entre sus brazos como si ese siempre hubiera sido mi destino. No te confundas, los amaba a los dos hasta que uno se adueñó del todo de mi corazón. Creo que estaban tan destrozados que no les importaba compartir mi amor y así fue durante unos meses.
Me quedé boquiabierta, estupefacta ante el horror de sus palabras.
-¿Amar? Eso no es amor.
-¿Y tú que sabrás? Tu vida ha sido un camino de rosas. Mírate, incluso ahora eres una princesita creyendo que puede tener todo lo que quiera del mundo. El Imperio de tu familia se construyó sobre sangre y una de ellas es de los Drummond.
-¿Drummond? ¿De qué coño hablas?
-Oh, dios. De verdad no lo sabes- Murmuró sorprendida.
-No, no lo sé. Así que respóndeme de una vez.
-Nate y Kaden Jones no existen. Son Drummond y su tío era Seumas Drummond.
-¿Me estás vacilando?- Inquirí ya sin poder contenerme- ¡Deja de decirme nombres y apellidos sin sentido y habla claro, joder!
ESTÁS LEYENDO
Las Reinas de la Mafia
Roman pour Adolescents•LAS REINAS DE LA MAFIA: Orígenes de un despiadado amor Estas tres chicas contarán su historia, como pasaron de las fiestas y los juegos a las venganzas, el amor y los engaños. Una muerte las unirá de por vida y descubrirán la verdad que les fue arr...
