EPILOGO

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4 años después...

Sofía.

Intente calmar el temblor en mis manos. Juguetee con las llaves frente a la puerta, tratando ralentizar los latidos de mi corazón. Esto estaba bien, es correcto. Respiro profundo y observo el anillo en mi dedo anular derecho brillar. Inhalo una última vez antes de empujarme a abrir la puerta de la entrada. Todo estaba tal como lo había dejado esta mañana. Lo único diferente era yo, aunque el cambio era interno. Bueno tal vez eso lo hacía mucho más gigantesco.

Caminé hasta la sala, buscándolo. No estaba allí. Fui a la cocina, tampoco. No sabía para que perdí el tiempo en esos lugares si era consiente exactamente donde lo encontraría. Inhale profundamente, el peso en mi pecho se sentía aplastante.

Aquí estaba.

Con su mano en un puño apretando su mandíbula, el entrecejo arrugado observando los papeles sobre el escritorio, con tanta seriedad que creerías que esconden los secretos del universo. Los lentes de marco negro y grueso sobre esa nariz recta y adusta. Su camisa remangada hasta casi el codo mostrando esos antebrazos fuertes cubiertos con bello oscuro. Nunca se ponía del todo cómodo hasta que yo estaba en casa. Seguiría con su ropa de trabajo incluso hasta la noche si me demoraba más de lo normal en clase y cuando entrara me sonreiría subiría conmigo hasta nuestra habitación, hablaríamos de nuestro día mientras nos desvestíamos, sus ojos hambrientos siempre puestos en mí. Ahora que lo pienso, tal vez por eso no se cambiaba hasta mi llegada, porque estaba segura que lo observaba de la misma manera que él a mí. Nunca me cansaría de mirarlo.

—Después de dos minutos empiezo a cobrar por mirada. —Levant'o el rostro y sonrió, dándome esa sonrisa que solo se reservaba a mí, esa que amaba con locura. Su hoyuelo asomándose como si todo el peso que cargaba se desvaneciera de repente.

—Di tu precio, profesor.

—Ven aquí, profesora. —Palmeó sus piernas mientras corría la silla hacia atrás. No necesitaba repetirlo dos veces. Me lance hacia él envolviéndolo con piernas y brazos como un pequeño mono. Su mano peino mi cabello hacia atrás despejando mi rostro por completo.

—En serio me encanta que me llames así. Y ahora es real. —Levante mi diploma, con cada sello que confirmaba que mi licenciatura en pedagogía era un hecho. Ya había pasado la ceremonia, una en la que él aplaudió, y silbó tan fuerte como podía, incluso más que Maya a quien su prometido no dejaba de taladrar con la mirada por su comportamiento. Fue la fiesta antes de lo serio, ahora tenía todos los papeles que necesitaba para aplicar al trabajo que no supe que era con el que soñaba hasta hace poco. La paga era una miseria, pero si algo me había enseñado Mariano es que mis sueños eran lo más importante. Clara, había influido tanto en mi decisión después de decirme que no sabía leer cuando le mostré los exámenes que necesitaba pasar para tener su título estudiantil. Nos propusimos hacerlo y lo logramos.

—Ahora levántate y vístete. Te tengo una sorpresa.

—Cuando Maya entro por la puerta como si fuera la dueña y me mando a encerrarme en mi cueva, supe que estaban tramando algo.

—¿Y fuiste un niño bueno y no espiaste?

—Por supuesto que me quede aquí encerrado, ni el diablo querría hacer enojar a esa mujer.

—Es muy diferente a lo que era.

—Es cierto, pero sigue teniendo esa mirada de ''Te estoy observando, da un paso en falso y te corto las bolas''

—Bueno, como dicen: Aunque la mona se vista de seda...

—y ¿cómo quieres que me vista?

—Ponte algo bonito, profesor. Algo que sepas que me gustara.

DARK MINDDonde viven las historias. Descúbrelo ahora