Soledad

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Por la mañana...

*Visión de Carol*

No quería volver la vista atrás. No quería que me viese llorar, ni verle a él de aquella manera tan vulnerable. Sabía que seguía ahí, pues no había escuchado la puerta cerrarse de la habitación. Mis pasos cruzaban con lentitud aquel pasillo, haciendo que la distancia entre James y yo aumentase por segundos. Me dolía en lo más profundo de mi ser hacer aquello, pero lo tenía que hacer, era la única solución.

Mi mente procesaba toda la información a gran velocidad. Llevé mis dedos a mis labios, acariciándolos, dónde James había depositado su último beso en mí. No sabía si sería el último. Cerré los ojos y en ellos comenzaron a brotar más lágrimas. En ningún momento eché la vista atrás, pues sabía que si lo hacía volvería a él corriendo. Sentía una especie de atracción magnética a él la cual hacia que cuando me separaba, me matase por dentro.

Haciendo esto quizás di carta blanca a James para finalizar nuestra relación. Puede que él aprovechase esta situación para poder separarse de mí sin ningún tipo de remordimiento, ya que fui yo la que se marchó. Pero, le veía tan hundido y menudo que quise descartar aquella posibilidad.

Me subí al ascensor y pulsé la tecla de la planta baja. Conforme bajaba podía escuchar el jaleo que se formaba todos los días en el hall del hotel. Las puertas se abrieron y salí. Me dirigí hacia la zona recepción, dónde siempre había alguna persona encargada de la seguridad de la banda vigilando el lugar. Suelen hacer turnos, por el día hay uno mientras que por la noche otro. No sé si los he llegado a conocer a todos, pero en este caso sí sabía quién era y su nombre. Me acerqué a él y me vio venir desde que había salido del ascensor.

-¿Ocurre algo, señorita Carol? –preguntó él con amabilidad.

-Me marcho de vuelta a San Francisco, Michael. –dije con notable tristeza en mi voz.

-El señor Hetfield no me avisó de este cambio de planes... -dijo Michael confuso pero sin perder la compostura.

-Lo sé, la decisión la tomé esta mañana. James lo sabe. –respondí.

-De acuerdo... En ese caso espere a que contacte para que la lleven de vuelta. –dijo él mientras se dirigía a recepción.

-¡No, no! No te preocupes Michael, cogeré un taxi hacia la estación de autobús que me lleve a San Francisco. –dije deteniéndole.

-Es mi obligación llevarle a su casa, señorita Carol. –dijo él mirándome de nuevo.

-No hay ningún problema, de verdad Michael. Estaré bien. –contesté tratando de convencerle.

-Está bien... Contacte con el señor Hetfield cuando llegue para saber que todo está bien. –dijo él preocupado.

-Descuida Michael, sé cuidar de mi misma. Llevo haciéndolo años. –contesté con una vaga sonrisa. –Hasta pronto.

-Espero verla de nuevo, señorita Carol. –dijo él.

-Y yo Michael... -dije apenada. –Por cierto, una última cosa.

Saqué de mi macuto lo que la noche anterior había estado escribiendo. No recuerdo bien todas las palabras que expresé en aquel trozo de papel, pero era el momento de tratar que llegase a su destinatario. Rebusqué entre mis pertenencias y en el fondo lo encontré bien doblado. Preferí no abrirlo.

-Toma. –dije acercándole la carta. –Métela en un sobre y trata de hacer que llegue a mi amigo Pablo. Su nombre completo de Pablo Moreno Gutiérrez.

-¿Aquel chico pelirrojo? –preguntó Michael recordando.

-El mismo. Siento no poder darte más información... Tiene su residencia en Valencia. Aquí tienes la dirección. –dije dándole una pequeña nota del sitio donde vive Pablo. –No sé si seguirá allí... No es necesario que pongas remitente.

The Day That Never ComesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora