Ella cubrió su rostro con ambas manos con signo de vergüenza, mientras seguía manteniendo su cuerpo cubierto con las sábanas. Carol fue entonces bajando poco a poco sus manos lentamente para observar a Pablo, el cual la contemplaba desde los pies de la cama con cara de disgusto y ambas manos sobre su cabeza.
Carol intentó abrir la boca para decirle algo, pero Pablo la interrumpió.
-No, no. No tienes nada que explicarme. –dijo Pablo con un tono que Carol jamás había escuchado en él.
Seguidamente se dio media vuelta y a grandes zancadas salió de la habitación en dirección al pasillo de la planta del hotel. Ella rápidamente se cubrió con las sábanas del colchón enredándoselo por todo su cuerpo y fue tras Pablo para intentar darle una explicación.
-¡Pablo! ¡Espera Pablo! –dijo a trompicones Carol.
Él no se giró en ningún momento para mirarla y seguía andando hacia delante sin intención de detenerse. Pero no pudo llegar muy lejos, tan solo a la altura de su propia habitación, pues Carol consiguió alcanzarle cogiéndole del brazo para girarle.
-Por favor, Pablo. Déjame explicarte. –dijo Carol.
-No hace falta ninguna explicación. Está todo muy claro. –dijo alzando la voz mientras señalaba la habitación de Carol.
-Pero quiero que lo comprendas. Esto no ha sucedido por casualidad. –dijo Carol intentando coger la mano de Pablo.
Él esquivó el movimiento y retiró su mano para que no pudiera cogérsela.
-No me toques. ¿Me estás queriendo decir que ya ha pasado anteriormente? –dijo Pablo con un notable enfado en su rostro.
-¡No, no! No quería decir eso, es la primera vez que ocurre, Pablo, de verdad. T iene un motivo por el cual ha ocurrido. –contestó Carol mientras se subía la sábana para cubrirse lo máximo posible.
-¡Espero que sea convincente! –exclamó aún más alto Pablo.
-Por favor, necesito que me escuches: Llevo hablando con James desde que coincidimos aquel día cuando tocaron los chicos de Exodus. Como te conté hablábamos, reíamos y nos contábamos nuestras cosas. Tras irse manteníamos conversaciones telefónicas casi todos los días. De hecho, aquel día que te dije que llamó Helena tan tarde no era Helena, si no él… -contestó Carol.
-¡Entonces me mentiste! –gritó Pablo de manera que pudo oírse en toda la planta.
-Pablo, no sabía cómo ibas a reaccionar. Quería decírtelo este fin de semana mismo. Porque de hecho ibas a verle. Es más, tenía pensado que te encontraras con él ayer en el puesto de cervezas, pues estuvimos esperándote allí. Así te darías cuenta por ti mismo la relación que mantengo con James. Pero no apareciste… -dijo Carol bajando la cabeza. –Pablo, la confianza entre James y yo fue en aumento, comenzó a hacerse notable los sentimientos de ambos. Pero ninguno dijo nada en ningún momento. No hizo falta. Ayer cuando estuvimos juntos me demostró que me quería, que me amaba. Al igual que yo a él. Pablo, estoy enamorada de James, ¿lo entiendes? –dijo Carol acercándose un poco más a Pablo.
Él cruzó sus brazos sobre su pecho y giró la cabeza hacia un lado mientras cerraba sus ojos. Su rostro comenzó a llenarse de furia y miró a Carol con unos ojos llenos de odio.
-¿¡Por qué me mentiste Carol!? ¿Acaso crees que no te comprendería? Soy tu… amigo. –exclamó Pablo mientras le resbalaba una lágrima sobre la mejilla.
Sus ojos comenzaron a ponerse rojos y secó rápidamente su lágrima para que ella no le viera llorar. En aquel momento, ella se dio cuenta de que Pablo estaba realmente dolido por no contarle nada. Por no confiar en él. Jamás le había visto llorar, nunca.
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The Day That Never Comes
FanfictionCorría el año 1988. La monotonía invadía su vida. Los días de Carol, una chica de 17 años de lo más peculiar, pasaban uno tras otro sin diferencia entre ellos. Ella quería emociones, las cuales nunca llegaban. Acontecimientos que no tardarán en lleg...
