La claridad del día despertó a Carol. Entreabrió un poco los ojos y los rayos de sol la deslumbraron un instante. Se tapó con las sábanas hasta quedar sumergida bajo ellas. Se olvidó de poner el despertador para que la despertara aquella mañana. Y también olvidó totalmente de que había quedado con James a mediodía, así que volvió a dormirse sin saber qué hora era.
Carol no supo cuánto tiempo había pasado desde que volvió a dormirse, pero lo que sí sabía es que unos toques en la puerta de su habitación la volvieron a despertar de su sueño. Levantándose con algo de trabajo se dirigió hacia la puerta, con el pelo totalmente alborotado y los ojos aún cerrados.
- ¿Quién eres a estas horas? Por dios… -dijo Carol sin llegar a abrir la puerta.
- ¿Carol? Soy yo, James. Son las 12:30 PM., y como no bajabas pregunté en recepción cuál era el número de tu habitación. Habíamos quedado, ¿lo recuerdas? –preguntó James al otro lado de la puerta.
En ese momento, todo sueño que podría tener Carol desapareció en un instante. Se tapó la boca mientras abría mucho los ojos y se percató de que había olvidado que quedó con James la noche anterior. Y él la estaba esperando.
- ¿Carol? –insistió James.
- ¡Sí, sí! Perdona James, se me hizo un poco tarde, en veinte minutos estoy abajo. –contestó Carol mientras cogía la ropa para vestirse.
- Vale. Te espero abajo. –dijo James.
Tras su respuesta, se oyeron pasos alejarse de la habitación de Carol. Corrió lo más que pudo para estar lista en veinte minutos como le había dicho a James. En cuanto estuvo preparada cogió la chaqueta de James y se marchó en dirección a la puerta principal del hotel. Los chicos aún estarían dormidos, ya que no tenían ningún evento ese día.
Al llegar a las enormes puertas de la entrada principal de hotel las atravesó e intentó buscar en la zona de los aparcamientos a James. Tras unos segundos buscando lo localizó apoyado en su camioneta. Se apresuró en llegar hasta él y casi sin aliento le devolvió la chaqueta.
- ¡Buenos días! Me quedé dormida, lo siento. Toma, tu chaqueta. –dijo Carol.
- Creo que más bien serían “buenas tardes” –dijo mientras miraba el radiante sol de aquel día de Julio. –No te preocupes, no eres la única que se ha quedado dormida alguna vez. –contestó mientras cogía la chaqueta y la dejaba en los asientos de atrás de la camioneta.
Ambos subieron a la camioneta y James emprendió el camino en dirección al estudio. Hacía una calor agobiante y el sol los estaba abrasando. Cuando llegaron, James aparcó lo más cerca que pudo y se dirigieron a la puerta del local, pero ésta estaba cerrada.
- ¡Vaya! Está cerrado, no me acordaba de que hoy era domingo. –dijo Carol mientras ojeaba a través de los cristales.
- Eso no es problema. –contestó James.
Golpeó tres veces con los nudillos a la sonora verja metálica y al cabo de unos segundos apareció tras la cristalera un muchacho. Éste levantó la verja y abrió la puerta.
- Pasa, James. –dijo el joven muchacho. -¡Hola! –saludó dirigiéndose esta vez a Carol.
James le hizo un gesto a Carol para que ella pasara primero. Tras ella entró James. Al entrar en la sala a Carol le encantó la estética del lugar. Había diseños de tatuajes colgados por toda la pared cubriéndola casi por completo. La voz del muchacho la sacó de sus pensamientos.
- Lo querías en la nariz, ¿no, James? –preguntó el chico mientras sacaba unos utensilios.
- Sí, Max. –contestó James.
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The Day That Never Comes
FanficCorría el año 1988. La monotonía invadía su vida. Los días de Carol, una chica de 17 años de lo más peculiar, pasaban uno tras otro sin diferencia entre ellos. Ella quería emociones, las cuales nunca llegaban. Acontecimientos que no tardarán en lleg...
