Regreso a casa

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-¿Cómo…? –dijo ella totalmente confusa.

-Carol, trabajar de fotógrafa igual que lo haces con Exodus pero con nosotros, con Metallica. -contestó James acercándose a ella para que le entendiese bien.

-Pero… Entonces tendré que dejar a… -dijo Carol, pero fue interrumpida por James.

-Sí. Tendrás que dejar de trabajar para los chicos de Exodus. Considero prácticamente imposible que trabajes para ambos. –dijo él mientras pasaba su dedo por su bigote.

-James… no sé cómo se lo tomarán. –dijo ella preocupada.

-No te preocupes por eso, Carol. Están al corriente de todo. –contestó James.

-¿De todo? ¿Qué es de todo? –preguntó ella frunciendo el ceño.

-De lo nuestro, Carol. Ósea, de lo que tenemos… -dijo él con evidente nerviosismo.

 A Carol le resultó realmente gracioso la manera de contestar la pregunta que ella le había hecho. Mostraba algo de nerviosismo, como si de un adolescente se tratase que acaba de empezar algo con una chica. Debido a su reacción, por un momento olvidó aquel muchacho serio de veinticinco años que era ya prácticamente un hombre. Pensó por primera vez en la diferencia de edad que había entre ambos con respecto a mantener una relación. Había pensado con anterioridad que él tenía siete años más que ella, pero nunca consideró aquella diferencia de edad en torno a mantener una relación que fuese algo más que de amistad.

Se hizo una ligera idea de lo que los demás pensarían o dirían de aquello. Obviamente sabía cómo pensaba Pablo respecto a eso. Pero no sabía cuál podría ser el motivo: la edad, el estilo de vida que James lleva, la distancia que nos separa, el tiempo que llevaba Carol conociéndole… Podía ser cualquiera de ellas, de las cuales Pablo no eligió ninguna para explicar el porqué de su enfado o desaprobación de la relación que James y Carol llegarían a tener.

 -¿Se lo has contado? –preguntó ella sorprendida.

-Claro, Carol. Tengo contacto con ellos casi a diario. Sobre todo con Steve. Creo que acabó harto de mí respecto a ese tema. –dijo James agachando la cabeza y tapándose la cara.

Carol pudo detectar escondida entre sus manos aquella sonrisa que le hacía perder los estribos. Su mente volaba a otro lugar del cual no quería regresar. Cada vez que a James se le escapaban ese tipo de sonrisas el mundo dejaba de existir para ella. Al verle, ella no pudo evitar sonreír también.

-¿Qué le contabas para que acabar harto de ti, James? –preguntó ella con una leve sonrisa.

Carol intuía la respuesta. Podía imaginarse las cosas que James y Steve hablarían sobre ella, su relación con James y los sentimientos de él.

-No hagas que me sonroje, Carol. –dijo él algo ruborizado desviando su mirada mientras sonreía.

Ella le entendió. James en algunos aspectos era muy vergonzoso y le costaba hablar. Por lo que decidió no presionarle.

-Bueno, está bien. –dijo ella sonriendo.

Se sentía satisfecha por poner nervioso a James aunque fuese durante unos momentos al menos, y no al revés como siempre solía ocurrir. Raramente él perdía el control de las situaciones, pero aquella vez fue ella la que tenía las riendas.

-A todo esto, ¿de qué estábamos hablando? –preguntó él algo desorientado y con una tímida sonrisa.

-De mi posible futuro trabajo. –dijo ella cruzando sus manos. –Creo que no tengo mucho más que pensar entonces.

The Day That Never ComesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora