San Francisco: Desde cero

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La suavidad del vuelo sin turbulencias ni nada que impidiera a Carol relajarse hizo que se quedara dormida en su asiento, con su cabeza apoyada sobre la palma de la mano mientras miraba por la ventana. Iba a ser un trayecto largo y le convenía descansar un poco.

Últimamente Carol estaba teniendo demasiadas pesadillas. La mayoría estaban relacionadas con Pablo, y en ocasiones James también aparecía en ellas. En ellas se veía a ella misma discutiendo con Pablo, pero se percataba de esto por la expresión de su amigo, ya que no era capaz de recordar por qué discutían. Pablo parecía estar enfadado mientras le gritaba. En ocasiones el sueño terminaba interviniendo James en la discusión y comenzando a pelear con Pablo. Ella veía como se pegaban el uno al otro revolviéndose por el suelo mientras Carol gritaba que pararan.

En otras ocasiones Carol se encontraba en un largo pasillo. El suelo estaba cubierto por una moqueta color burdeos y las paredes estaban pintadas de color crema. Siempre soñaba con el mismo pasillo, al final del cual se encontraba una puerta marrón. No había más puertas, solo esa. Ella recorría lentamente el largo pasillo sumida en un silencio absoluto, tanto solo escuchaba sus propias pisadas. No había ventanas, por lo que no sabía identificar dónde se encontraba aquel pasillo ni si era de noche o de día. Cuando alcanzaba la puerta ella estiraba la mano con intención de abrirla. Pero entonces una voz, que no sabía su origen, le susurraba al oído “NO”. Había algo que le decía que no abriese la puerta, una voz la cual le resultaba familiar pero no era capaz de averiguar de quién era. Ella siempre omitía aquello y abría la puerta.

A pesar de soñar siempre lo mismo, ella siempre hacía lo mismo: recorría el largo pasillo, alcanzaba la puerta y a pesar de que esa voz misteriosa le decía que no lo hiciera ella lo hacía. Al abrirla también se encontraba siempre la misma situación. Desde el umbral de la puerta, Carol veía a James y a otra chica. Tan solo había una cama en aquella habitación totalmente vacía, y James y la chica se encontraban sobre ella. Siempre soñaba con la misma situación, veía a James haciéndolo con otra chica que no era ella. Entonces recordaba las palabras que James le decía: “Eres la única mujer que hay en mi mundo”. Se sentía profundamente engañada y decepcionada. Tras eso, una mano se posaba sobre su hombro, ella se giraba y veía a Pablo tras ella diciéndole “te lo dije, Carol”. La pesadilla concluía ahí. La escena desaparecía y se veía rodeada de oscuridad, entonces ella despertaba muy agitada.

-¡NO, JAMES! –exclamó ella incorporándose sobre el asiento del jet mientras le caían gotas de sudor sobre su frente.

-Carol, Carol. ¿Qué pasa? Estoy aquí. –dijo él ante el despertar tan inesperado de Carol.

-Una pesadilla… Estaba teniendo una pesadilla. –contestó ella mientras una lágrima se resbalaba por su mejilla.

-Tranquila Carol, es solo eso, una pesadilla. –contestó James intentándola calmar. -¿Qué era lo que soñabas?

Entonces ella, aún con la respiración agitada, miraba a James. Él esperaba una respuesta por su parte, pero Carol no quería contarle lo que casi cada noche al dormir acechaba sus pensamientos.

-No lo recuerdo. –dijo ella evitando contarle la verdad.

Él la abrazó contra su pecho mientras acariciaba su mejilla y limpiaba la lágrima que le resbalaba por ella.

-Queda una media hora para que lleguemos. –dijo James.

Carol miró por la ventana y vio que estaba atardeciendo. Visualizaba parte de la costa y muchísimos edificios. Decidió quedarse despierta hasta que llegaran para así evitar tener otra vez aquella dichosa pesadilla. Ella una vez que se tranquilizó un poco vio que James tenía un libro sobre sus piernas.

-¿Qué lees? –dijo acercando su mano al libro con intención de cogerlo.

-Azathoth, de H.P. Lovecraft. –dijo él desabrochándose el cinturón del asiento.

The Day That Never ComesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora