A tan solo dos metros

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- Chicos, por favor, llevamos aquí tres horas para el reportaje. ¿Es necesario?

- Carol, desenfoca el bombo de la batería y hazme la foto desde abajo. –dijo Tom mientras cogía sus baquetas y se sentaba en la banqueta.

Carol estaba desesperada. Los chicos eran muy exigentes con los reportajes. Si cualquier detalle no les cuadraba, por minúsculo que fuera, hacían a Carol repetir las fotos.

Habían pasado algunas semanas desde que firmó el contrato. Ya había ido a algunos conciertos, el ser fotógrafa de un grupo como Exodus tenía sus ventajas en inconvenientes. Durante los shows se encontraba en una tensión constante, no podía disfrutar del concierto como si formara parte del público. No quería fallar e intentaba hacerlo lo mejor posible para dar a los chicos lo que ellos buscaban en ella. Pero no todo era malo. Ellos se portaban realmente bien con ella, le reconocían lo que hacía bien, le decían dónde mejorar, la invitaban a todo lo que ella quisiese, no tenía gastos en nada, ya que el transporte era gratis fueran donde fuera, tanto dentro de España como si no. Pero lo mejor era que le presentaban a gente importante con la que podía establecer contacto para futuros proyectos.

Pero había un problema que no estaba relacionado con los chicos de la banda, si no con su amigo Pablo. Empezaron a verse cada vez menos debido a las horas que Carol dedicaba a su nuevo trabajo, cuando no estaba en algún concierto estaba haciéndoles reportajes o en fiestas privadas.

Carol, en uno de sus días tan ajetreados, a pesar de ser verano, llamó a Pablo por teléfono:

- Pablo, tengo esta tarde libre, ¿vienes a casa y nos vemos? –preguntó Carol.

- Vale, voy para allá. –contestó Pablo.

En menos de veinte minutos Pablo se plantó en casa de Carol.

- No te lo vas a creer Pablo. La semana pasada los chicos dieron un concierto en Barcelona y compartían escenario con… ¡Adivina! –exclamó Carol entusiasmada.

Pablo, sin prestar mucha atención a lo que le decía Carol, tomó otro sorbo de su cerveza.

- ¿Eh? ¿Qué decías? –preguntó Pablo.

Carol se percató de esto, y notó que a Pablo le pasaba algo. Aunque podía predecir el qué.

- Pablo, conocí a los chicos de Anthrax, me invitaron a algunas cervezas y estuvimos charlando. –contestó Carol mientras buscaba su cámara de fotos para mostrarle a Pablo las fotos de aquella noche.

Ante esto, Pablo casi se atraganta con la cerveza. Cogió la cámara de Carol y empezó a ver las fotos una por una.

- Dios, no sabes la suerte que tienes. Uno de mis muchos sueños es conocer a Scott Ian. Debe de ser un tío genial. –dijo Pablo con ilusión.

- No te imaginas cuánto, Pablo. Fue muy amable y atento conmigo. Me comentó que jamás habían visto a una fotógrafa tan joven y con tanto talento. –dijo Carol sonriendo.

- Y es que lleva razón. Por cierto, ¿cuándo tienes el próximo concierto? –preguntó Pablo.

- El sábado por la noche, en el estadio de olímpico de Madrid. Los chicos aún no saben si compartirán escenario con algún otro grupo. Pablo, he conocido a muchísima gente, pero no veo el día en que conozca a Metallica. No creo que la banda tenga la talla de ellos como para coincidir. –dijo Carol algo cabizbaja.

Pablo, ante la desilusión de su amiga, intentó plantearle otro punto de vista.

- Carol, no seas tan negativa. Exodus se mueve en el mismo género de Metallica. Algún día los podrás ver y conocer. Te invitarán a cerveza. Y a vodka. –dijo Pablo guiñándole un ojo. –Pero eso sí, el día que eso pase tienes que llevarme contigo. Tenemos que disfrutar del momento juntos.

- No lo dudes. –contestó mientras hacían chin-chin con sus botellines de cerveza.

Carol se llevaba hasta alta horas de la madrugada en el estudio de fotografía. Estaba hasta arriba de trabajo. Aún no había salido de gira, los chicos estaban preparando el próximo álbum, Fabulous Disaster, y la cosa pintaba muy bien. Mientras tanto, disfrutaba de los conciertos que daba Exodus y las fiestas que seguían a estos.

 El sábado temprano cargaron todo lo necesario para trasladarse hacia Madrid. Al llegar al estadio Carol comenzó a examinar todo con detalle para intentar captar los mejores planos para las fotos que tomaría esa noche. Al llegar la noche, como siempre, se colocó en su sitio para trabajar. La banda comenzó el concierto. Durante casi dos horas estuvo haciendo fotos a los chicos. Al terminar se dirigió al backstage con ellos, dándose la enhorabuena por el espectáculo que habían ofrecido. Impecable. Al entrar a los bastidores se sentó con ellos y empezaron a hablar.

- Genial chicos, todo perfecto. –dijo Carol con estusiasmo. - ¿Nos vamos a celebrarlo tomándonos unas cervezas?

- No tan ligera, pequeña. Tenemos que esperar a que ellos actúen y nos vamos juntos a celebrarlo. –dijo Steve mientras se secaba el sudor con una toalla y señalaba a un grupo de personas que se acercaba.

En la oscuridad de los bastidores no se podía ver más allá de tres metros a lo lejos. Pero el grupo en cuestión cargaban instrumentos sobre ellos y discutían unos con otros muy acaloradamente. El acento característico de uno de ellos le llamó mucho la atención a Carol y le resultaba bastante familiar. Pequeñas sombras, la mayoría de ellas más altas que ellas, se iban aproximando. Carol intentó afinar la vista pero no conseguía distinguir a nadie.

Cuando el grupo en cuestión alcanzó el umbral de la entrada para entrar al escenario, la cual iluminaba a todo aquello que pasase por delante, hizo que Carol sintiera un escalofrío recorrer cada vértebra de su columna vertebral. Comenzó a temblarle el pulso y a sudar en exceso. Un James Hetfield discutía muy acaloradamente con el pequeño danés, Lars Ulrich.

- ¡Si digo no, es no! ¿¡Qué es lo que no entiendes!? –gritó James.

- James, joder, díselo al técnico y que lo solucione. –replicó Lars a James mientras agitaba los brazos.

Para frenar un poco la discusión Steve intervino.

- ¡Eh! Tranquilos chicos, no hay nada que no se pueda solucionar con una buena cerveza. –dijo mientras ofrecía dos vasos de plástico rebosando de cerveza a James y Lars.

- Sí, dame uno, lo necesito. Lo necesito para soportar a este capullo. Hay veces que llega a ser insoportable. –replicó James mirando con desdén a Lars.

Ante este comentario Lars le hizo una carantoña a James.

- Emmm… Chicos, hay que salir ya, llevamos quince minutos de retraso. –comentó una dulce voz tras James y Lars. Se trataba del bajista de Metallica: Jason Newsted.

Lars, que en ese momento tenía el vaso de cerveza en la mano, cogió un buche y se lo escupió a Jason en la cara. El guitarrista líder, Kirk Hammett, rio la gracia al pequeño batería.

- No tengas tanta prisa.  –dijo Lars tras Kirk reírse.

- Nos vemos cuando terminéis, tíos. Suerte. –dijo Steve a sus compañeros de escenario.

Tras esta breve conversación los cuatro chicos salieron al escenario. James alzó su vaso de cerveza mientras se dirigía al centro del escenario. El público comenzó a gritar. Lars se subió a su batería, mientras Kirk y Jason tomaron sus posiciones para empezar el concierto.

Carol, confusa por la situación, no se creía lo que acaba de presenciar. Acaba de ver dos metros de distancia de ella a James, Lars, Kirk y Jason. Cuatro hombres que habían cambiado su forma de ver la vida.

La banda empezó el concierto, y Carol se colocó tras el umbral de la puerta observando todo detalle que sucedía sobre ese escenario. En ese momento pensó en Pablo, quien seguro se habría quedado igual de pasmado que ella. Ella y su amigo habían tomado a Metallica como un ejemplo a seguir. Eran sus mentores y les tenían un gran aprecio. Pero había algo que diferenciaba el amor de Carol y Pablo hacia el grupo. Carol sentía una debilidad especial por uno de ellos: James Hetfield. Desde el primer día que escuchó la voz de ese hombre la conquistó por completo. Su manera de cantar y su puesta en escena le parecía distinta a la del resto de la banda. Esos ojos celestes como el mar calaban en lo más profundo de su alma. Sentía por él algo más que amor por su música.

The Day That Never ComesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora