En mis horas más oscuras

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*Punto de vista de Pablo*

Solo veía luces de colores a mí alrededor. Supuse que eran los semáforos, pero no era capaz de identificarlos con claridad. Dave me hablaba, pero tampoco era capaz de ordenar sus palabras en mi mente, yo tan solo asentía. Todo me daba vueltas, pero sentía un estado de euforia increíble. Notaba como si mi alma quisiese salirse de mi cuerpo.

De repente tuve una arcada. Me quedé pálido al sentir aquella sensación. Al instante tapé mi boca con ambas manos. Dave interpretó perfectamente mi reacción.

-¡No, Pablo! ¡Aquí no! ¡No potes, me vas a estropear la tapicería! ¡Pablo! –exclamó mientras buscaba un sitio donde parar para que yo vomitase.

No lo pude controlar. A Dave no le dio tiempo a parar en ningún sitio cuando expulsé por mi boca todo contenido que almacenaba mi estómago a mis pies. Dave en aquel momento dio un frenazo en medio de la carretera y debido a la velocidad a la que iba me di un golpe con la guantera del coche, ya que tenía la cabeza agachada mientras vomitaba.

-Lo sien... -intenté decir.

No pude terminar de hablar cuando me vino otra arcada y volví a vomitar. Lo único que podía pensar era "Tierra, trágame".

-Joder... mi tapicería. –dijo Dave con pena en su voz.

Él apoyó su cabeza sobre el volante, cerró los ojos y suspiró. No le duró mucho aquella posición, pues a los pocos segundos el claxon del coche de atrás nos comenzó a pitar. Dave dio un respingo y enseguida metió primera e inició la marcha de nuevo.

Solo me dio lugar a vomitar una vez más. Intentaba evitarlo, pero me era imposible. Necesitaba echar aquello. Comencé a zarandear el hombro de Dave para que parase y poder vomitar fuera.

-Ya da igual. Qué más da que vomites otra vez, lo has puesto todo hecho mierda. –dijo mientras apoyaba su codo izquierdo en la ventanilla y su mano en su frente.

-Joder, mis zapatillas Nike... -contesté apenado mientras miraba mis pies.

-Y yo mi coche. –dijo él mirando el reloj. –Vamos tarde.

-Necesito algo de beber. –dije mientras chasqueaba mi lengua contra el paladar.

-¿¡Qué!? ¿Más alcohol? ¿Para que vomites otra vez? Ni de coña. –contestó Dave girando hacia la izquierda.

-No, idiota. Agua, necesito agua. Tengo la boca seca y muy mal sabor. –dije con cara de asco.

-Perfecto para darle un besito a Mary. –dijo riendo Dave.

Le miré con cara de "¿Eres tonto?", pero él seguía riendo.

-Mañana me limpias el coche. –dijo tras terminar de reírse.

-¿Me vas a hacer limpiar con la resaca? –contesté quejándome.

-Si no hubieras potado en MI coche no tendrías que limpiarlo. –respondió haciendo énfasis en la palabra "mi". –Dios, baja la ventanilla, a ver si al menos se va el olor.

Hice lo que me pidió y con un poco de trabajo conseguí bajarla, ya que se quedaba a veces atascada. Si el coche de Dave estaba en las últimas con lo que yo acababa de hacer lo había terminado de joder.

-Te sale más barato comprarte uno nuevo, creo. –dije.

-Cómpramelo tú, listo. –contestó mirándome de mala gana.

-Joder, Dave. Ganas el cuádruple de dinero que yo. Eres famoso, todo el mundo te conoce, ¿y no tienes dinero para comprarte un coche? –dije confuso.

The Day That Never ComesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora