*Visión de Pablo*
Detrás de aquella máscara había una persona. O al menos así era antes. Se ve que le afectó bastante e incluso aún le sigue doliendo. Aquella chica caló hondo en el corazón de Dave, tanto que desde ella marcharse él se negó a continuar siendo la persona que ella había hecho que Dave fuese. Una persona con sentimientos en su interior. Ya no quedaba rastro de ese Dave.
-Debo irme, Pablo. Esta noche vendré a recogerte para hacer la entrega. -dijo Dave levantándose del sofá serio.
-Vale. Hasta entonces, Dave. -dije.
Le acompañé a la puerta para que se marchase. Le observé como bajaba las escaleras pensativo, en su mundo. Cuando llegó abajó divisé su coche, se montó en él y se marchó.
Unas horas más tarde...
-¡Pablo! ¿Me escuchas? Abre, soy yo. -dijo una voz femenina tras la puerta del apartamento.
John, Oliver y yo estábamos tocando, por lo que no escuché que Mary estuviese llamando a la puerta. En un momento en el que paramos para discutir sobre un tema que habíamos compuesto, pude oírla aporrear la puerta y fundir el timbre del apartamento.
-¡Ayudadme a recoger todo esto! Viene con su padre. ¡Rápido! -exclamé no muy alto a John y Oliver.
-¿Recoger ahora? Qué pereza. Vamos Pablo, ni que fuese tu suegro, tranquilo. -contestó John riéndose.
-¿Quieres dejar de quejarte y ayudarme? Oliver tú también, por favor. -dije en tono de súplica.
No quería que su padre viese todo este desorden. Había botellines de cerveza y latas vacías por todo el salón, ropa esparcida por todas partes y bolsas de patatas fritas repartidas por todo el suelo. No considero a Mary mi novia, pero tampoco quería caerle mal a su padre y que me viese con malos ojos.
Cuando el salón estuvo medianamente ordenado fui a abrir la puerta. Estaba un poco nervioso. ¿Y si le caigo mal y le prohíbe verse conmigo? Me miré un instante en el espejo de la entrada del apartamento y peiné mi melena rápidamente. ¿Y si no le hace gracia que tenga el pelo largo? Me miré la ropa un instante: estaba más o menos decente. Otro golpe en la puerta me hizo dar un respingo.
-¿Pablo? ¿Estás ahí? -preguntó Mary.
-¡Sí, sí! Ya te abro. -contesté algo nervioso.
Alcé la mano y abrí la puerta.
Ahí estaba ella, con una sonrisa en su rostro, una sonrisa encantadora. Cada vez que me mira así no puedo evitar yo también sonreír como un tonto. Desperté de mis pensamientos y tras ella estaba su padre. Era bastante más alto que yo, y eso que yo era alto. Tenía el pelo muy oscuro, como su hija. Llevaba puestas unas gafas de sol oscuras, impidiendo que se viesen sus ojos. Movía su boca a ambos lados, ya que estaba masticando un chicle. La expresión de su rostro era completamente relajada. Pude ver que compartía muchas facciones físicas con su hija.
Sé que me estaba mirando a pesar de que sus gafas ocultaban sus ojos. Me quedé mudo sin saber qué decir. Él alzó un poco la vista para ver por encima de las gafas de sol y mientras seguía masticando el chicle me miró de arriba abajo muy serio.
No podía negar que estaba cagado de miedo en aquel momento. La verdad es que el padre de Mary intimidaba con tan solo su presencia. Tragué saliva. ¿Qué estaría pensando de mí?
Dejó de mirarme y se quitó las gafas de sol. Pude ver entonces sus ojos. Eran exactamente iguales que los de Mary. Ella era la viva imagen de su padre.
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The Day That Never Comes
FanfictionCorría el año 1988. La monotonía invadía su vida. Los días de Carol, una chica de 17 años de lo más peculiar, pasaban uno tras otro sin diferencia entre ellos. Ella quería emociones, las cuales nunca llegaban. Acontecimientos que no tardarán en lleg...
