CUARENTA Y CINCO

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No han compartido ni una sola palabra más entre ellas. A Gisele le ha quedado claro que a la chica no le apatece hablar. Tal vez tenga un mal día, o tal vez es que no quiere hablar con ella, simplemente. En ninguno de los dos casos tiene la culpa. No está allí para hacer amigas.

El partido termina y el equipo de Louis gana por tres goles a dos. La gente de las gradas aplaude y en seguida el campo empieza a vaciarse. Las chicas se ponen en pie, una independientemente de la otra y se van acercando al vestuario para esperar a los chicos. Allí algunos ya empiezan a salir cambiados de ropa. Muchos se quedan mirando a Gisele sin disimulo, pero ella los ignora.

Laia por su parte está incómoda, deseando que salgan esos dos de una vez. Y, como si Isaac escuchara sus plegarias, sale corriendo hasta ellas con una camiseta en la mano. Sonríe travieso. Las chicas lo miran sin saber qué pasa.

—¡Ey, no seas capullo! —exclama Louis saliendo por la puerta, sin camiseta—. Dame eso.

—Aquí la tienes —señala Isaac, dejando la camiseta en alto.

Louis se acerca sabiendo que su amigo saldrá corriendo de un momento a otro.

—Te conozco. No será tan fácil.

El castaño casi lo alcanza cuando, como lo imaginaba, su amigo se echa a correr con la camiseta. Mientras, las dos chicas observan la escena, divertidas.

—Vamos, rubito... ¿cuántos años tienes? —Se ríe Louis y le sigue, pero sin correr.

Isaac sonríe, se pasa una mano por el pelo, colocándose el tupé improvisado y agita la camiseta ya pisando el césped.

—Verás cuando te alcance.

—Eso no pasará. Soy más alto que tú y tengo la piernas más largas, por lo que corro más que tú.

—¿Qué te fumaste antes de venir? —Louis aprovecha la pequeña charla para correr detrás de él.

—¡¡Ey!! —grita Gisele—. ¿Vais a estar jugando todo el día?

Los chicos se alejan más atravesando el campo.

—¿Qué hace ella aquí? —pregunta Isaac manteniendo la distancia.

—Dame la camiseta.

—Está buena.

—¿Mejor que Andrea? —Louis arquea una ceja. ¿Es que ya ha dejado de gustarle?

Él corre, cogiéndolo por sorpresa, y le arrebata la camiseta.

—Eres un tramposo —protesta el rubio.

—Y tú un capullo.

—¿Cómo vas con Laia?

—¿Y tú con Andrea?

—Deja ya a Andrea. Lo he superado.

—¿En serio? —Louis suelta una carcajada. Se pone la camiseta y caminan hasta las chicas, que los esperan de brazos cruzados, impacientes.

—Qué suerte tienes.

—¿Yo? —pregunta Louis.

Isaac señala a las chicas con un gesto de cabeza.

—Las dos están ahí por ti.

Al chico le hace gracia.

—Ojalá fuese cierto de una de las dos.

—¿Cual? La morena, ¿verdad?

Louis le lanza una mirada entornando los ojos. Isaac ríe.

—Era broma, Louis. Sé que la tuya es la otra.

¿Y si te digo que te quiero? Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora