Apoyada en el cristal de la ventanilla, cierra los ojos con fuerza y coge aire por la nariz lentamente. No lo vio más, como si hubiese desaparecido tras la conversación en la pista de baile. Posiblemente se haya ido, como está haciendo ella en ese momento. Se siente mal por Andrea. Era su fiesta, su día, y ha terminado volviendo a casa antes de tiempo sin ni siquiera despedirse de ella. Intentó localizarla antes de salir con su hermano, pero no la encontró. Dejó a Ari prácticamente sola, así que no tardará en regresar a casa también. Teme lo que pudo haber pasado durante la presencia de Zack, pero su cabeza ya no puede más. No quiere saber nada de nadie. Solo le apetece llegar a casa y tumbarse sobre la cama a esperar a que el sueño se apodere de ella. Hasta que llegue el día siguiente y la realidad y los problemas le golpeen de nuevo.
-Yo creo que has hecho lo mejor -habla Sam de pronto rellenando el silencio sepulcral dentro del coche. Laia le ha contado lo que le ha pasado a grandes rasgos, sin dar demasiados detalles innecesarios-. Si necesitas tiempo, él debería entenderlo.
Sam habla con cautela, reflexionado mucho sobre sus palabras, sin decir tonterías como de costumbre. Sabe que no es momento para hacerlo, y le está costando comentar y aconsejarle sobre la situación. Ha sido una noche poco común para él también. Asistir a una fiesta de cumpleaños con adolescentes menores de edad, en su mayoría, bailar con la amiga de su hermana... Y algo que aún no termina de comprender: aquel chico tatuado que lo miró de forma amenazadora desde el escenario. Ahora sabe, gracias a Laia, que se trataba del ex de Andrea, pero esa información no resuelve del todo sus dudas. Qué hacía allí, por ejemplo. Nada bueno, quedó claro para todo el mundo.
-No necesito tiempo, Sam -contesta Laia sin apartar la vista del cristal. Fuera, las calles están oscuras y solitarias, como si el coche de su hermano fuese el único que circulara por la vía.
El chico frunce el ceño mirando al frente ante la respuesta. Con las manos sobre el volante, se toma unos segundos para mirarla, confuso.
-¿Y entonces? -le pregunta volviendo la vista a la carretera.
-No necesito tiempo -repite ella-, lo que necesito es saber al cien por cien que saldrá bien.
Ambos se quedan en silencio, mientras que la distancia hasta casa disminuye.
-Todos queremos una bola de cristal que nos enseñe con antelación lo que nos puede ocurrir si tomamos una decisión y no otra, pero tú crees que si de verdad fuese posible, ¿querrías saberlo?
Ella no necesita pensarlo, está claro que la respuesta es afirmativa.
-A veces no es tan importante el final, sino el camino recorrido -continúa Sam-. No puedes saber cuándo acabará ni cómo, pero ¿qué me dices de vuestro camino? ¿Valdrá la pena?
La chica suspira. No es justo. No es justo que su hermano le esté diciendo esas cosas. Afortunadamente, pronto el coche entra en el jardín y Sam para el motor. Los dos bajan y se dirigen a la puerta, pero el chico no se ha olvidado de que su hermana le debe una respuesta.
-Sabes que sí valdrá la pena -se toma la libertad de contestar por ella. Ve su cara desganada, sus ojos cansados y ligeramente llorosos... Su poco ánimo en general, y la abraza durante unos segundos.
-¿Desde cuándo eres tan cariñoso? -pregunta Laia aceptando el abrazo. Le hacía falta.
-Desde que estuve unos cuantos años en la universidad echando de menos molestar a mi hermana.
La chica sonríe y se aparta de los brazos de Sam.
-Buenas noches, Samuel -pronuncia su nombre aposta para fastidiarlo un poco y entra en casa.
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¿Y si te digo que te quiero?
Fiksi Penggemar• ¿Qué se puede pedir cuando siempre te han dado prácticamente todo? Pues cariño, tal vez. • Unos padres con recursos han hecho que Laia no tenga que preocuparse por nada en la vida. Parecen la familia perfecta, pero ni se acercan. Creen que se lo h...
