Capítulo 37

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No he podido dormir pensando en que Harry durmió en la otra habitación. Él mismo quiso dormir allá. Sé que Harry no debería estar aquí, pero si a mí no me importa entonces la opinión de los demás me vale muy poco. Ya debería estar lista para irme a la universidad, pero realmente no tengo ganas de salir de esta casa si él está aquí.

Tocan la puerta sacándome de mis pensamientos. ¿Desde cuándo toca la puerta?

― ¿Estás bien, Harry? ―le pregunto en voz alta y él entra―. ¿Te pasa algo? ¿Por qué tocaste?

― No lo sé. ―musita cerrando la puerta a sus espaldas―. Buenos días, ¿No piensas ir a la universidad?

― Buenos días, y no tengo clases los martes. ―farfullo.

― ¿A qué hora irás a trabajar? ―pregunta y miro hacia la pared.

Me estado haciendo esa pregunta. No quiero que llegue la hora de ir a trabajar. No quiero, no quiero ir. Tengo miedo de que él me vuelva a golpear y sé que será peor.

― Yo... no... ―cierro la boca.

― ¿Pasa algo? ―dice sentándose en el borde de la cama. No lo quiero mirar en este instante porque corro el riesgo que él sepa todo.

― Tengo problemas con el esposo de mi madre. ―Joder.

― ¿Qué pasa con él?

― Él... ―trago y sacudo la cabeza.

― Dime.

― Es... ―no puedo hablar. No puedo decirle nada, ¿Cómo se me ocurre tan sólo empezar la oración?

― ¿Grace? ―Harry me saca nuevamente de mis cavilaciones. Tiene una camiseta gris y jeans oscuros.

― Es un estúpido, siempre quiere verme trabajando y no le gusta verme perder el tiempo conversando con Nick. ―miento rápidamente y miro como se forma una sonrisa en su rostro.

Harry sospecha que alguien me está haciendo daño. Pero, si es así ¿Por qué no me ha preguntado nada?

― Eres una tonta, ven aquí. ―me dice y me abraza.

― No quiero ir más. ―musito y él se aparta para verme―. No quiero ir más a ese edificio, Harry.

Él frunce el ceño y yo respiro hondo.

― Pero, si no voy mi madre vendrá aquí a pedirme una explicación y mi padre también vendrá. ―le explico―. Nunca quise venir, creo que tomé la decisión incorrecta al venir aquí, no pensé en mí... sólo pensé en la felicidad de mi padre y no me di cuenta que no soy un automóvil el cual ellos pueden manejar a su antojo.

Él sólo me mira y algunas lágrimas se asoman en mis ojos.

― No quise defraudar a mi padre, lo amo mucho. ―le digo sin mirarlo―. Pero, tienes algo de culpa en esto, ¿Sabes?

― ¿Qué? ―espeta confundido.

― Porque no me dijiste que me amabas.

― ¿Por qué crees que vine? ―habla―. Siempre tenías razón, soy un imbécil. ―dice―. No debí dejar que viajaras lejos de mí.

― Quizás si me lo hubieses dicho yo no me hubiese venido aquí.

― Debí decirle a Antonio todo. ―dice―. Sin importarme tu opinión. Ni siquiera me importaba la opinión de mi madre. Te dije que no me importaba la sociedad, pero... tú si me importas. ―frunzo el ceño―. Me importaba tu opinión. ―afirma―. Me importa aún.

― En realidad eres un imbécil. ―digo asintiendo―. Debiste decirme eso antes.

― ¿Me dijiste imbécil? ―pregunta con incredulidad.

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