Sigo a Nick con los brazos cruzados hacia todos lados. Quiere ver cada centímetro de la casa y eso me aburre.
― Nick por favor.
― Esos sofás son la sensación, ni hablar de la biblioteca.
― Ya dijiste eso.
― Y dime, ¿A quién voy a conocer? ―pregunta rodeando la encimera―. A menos que sea Giselle y si es ella, entonces me iré.
― No es Giselle.
― ¿Entonces?―dice sentándose en un taburete. Respiro hondo y me siento en el taburete en frente de él.
― Es Harry.
― ¡¿Qué?! ¿¡El Señor Coleman está aquí?!―chilla confundido―. ¿Cómo diablos pasó?
― Él vino porque...
― Porque no puede vivir sin ti. ―dice con un poco de aburrimiento―. Los hombres acostumbramos decir eso. ―me dice y lo miro ceñuda―. Es algo cliché, ¿Verdad? Lo raro es que a las mujeres les gusta.
― Bueno, en todo caso. ―carraspeo―. Él dijo que me ama y ahora estamos creando un intento de noviazgo. ―digo demasiado rápido y él se ríe―. No te rías.
― Lo siento.
― Lo que me preocupa es que no ha llegado.
― ¿A dónde fue?
― Se supone que debió llegar hace una hora. ―murmuro―. Al parecer no encontraba el camino de vuelta. ―le digo―. Y aún no llega.
― Bueno, por favor no se besen delante de mí. ―me dice y lo miro―. Es incómodo, ya sabes.
― No lo haré. ―le afirmo, pero él parece no creerme del todo. Es obvio que no voy a besar a Harry porque él no quiere besarme a mí.
Escucho el timbre y doy un respingo.
― Bueno, llegó la hora de conocer a ese zoquete. ―dice poniéndose de pie.
― No, quédate aquí. ―le digo y él frunce el ceño―. Cuida que no se queme el almuerzo. ―farfullo y él mira hacia la cocina.
― Bien, cuidaré de no quemarme... ―murmura y salgo de la cocina.
Camino con rapidez hacia la puerta y enciendo la pantalla táctil de seguridad. Activo la cámara hacia la calle y miro que no es Harry.
Es Giselle.
Activo el intercomunicador y hablo:
― ¿Qué quieres? ―pregunto con fastidio y ella mira hacia la cámara y se cruza de brazos.
Tiene una falda corta de color negro y una blusa blanca. Su cabello está suelto. Antes lo tenía teñido de color castaño y luego se dio cuenta que no debió teñirse el cabello y volvió al pelinegro...
― Necesito hablarte.―dice.
― No tengo tiempo para hablar contigo. ―le digo con desdén.
Una especie de remordimiento empieza a atacarme y suspiro con exasperación.
― Es algo sobre Efraín.
― Giselle, no quiero hablar de él.
― Necesito saber si es verdad todo lo que le dijo a mi madre y a Antonio. ―dice―. Perdón y a mi papá. ―se corrige.
¿Qué? ¿Qué demonios hizo el imbécil?
― ¿Qué le dijo?
― Déjame pasar.
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Aléjate
General Fiction[EN EDICIÓN] Desde el principio siempre tuvieron razones para no mirarse ni hablarse, pero ambos saben que lo prohibido y lo peligroso siempre es codiciado por todos y ellos no serán la excepción. Romper las reglas siempre fue y será elección de amb...
