¿Qué es ese canto que escucha, tan suave como las olas golpeando la playa? No pueden ser pájaros puesto que es de noche, y así como todo animal diurno, se encuentran durmiendo plácidamente. Con pasos lentos y pausados, avanza hasta la playa, dejando atrás la cabaña donde se están quedando temporalmente. Sus pisadas se escuchan por el crujido de la arena contra su calzado, y con el silencio tan pacifico de la noche, resuenan con eco, revotando en las paredes rocosas de los acantilados y riscos. Al acercarse a la orilla, sus ojos logran captar una figura sentada ahí, con la luz de la Luna ayudándole un poco a distinguir entre sombras.
Se detiene a unos dos pasos de distancia, con las manos en los bolsillos de sus bermudas y con la atención clavada en la espalda de la chica que yace sentada en la arena, con las piernas extendidas dentro del agua y las manos a los costados.
— ¿Acaso no tienes frio?— indaga el pelirrojo.
La chica, espantada por tan repentina aparición, da un brinco en su sitio, cerrando la boca y deteniendo su nana, para girarse a mirar por encima del hombro al recién llegado. Aries, no puede evitar soltar una risilla divertida por la reacción.
—Olimpo Santo—exhala ella con fuerza, llevándose una mano al pecho en un gesto de buscar tranquilidad —. Casi me da un infarto, Aries.
—Lo siento, lo siento.
El chico se encoge de hombros restándole importancia. Con la mirada de ella sobre su persona, se planta junto suyo, para luego sentarse sobre la arena de igual forma, resoplando con esfuerzo en el proceso. Sus manos se posicionan detrás de su espalda, dejándose caer un poco hacia atrás y alzando el rostro hacia el cielo, admirando las estrellas parpadeantes en esa manta azul índigo.
— ¿Qué haces aquí?— cuestiona ella confundida, ya en paz.
—Esa debería ser mi pregunta —responde, dejando de apreciar las constelaciones y clavando su atención en la cangreja—. ¿Qué haces tú aquí?
Los ojos de la chica viajan hasta el frente, señalando débilmente con una mano, un punto en específico. Siguiendo las señales de Cáncer, el carnero observa aquel sitio, encontrando una Luna Llena a penas a una corta distancia por encima del horizonte; donde el mar y el cielo se unen, pareciendo uno solo. Sus ojos se abren con sorpresa y comprensión, mientras su boca forma una "o", admirando el astro platinado sobre el cielo, que parece más grande que de costumbre.
—Pero—profiere él, frunciendo el ceño con confusión y volviendo a mirar a la cangreja a su lado —, hoy estuviste muy tranquila. De hecho, estabas muy animada.
—Sí, bueno. Parece que eso se debe a ella—suspira, alzando los hombros para dejarlos caer con simploneria —. No estoy como siempre, es casi como si solo estuviese inquieta o ansiosa. Nada serio. Hay cosas que ni yo entiendo de estos días. Ahora, dime. ¿Qué haces aquí?
—Tranquila—bromea Aries, sonriéndole de lado, a lo que ella le dedica una mirada divertida—. No podía dormir, así que pensé en pasearme por aquí hasta que me entrara el sueño.
Cáncer profiere un sonido curioso de entendimiento, aun mirando la Luna resplandecer con ayuda del Sol. Ninguno pronuncia nada por varios instantes, se quedan sumidos en un silencio cómodo que por el momento, no quieren romper. A diferencia del día, la noche es un tanto fría, más con la brisa que eriza los vellos de la piel del carnero, aumentando su calor corporal cada vez más. Su corazón bombea casi tan rápido como si hubiese corrido un maratón, pero es culpa de lo ligeramente nervioso que le pone la mayor de la casa agua. A veces tiene miedo de abrir la boca y finalmente proferir esa simple frase que por años ha evitado. Pero lo olvida, porque es preferible simplemente disfrutar el momento y no angustiarse por cualquier minúscula cosa. Además...
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Estrellas juntas
Random¿Cómo sería si los signos del zodiaco vivieran bajo el mismo techo? Un completo caos, probablemente. Una historia común, romántica, graciosa, pero nada increíble, si aun así quieres leerla, adelante.
