—¿Qué pasa?— pregunta Libra al ver la desesperación de Virgo con la que parece buscar algo entre los cojines de los sillones.
Al lado de la rubia se encuentran los otros dos signos de aire, el menor de los fuego y la menor de los agua cuyo brazo está entrelazado con el de éste.
—No encuentro mis llaves— dice la de cabello verde sin detener su labor y bajo la mirada atenta de color púrpura.
—¿Vas a salir?—pregunta Piscis.
—Sí. Y se me hace tarde. Elliot va de camino al centro comercial y yo no puedo siquiera encontrar las llaves.
—¿Por qué no te llevas las mías?— pronto las manos delicadas de la pez tantean la bolsa cruzada que lleva encima, posteriormente abriéndola y rebuscando en el interior de ella hasta dar con su llavero multicolor y tintineante, a lo que Sagitario frunce el gesto, pues, si por él fuera, dejaría a la chica tierra ahí, poniendo la casa patas arriba en lugar de allá con el timorato de Elliot—. Y podríamos dejarte allá, ¿no? De todos modos, vamos para el mismo lado.
—¿En serio? —la más joven asiente en respuesta—. No sé a que hora regrese.
—No importa. Así tendrás con qué abrir la puerta si no hay nadie.
—Y nosotros estamos con Piscis, así que no se quedara esperando fuera—dice Acuario con una sonrisa.
—Está bien. Gracias—suspira Virgo, enderezándose y acercándose hasta la menor de todos de cuya mano tomó cuidadosamente las llaves—. Es mejor que llegar tarde.
—Lo sé. Odias llegar tarde— ríe Piscis—. Vamos.
Así, todos suben a la camioneta de Capricornio que en esta ocasión es manejada por el pelinegro que no luce muy contento, y, sin embargo, y para la sorpresa de todos, no dice nada al respecto, dejándolos con la incógnita de qué le pasaba. Y, de cualquier forma, la pececita es lo suficientemente inteligente como para saber que el problema es Elliot, el amigo de Virgo, muy seguramente por algún problema de celos. Oh, ella siempre ha sabido que aquel muchachito está interesado en su amiga de una forma muy particular, pero que ella no lograba ver porque era bastante mala distinguiendo señales de amabilidad del coqueteo.
—¿Cómo ha sido tu viaje? — pregunta Acuario, sentado en los asientos del medio y dirigiéndose a su amigo de ojos púrpuras para aligerar el ambiente.
Sagitario ha regresado a casa ayer luego de un viaje por Centro América que duró alrededor de 1 mes, así que tiene bastantes historias por contar y lo hace, aunque en un principio de forma sosegada y desinteresada, hasta encontrar recuerdos divertidos y anécdotas muy interesantes que, al menos por un momento, logra hacer que el fastidio se disipe, aunque no por completo.
—Llegamos— dice el pelinegro mientras aparca fuera del centro comercial, recordando abrupta y nuevamente acerca de la cita, o lo que él cree que para Elliot debe de ser una cita—. No olviden nada.
—Ya puedo escuchar a la cartera de Gill chillar— bromea Acuario, abriendo la puerta a su lado y bajando del coche para, después, abrir la del copiloto y tomar a Piscis por debajo de los brazos, sacándola del asiento y colocándola de pie sobre el asfalto.
—Traigo suficiente dinero, no le hagas caso.
Después de todo, están allí (a excepción de Virgo) para poder comprar ropa nueva que Libra pueda usar, pues la que ahora tiene le queda grande tras la pérdida de peso que ni siquiera ha sido evitada con ayuda de la terapia. Es desafortunado, por supuesto, pero no es una novedad. Libra es la que más veces cambia de closet por completo por estas subidas y bajadas de peso, y es algo que provoca muchísimas emociones en ella.
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Estrellas juntas
Random¿Cómo sería si los signos del zodiaco vivieran bajo el mismo techo? Un completo caos, probablemente. Una historia común, romántica, graciosa, pero nada increíble, si aun así quieres leerla, adelante.
