Un nuevo integrante en la familia

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Decir que Cáncer se encuentra emocionada, es poco. La chica está eufórica, esperando impacientemente en la sala de la casa al menor de la familia tierra que aún se encuentra en su propia habitación, vistiéndose para poder salir. Y es que hoy es el día. El día en que podrán ir a adoptar algún cachorro en la perrera más cercana, salvando la vida de alguno de los desafortunados animalitos que ahí residen. Luego de largo y extensos minutos de puro aburrimiento y desesperación, Capricornio baja las escaleras con rapidez y agilidad, logrando que la chica de agua se le acerque como si fueran dos imanes haciendo contacto. En este momento, Cáncer se percata de un leve sonrojo que adorna las acarameladas mejillas del menor, por lo que dudosa, inclina la cabeza y expresa:

— ¿Qué sucede?

—No es nada— sentencia el castaño, caminando a la salida del sitio.

Miente, pues no cree que sea lo más factible decirle a la cangreja que hace unos segundos se encontraba en su habitación, con nada más que una toalla enrollada en la cintura para ocultar su desnudez, y que Piscis, su novia y hermana de la mayor, se adentró a la habitación sin avisar, dejándolos a ambos en una situación ligeramente vergonzosa y comprometedora. No quiere que la de pelo de matices azules le moleste con ese tema durante todo el día, o en el peor de los casos, toda la vida.

Ya afuera de su hogar, Capricornio se monta en su camioneta en el lado del conductor y, junto suyo, yace sentada Cáncer, luciendo extasiada como una niña de seis años. El menor alega que no avanzará hasta que la contraria se coloque el cinto de seguridad, lo que causa que ella refunfuñe, pero obedezca. Una vez listos, emprenden su camino a la perrera.

—Puedo elegir el que quiera, ¿cierto? — pregunta la chica, tamborileando con el pie.

—Ya habíamos quedado en que sí, Cáncer—dice, con la vista clavada en el camino y ambas manos sobre el volante—. Solo asegúrate de que sea algo pequeño.

Cáncer se ríe un poco y le mira con una sonrisa casi maliciosa, preocupando al menor.

—Capri, ¿no será que tienes un fetiche con lo pequeño?

— ¿Qué? — frunce el ceño con repulsión o como si creyera que la cangreja está loca—. ¿Por qué lo dices?

—Bueno, primero Piscis y ahora...

—No amo a Piscis porque sea pequeña.

—Has dicho que la amas — reafirma Cáncer, casi sorprendida y emocionada por lo que acaba de escuchar, viendo al contrario enrojecer por segunda vez en lo que va del día mientras finge indiferencia—. No te preocupes, no le diré nada. Aunque ella ya lo sabe. Ah... hacen tan linda pareja. Estoy tan feliz de que seas mi cuñado, Capri.

—Por Zeus, Cáncer, estás exagerando. Piscis podría conseguirse algo mejor.

—No. No. Nadie mejor para ella que tú. No te agobies pensando en eso—la sinceridad de Cáncer en esa frase le hace tranquilizar un poco—. ¿Qué tipo de perro te gustaría? A parte de que sea pequeño.

—Cualquiera está bien. Me gustan todos por igual.

—Mh... Sagitario quería un pitbull.

—No. Esos perros son demasiado grandes. Somos demasiados viviendo en la casa como para tener a un animal de ese tamaño.

—Pero tendría mucho espacio en el patio.

—Ya lo discutimos...

Continúan conversando tranquilamente durante el viaje a la perrera. Capricornio debe admitir que le agrada la mayor de la casa agua e incluso a veces la respeta. ¿Quién no lo haría, teniendo en cuenta de que tiene que soportar al odioso de Escorpio como hermano? Cáncer, por otro lado, también se sienta a gusto junto al castaño pues es un chico educado, aunque de pocas palabras. Sin duda es un gran partido para la menor de la casa. Luego de varios minutos viajando en auto, llegan hasta el establecimiento, por lo que se estacionan y, al descender, Cáncer corre hasta la entrada, emocionada por poder adoptar algún animalito.

Estrellas juntasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora