Casa tierra: Ningún amigo como un hermano; ningún enemigo como un hermano

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Termino de acomodar las cosas dentro de mi maletín. Me gustan las cosas bien organizadas y, por naturaleza humana, me agrada la sensación que me da tener el control sobre las cosas o situaciones. Siempre es así. Es por eso que incluso tenemos calendarios y relojes, pues el tiempo no es más que un espejismo creado por nosotros mismos para tener el control sobre las estaciones, los días, los años, etc. Dejo el maletín negro y, sorprendentemente, liviano, sobre la silla de mi escritorio, justo cuando escucho la puerta de la habitación abrirse. Alzo la cara y ahí, entrando, viene Piscis, claramente buscando algo.

— ¿Qué sucede? — le pregunto mientras ella inspecciona el suelo de la habitación con sus ojos aqua.

—No sé dónde están mis lentes. ¿Los has visto?

Suspiro lánguidamente, girándome al escritorio de vidrio transparente, pues sobre éste se encuentran los lentes de ella. Los tomo cuidadosamente del marco color rojo, para encararla y mostrarle su tan preciado objeto en mis manos. Ella me mira aliviada y apenada mientras sus mejillas se tornan rosas, cosa que, admitiré solo para mí, es adorable. Se acerca tímidamente, como si yo le fuese a arrancar una mano o algo por el estilo, cuando solo le reprenderé un poco el hecho de ser descuidada.

—Ten cuidado— le digo, poniendo el objeto en sus pequeñas y frágiles manos—. Los dejaste en el sofá.

—Lo siento. Gracias, Capri.

Se coloca los lentes en ambas orejas y los acomoda sobre el puente de la nariz, mirando el suelo con culpabilidad y uniendo sus manos frente a sus piernas. Parece una niña a la que acaban de regañar y por esto, contengo un suspiro. Piscis es la persona más descuidada y distraída que haya conocido jamás. Además de que tiene un sentido de la orientación nulo. A pesar de todo esto, tengo que admitir, aunque sea para mí mismo, que la amo. Ella es la única con la que a veces pierdo el control; no sé qué hacer o qué decir. No sé ni cómo debería respirar. Y es que ella es una de las criaturas más románticas que he conocido mientras que yo soy escueto, un tanto frívolo. El romance no es lo mío y es complicado, porque quiero que ella tenga el príncipe azul con el que siempre ha soñado, no alguien como yo. Cuando intento ser cursi o algo así, siento que simplemente estoy siendo un ridículo sin remedio, que eso no le hará feliz ni nada de eso. Entro en pánico, a decir verdad.

Siento los brazos pequeños de Piscis enrollarse alrededor de mi torso, mientras su perfil se acomoda contra mi pecho. Alzo los brazos, no sabiendo por un segundo que hacer, hasta que reacciono y decido corresponder al abrazo. Debe de sentirse culpable por simplemente olvidar sus lentes. Debe pensar que yo estoy enojado, cuando en realidad no es así. Sí, quisiera que fuese más atenta con sus cosas, pero ella es así y no puedo cambiarla.

Le doy un par de palmadas cerca de sus hombros y, cuando pienso que estaría bien apretarla un poco más entre mis brazos, la puerta cruje al abrirse. Avergonzado, no hace falta que separe a Piscis de mí, pues ella sola se ha alejado, igualmente apenada, con las mejillas rojas como cerezas y las manos nerviosas estrujándose entre sí. Veo, tratando de ocultar mi sorpresa, a Cáncer en la entrada que me saluda con un movimiento de su mano para luego hablarle a la menor de su casa para que le siga. Piscis no se niega y, enérgicamente, camina detrás de la cangreja. Cuando la puerta se cierra, respiro para tranquilizarme un poco. Las demostraciones de afecto me ponen los nervios de punta aun si yo así no lo deseo.

***

Me siento realmente cansado. Por razones de trabajo, casi usualmente es así, no he podido tener muchas horas de sueño durante la noche, cosa que empeora cuando tengo insomnio. He pensado en pedir a Tauro o Virgo que me presten su regazo para dormir una hora en éste, pero descarto la idea al pensar que les estaría causando problemas. Virgo tiene que combatir su propio insomnio.

Estrellas juntasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora