Capitulo |28- Part 2•|

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Alice

No sé cuánto tiempo permanecí allí.

Tal vez fueron segundos. Tal vez minutos. Tal vez algo más largo, algo imposible de medir con relojes humanos. Cuando volví a abrir los ojos, la lluvia seguía golpeando los cristales de mi habitación y Nueva York continuaba respirando al otro lado de la ventana, gris, mojada, indiferente.

La habitación era la misma. La cama. La ventana. Las paredes. El olor a casa vieja y a humedad atrapada entre muebles conocidos. Pero algo había cambiado.

Yo.

Sentía la cabeza llena de ruido, como si cientos de voces susurraran detrás de una pared demasiado gruesa para distinguir las palabras. No eran recuerdos completos. No eran imágenes. Eran pedazos. Restos. Fragmentos de algo que se movía dentro de mí sin pedirme permiso.

Intenté incorporarme, pero el mareo llegó de inmediato.

—No tan rápido.

La voz de Aaron vino desde la ventana.

Estaba allí, exactamente donde lo había visto por última vez, con las manos tranquilas, la mirada fija en mí y esa quietud insoportable que lo hacía parecer menos una persona y más una estatua esperando que el mundo se confesara frente a ella.

—¿Qué me hiciste? —pregunté.

La voz me salió más débil de lo que quería.

Aaron ladeó apenas la cabeza.

—Esa es una pregunta interesante.

—Aaron.

—No fui yo quien abrió la puerta, Alice.

La marca ardió de inmediato. Me llevé una mano al cuello por instinto, y sus ojos siguieron el movimiento con una atención que me hizo sentir expuesta. No me miraba como se mira a alguien herido. Me miraba como se mira una grieta en un muro antiguo, una fisura pequeña que anuncia que toda la estructura puede venirse abajo.

—Deja de mirarme así.

—¿Así cómo?

—Como si estuvieras esperando que me rompa.

La sombra de una sonrisa apareció en su boca. Fue pequeña, casi delicada, pero no tuvo nada de amable.

—Todos se rompen, Alice. La diferencia está en lo que sale cuando lo hacen.

Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo cuando Aarón finalizó la frase. Sin embargo, no quería darle el gusto de notar cuánto me había afectado. Así que le oculté la sensación, o al menos eso creí hacer...

—¿Tú pusiste las cámaras?— Aunque el tono que estaba utilizando era en todo de pregunta, la verdad es que una parte de mi si daba por sentado que el había dejado ahí la nota.

—No.— Su respuesta fue firme, pero su expresión era la de una persona que comenzaba a perder la paciencia.

—¿Y la nota?— Seguí cuestionando.

—¿Qué nota?— La expresión de Aarón era de completa serenidad. Sin embargo, intentó usar un tono de sorpresa para regresarme la pregunta y eso me hizo desconfiar más.

Observe el papel durante varios segundos sin moverme, parecía inofensivo. Blanco. Pequeño. Casi ridículo. Y aun así sentí que la habitación se había vuelto más fría desde que lo vi.

Entonces recordé algo que no debía olvidar: él había aparecido al principio junto a Marcus. Aaron había estado cerca de Williams. Él sabía demasiado. Siempre sabía demasiado. ¿Quién me garantizaba que no seguía jugando para el mismo lado? ¿Quién me garantizaba que no había puesto esa nota él mismo y ahora estaba actuando sorpresa solo para ver cómo reaccionaba?

ERES MIA  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora