3:00 p.m.
Bajo del taxi y mis ojos recorren el lugar con ansiedad, buscando alguna señal que me conduzca hacia mis padres o hacia Anna. Pero no hay nada. Solo el silencio. Solo el vacío. Un escalofrío me recorre la espina dorsal.
Me doy media vuelta y ahí está.
Sus ojos grises me perforan el alma y hacen que todo mi cuerpo empiece a temblar.
—Ma... Marcus... —tartamudeo, sintiendo cómo mi garganta se cierra.
Él sonríe, complacido por el miedo que logra provocar solo con su presencia.
—Ya cené —aclara con tono burlón—. Williams me pidió que te vigilara.
—¿Dónde están mis padres? ¿Y Anna?
—Todo a su debido tiempo, pequeña.
Comienza a caminar sin decir más, como si esperara que lo siguiera. Y lo hago. No porque confíe en él, sino porque es lo único que puedo hacer.
—Esperaremos en la cabaña, ¿te parece?
Asiento. Caminamos en silencio hacia aquella pequeña cabaña donde alguna vez pasé buenos momentos con mis padres. Sé que no son perfectos... pero los amo. Y quiero creer que ellos también me aman, a su manera.
Las lágrimas empiezan a brotar sin permiso. ¿Dónde diablos está Aaron cuando más lo necesito?
—¿Por qué te enviaron a ti y no a Aaron?
Marcus suelta una breve carcajada.
—¿Cullen? —repite su nombre falso con sorna, luego niega con la cabeza—. No trabaja para Williams... al menos no oficialmente. Nadie le da órdenes. Él aparece cuando quiere, y se va cuando le da la gana. No me malinterpretes... no es que no sirva, es que está por encima de todos nosotros.
—¿Crees que es humano?
—¿Tú lo crees? —sus ojos brillan con malicia—. Nosotros nunca supimos lo que era exactamente. Solo que... una vez salvó a toda mi familia. Cuando aún éramos un clan nómada, huíamos de unos cazadores. Nos tenían acorralados. Y él apareció. Quemó el bosque entero con una sola mirada. Desde entonces, no lo cuestionamos. Lo veneramos... y también lo tememos.
Trago saliva, en silencio. No sé si lo que siento por Aaron es amor o pavor. Tal vez ambas cosas.
—¿De dónde conoce Williams a mis padres?
Marcus sonríe como si estuviera esperando esa pregunta.
—Eso ocurrió hace muchos años, cuando tus padres eran apenas adolescentes. Viajaron a Rumania como parte de un tour estudiantil. Uno de esos viajes turísticos en los que prometen misterio y castillos antiguos.
Abro los ojos, intrigada. Jamás me contaron eso.
—Esa noche, cuando el reloj marcó las doce, tu padre —curioso como siempre— se escabulló del grupo y entró en una zona restringida del castillo. En una vitrina encontró un collar... uno muy antiguo, perteneciente a la esposa del temido Vlad, el tío de Williams. Tu padre no lo robó por maldad. Según él, era tan hermoso que creyó que no pertenecía allí. Lo vendió poco tiempo después.
—¿Y Vlad se enteró?
—Por supuesto. Mandó a Williams a ejecutarlo. Pero Williams... era diferente en esa época. No era el monstruo que es ahora. Era sensible, incluso compasivo. En vez de matarlo, le propuso un trato: a cambio de su vida, entregaría a su primera hija.
Mi estómago se revuelve.
—O sea... ¿yo?
Asiente.
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ERES MIA
VampireUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
