La Carta.
La noche en la cabaña de Aaron es espesa. El fuego de la chimenea crepita, pero no logra calentarme. Afuera, el bosque parece contener la respiración.
No puedo dormir. No después de lo de Anna. No con Aaron, Dominic y Jasper girando alrededor mío como depredadores en un juego que ni siquiera entiendo del todo.
Un golpe seco en la puerta me saca de mis pensamientos.
Me acerco y abro apenas un resquicio. Dominic está ahí, apoyado en el marco, su expresión tranquila, como si no hubiera caos acechando.
En su mano, sostiene un sobre.
—¿Qué es eso? —pregunto, sin disimular la desconfianza.
Él sonríe, esa media sonrisa arrogante que parece tener impresa en la piel.
—Un obsequio —responde, extendiéndolo hacia mí—. Jasper me lo hizo llegar... y, contra todo pronóstico, decidí traértelo personalmente.
Frunzo el ceño, tomando el sobre con cautela.
—¿Desde cuándo le haces favores a Jasper? —pregunto, sin apartarle la mirada—. Ustedes se odian.
Dominic suelta una risa breve, sin humor, pero cargada de ese aire antiguo, seguro, casi peligroso.
—No lo confundas —murmura, inclinándose apenas hacia mí, su voz grave rozando la provocación—. No lo hago por él. Lo hago por ti.
Mis labios se entreabren, el corazón acelerándose sin permiso.
—Porque, aunque no quieras verlo... todo esto es más grande de lo que imaginas —añade, su mirada fija en la mía—. Y quiero estar cerca cuando lo entiendas.
Sus ojos se deslizan por mi rostro, deteniéndose un segundo en mis labios antes de apartarse.
—Descansa, princesa —añade, dándose media vuelta—. Vas a necesitarlo.
Cierro la puerta con el corazón desbocado, la carta temblando en mis manos.
Jasper.
Y Dominic... sus palabras aún flotan en el aire, como una advertencia disfrazada de seducción demasiado bien ensayada.
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Me dejo caer en la cama, las manos temblorosas. Rompo el sello y leo.
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Querida Alice:
Sé que la última vez que nos vimos las cosas no terminaron bien entre nosotros. Quiero que entiendas que si me fui, lo hice por tu propio bien... o al menos, eso pensaba en ese momento.
Para cuando estés leyendo esto, seguramente ya me encuentro ingresando al territorio de Nemeth. Sé que es arriesgado, pero me he enterado que allí reposa tu única salvación. Si salgo de allí con vida... nos veremos pronto.
Con amor,
Jasper.
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Nemeth.
El nombre me paraliza. No lo conozco en persona, pero he escuchado fragmentos de historias, advertencias susurradas en conversaciones que nunca quise tener. Nemeth es viejo. Antiguo. Peligroso. Nadie se acerca a su territorio... y Jasper está arriesgando su vida por mí.
La puerta se abre de nuevo. Me sobresalto.
Elif entra, el rostro cansado, el cabello revuelto, pero la mirada firme.
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ERES MIA
VampireUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
