Alice.
La nieve crujió bajo las llantas cuando el auto finalmente se detuvo.
Sentí el cuerpo tensarse antes incluso de que Aarón me retirara la venda de los ojos. Parpadeé varias veces, desorientada por las luces de la fraternidad iluminando la oscuridad de la calle.
Habíamos llegado.
El edificio seguía ahí, exactamente igual que siempre. Las ventanas encendidas. La música lejana filtrándose desde el interior. El humo saliendo por una de las chimeneas como si aquella noche hubiera sido completamente normal.
Y eso era lo inquietante.
Después de todo lo que acababa de pasar, el mundo seguía viéndose demasiado intacto.
—Gracias —murmuré al bajar del coche.
Aarón rodeó el vehículo con calma. La nieve se acumulaba sobre sus hombros oscuros sin que pareciera importarle.
—Si necesitas algo, llama.
Me extendió un pequeño papel doblado. El número estaba escrito con tinta negra, elegante, casi demasiado perfecta.
Lo guardé sin pensar demasiado.
No quería pensar demasiado.
Porque si empezaba a hacerlo, probablemente terminaría perdiendo la cabeza.
—Buenas noches, Alice.
Levanté la mirada.
La forma en que pronunció mi nombre me dejó una sensación extraña. Como si lo hubiera dicho muchas veces antes. Muchísimo antes.
Luego volvió al coche.
Y desapareció entre la nieve.
Respiré hondo antes de entrar.
Solo quería dormir.
Dormir durante años, si era posible.
Abrí la puerta.
—¡ALICE!
Las voces explotaron al mismo tiempo.
Casi retrocedí del susto.
Liam apareció primero, seguido por Cameron, Erick y Alan. Todos hablaban encima del otro, haciendo preguntas distintas, moviéndose demasiado rápido, mirándome como si hubiera regresado de un funeral donde el cadáver debía ser yo.
Y tal vez esa era exactamente la cara que tenían.
—¿Dónde demonios estabas? —soltó Cameron.
—Desapareciste por horas —añadió Erick.
—Pensé que estabas muerta —dijo Liam.
Lo miré.
Y por primera vez no había sarcasmo en su voz.
—Te juro que iba a matar a alguien.
Una sonrisa cansada se me escapó apenas.
—Qué declaración tan saludable emocionalmente.
—No estoy bromeando.
Y por la forma en que lo dijo... supe que era verdad.
Mis ojos buscaron automáticamente a Elif.
No estaba.
El vacío en mi estómago apareció antes que la pregunta.
—¿Dónde está Elif?
ESTÁS LEYENDO
ERES MIA
ParanormalUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
