El Juego de las Sombras
Alice
El aire frío de la cabaña se cuela por las rendijas, helándome los huesos.
Hoy es el funeral de Anna.
No tengo hambre. Ni fuerzas. Solo un peso insoportable en el pecho y la sensación de que algo dentro de mí está a punto de romperse... o de despertar.
Miro el reloj. Aaron me dijo que Elif me acompañaría. La estoy esperando.
No sé si quiero ir. No sé si puedo. Pero tampoco me queda opción.
*************
El cementerio está cubierto por un cielo gris y un silencio incómodo que me aprieta la garganta.
Elif camina a mi lado. No dice nada. Solo está. Su mirada salta entre la gente, preocupada, sin entender del todo lo que pasa, pero presente.
El ataúd desciende lentamente. Las flores caen como mentiras disfrazadas de consuelo. Los rostros conocidos parecen distorsionados por la pena. Y yo solo siento ese vacío.
Me siento atrapada entre un juego que no entiendo y un destino que no pedí.
Y entonces... lo veo.
...
Jasper.
El mundo se me detiene en el pecho.
No lo esperaba. No aquí. No después de cómo terminamos. Después de Dominic. Después de todo.
Está más flaco, demacrado, los ojos hundidos... pero vivo. Y en sus manos, una pequeña caja negra.
Me acerco, el estómago encogido, las piernas flojas.
Jasper me sostiene la mirada, y en ella veo cansancio, miedo... y algo más.
—Lo conseguí —dice, la voz baja, rasposa—. El artefacto.
Mis labios se separan, pero las palabras no salen.
—Nemet no lo puso fácil —añade—. Pero lo tengo. Y es lo único que puede ayudarte. A ti.
Trago saliva. Siento las piernas fallarme.
Antes de que pueda procesarlo, Dominic aparece junto a nosotros, serio, la mandíbula apretada.
—¿Eso puede detenerla? —pregunta.
Jasper asiente, la mirada fija en él.
—Con eso estará un poco más segura, aunque nadie puede asegurar que funcione. — Asevera este.
Los ojos de Dominic se oscurecen, pero no dice nada. La tensión en sus hombros se afloja apenas. No por mí, sino por un cuarto integrante que se une a la reunión.
Aaron.
Sale de entre la gente como si la tormenta no lo tocara. Impecable. Elegante. Con esa media sonrisa sutil que no muestra nada... pero lo dice todo.
Su mirada se posa en mí. Su presencia es un perfume venenoso que no sé si quiero rechazar o inhalar.
—Vaya —susurra, la voz grave, sedosa—. Supongo que no soy el único que se preocupa por ti.
Las palabras, suaves, acarician más que hieren. Lo dice como si su preocupación fuera obvia, como si su lugar a mi lado fuera natural.
—¿Preocuparte? —Mi voz suena rota, desconfiada.
Aaron ladea la cabeza, esa sonrisa ambigua sin desaparecer.
—Me gustaría pensar que, pese a todo, sigo importándote —su mirada brilla, dorada, peligrosa—. Aunque... —hace una pausa, sus labios curvándose apenas—. Entiendo por qué lo dudas. Admito que no soy... el más fácil de leer.
ESTÁS LEYENDO
ERES MIA
VampirosUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
