¿?
El ser humano es, sin duda, el error más obstinado de la creación.
Ruegan por redención mientras se revuelcan en la miseria que ellos mismos han construido.
Se llaman víctimas de la oscuridad, pero la siembran con cada decisión que toman.
Y, aun así, para el Cielo... nosotros seguimos siendo los condenados.
He observado sus ciclos.
Los he visto construir imperios sobre la carne, para luego quemarlos por orgullo.
Y hoy... solo me interesa una de ellos.
Alice.
Duerme.
Con una serenidad que no merece.
Como si su existencia no fuera ya una grieta en el equilibrio.
Una vida se ha perdido por su causa.
Y dos más están marcadas para seguirla.
Sin embargo... ahí está.
Respirando suavemente, como si el mundo no se desangrara a su alrededor.
Me acerco.
No hay necesidad de violencia.
No hay cerradura que me contenga.
Nadie me vio entrar.
Jasper. Dominic. Aaron.
Tres criaturas antiguas jugando con fuego, sin entender que ya están rodeados por el incendio.
Inclino su cabeza con cuidado. La herida sigue latente bajo la piel.
No cerrada del todo. No curada.
Como si incluso su cuerpo supiera que no ha terminado.
Saco la aguja y el pequeño frasco de cristal.
El procedimiento es limpio. Preciso.
Pincho mi dedo primero.
La sangre que fluye es espesa, oscura, viva en su corrupción.
Apenas una gota... suficiente.
La dejo caer sobre su herida.
Se funde con su carne como un antiguo pacto.
Ella no se mueve. No se estremece.
La aguja atraviesa su piel como si no hubiese conciencia detrás.
Por supuesto.
No es el sueño lo que la retiene.
Es mi presencia.
Los humanos no despiertan cuando lo que los toca... no pertenece a este plano.
Su sangre es cálida. Frágil.
Inocente en su ignorancia.
Las gotas caen en el frasco, una a una.
Perfecto.
Me incorporo.
Todo permanece en silencio.
Y esa pequeña muestra...
puede cambiarlo todo.
Salgo por la ventana sin alterar el aire.
Mis hombres me esperan.
—¿Todo según lo planeado, señor?
Asiento.
—¿La casa?
—A dos cuadras. La oferta ya fue entregada. La aceptarán antes del amanecer.
Inclino levemente la cabeza.
Los humanos son predecibles.
Más aún cuando creen que el peligro ruge...
y no susurra.
Observo la fraternidad por última vez.
He cruzado estas paredes más veces de las que ellos sospechan.
Pero pronto... ya no será necesario ocultarse.
—¿Qué demonios haces aquí?
La voz me detiene.
Conozco esa furia.
Jasper.
Lo miro sin apuro.
Tenso, desafiante, inútil.
—El perro volvió —murmuro, con media sonrisa.
—Te hice una pregunta.
—Y yo no estoy obligado a responderte.
Pero... tengo algo que te interesa.
Sus ojos parpadean.
No por mí.
Por ella.
—No quiero tus juegos.
—Esto no es un juego.
—Doy un paso—. Lo que tengo... puede salvar a Alice.
Y quizás a otros, marcados por lo que ella desató.
ESTÁS LEYENDO
ERES MIA
VampirosUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
