Capitulo |23•|

14.9K 1.1K 28
                                        

Demonios, cumpleaños y verdades a medias...

—Te hice una pregunta —bufó Elif—. ¿Cuándo irás a ver a tus padres?

Lo había olvidado por completo. En una semana estaré tomando un vuelo a Nueva York. No estoy segura de que sea buena idea verlos... pero tal vez me ayude a despejar la mente antes de empezar el nuevo semestre universitario.

Han pasado tantas cosas en estos seis meses, que no puedo evitar preguntarme qué habría sido de mí si nunca hubiese aceptado esa beca, si no hubiera subido a ese avión, o si ese día la versión más cobarde de mí hubiese ganado y me hubiese dado la vuelta en el aeropuerto.
¿Sería más feliz? ¿O mi vida seguiría siendo tan gris y vacía como antes?

Dicen que todo lo que ocurre es consecuencia de algo anterior. Es el principio de causalidad: nada pasa porque sí. Pero también está el efecto mariposa, esa teoría que dice que el simple aleteo de una mariposa puede desencadenar un huracán al otro lado del mundo. Y así lo siento. Que aquel "sí" que di al aceptar la beca cambió por completo mi existencia.
Un pequeño acto de valentía que alteró cada rincón de mi vida.
Así que no me arrepiento.
No me arrepiento de haber subido a ese avión.
No me arrepiento de haber aceptado esa beca.
Y, lo que nunca imaginé decir... no me arrepiento de haberme mudado a esta fraternidad.

—¡En una semana! —grité para que Elif pudiera escucharme por encima de la música—. ¿Por qué?

—Pensé que sería buena idea ir contigo —sonrió—. Por eso lo pregunto.

Si Elif me hubiera dicho esto hace un mes, estaría brincando de alegría. Me gustaría que conociera a Anna, a mis padres, que pudiera desconectarse un poco. Pero con todo lo que ha pasado, no sé si sea el momento. Quizá sea mejor esperar a que todo se estabilice... o al menos hasta que yo deje de ver sombras donde no las hay.

—Me encantaría —dije sin pensar. Las palabras escaparon de mi boca antes de que pudiera detenerlas.

—¡Siiiií! —gritó mi amiga, emocionada.

La fiesta siguió con bromas, música a tope y litros de alcohol. Salí un momento a tomar aire fresco, y fue entonces cuando lo vi.
Esos ojos azules, fijos en mí, como si siempre hubieran estado ahí.

—Pensé que te irías y me dejarías en paz —murmuré al pasar junto a él y dirigirme a una de las bancas del jardín—. Eso fue lo que dijiste la última vez que nos vimos.

—Dije que no intervendría más. No que no vendría a verte —respondió con una media sonrisa cargada de malicia.
—¿Crees que es amor? —preguntó de repente, como si el tema viniera flotando con el viento.

—¿De qué hablas?

—Lo que sientes por él. ¿Crees que es amor?

Nunca me había hecho esa pregunta. Pero supongo que sí... o algo así.

—¿"Supones"? —interrumpió antes de que pudiera responder por completo. Claro. Había olvidado que este tipo leía mi mente.

—No lo sé. Apenas llevamos un mes... y aunque lo conozco desde que éramos niños, y fue mi crush toda la infancia, recién ahora estamos probando qué podría pasar. No tenemos nada serio, así que no me atrevería a llamarlo amor. Al menos no todavía.

—Tienes un poco de razón —asintió, mientras se sentaba junto a mí—. ¿Y lo que tú y yo teníamos? ¿Eso sí era amor?

—¿De qué hablas? Ni siquiera te recuerdo bien, y me estás hablando de amor —lo cuestioné, confundida.

Aunque, en el fondo, había algo extraño. A veces creía sentir algo por él. Cuando estaba cerca, mi corazón latía más rápido. Me sentía tranquila... feliz. Era confuso.
Pero toda mi vida lo es.

—¿Qué opinas si empezamos de cero? —susurró, apenas audible—. Si te olvidas de mí. Si finges que nunca me viste, que nunca me rompiste el corazón...

Me giré de inmediato, pero ya no estaba.
Había desaparecido.
Y con él, también la paz momentánea que había sentido segundos antes.

—¿Qué sucede contigo? —dijo Liam a mis espaldas—. Un día eres la Alice loca que todos adoramos, y al siguiente, pareces una ermitaña antisocial.

—Creo que soy bipolar —admití, medio en broma, medio en serio.

—Alice, eso ya lo sabíamos. Vamos adentro, estamos celebrando tu cumpleaños.

—¿Tú crees en los fantasmas? —pregunté, ignorando por completo su comentario.

—No lo sé... ¿por qué?

—Por curiosidad. ¿Y en los demonios?

Esta vez su rostro cambió. De desconcierto pasó a algo más... ¿nervios?

—¿Qué clase de pregunta es esa? —dijo, intentando sonar casual—. ¿Viste algo?

—De hecho sí. Se llama Aaron. ¿Lo conoces?

—Creo que el alcohol ya te está pegando —respondió rápidamente—. Vamos, te vendrá bien agua y un pedazo de pastel.

—Liam —insistí, mirándolo fijamente—. Si descubro que me estás mintiendo, no volveré a confiar en ti.

Hubo un silencio tenso.

—No lo conozco... no personalmente —admitió finalmente, bajando la voz—. Pero hay... cosas que mi familia siempre ha creído. Historias antiguas. Secretos. Mi abuela siempre decía que Aaron fue el primero en rebelarse, incluso antes de lo que todos imaginan.

—¿Antes que el diablo? ¿Antes que Lucifer?

—Eso es lo que quieren que pienses —susurró—. Alice, Aaron es...

—¡Aquí están! —interrumpió Jasper.

Liam dio un respingo, como si acabaran de descubrirlo con las manos en la masa. Jasper lo notó de inmediato.

—¿De qué hablaban?

—Cosas de mejores amigos —dijo Liam, forzando una sonrisa.

—¿Y de qué hablan los mejores amigos?

—Jasper —intervine, con una mueca de fastidio—, le contaba sobre mis padres.

Bufé.
—No tienes que saberlo todo.

Me levanté y me alejé. Mi cabeza estaba a punto de explotar. Necesitaba respuestas.
Necesitaba entender qué estaba pasando.
Y creo saber quién puede ayudarme.

—¿Qué quieres? —preguntó, con una expresión que decía que no me esperaba.

—Quiero que me ayudes.

—¿Por qué debería hacerlo?

—Te daré lo que quieras.

—Pasa.


Inst: Tatiana_rojasb

ERES MIA  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora