Capitulo |49•|

2.5K 143 33
                                        

Alice

El murmullo del aula empezó a subir como espuma mientras el profesor guardaba sus apuntes. Quedaban minutos, pero yo ya no estaba ahí. La frase de Elias me taladraba desde que se sentó a mi lado: "Digamos que soy bueno recordando nombres." No. Algo no cuadraba.

Apoyé el bolígrafo, me giré y le hablé sin rodeos:

—A ver, ¿cómo carajos sabes mi nombre?

Elias sostuvo mi mirada con una calma que me irritó.

—Lo escuché en el pasillo —dijo, leve—. Alguien te llamó.

—¿Quién? —no parpadeé—. Dime el nombre.

Un pestañeo. Una microsonrisa.

—No me fijé. Mucha gente hablando al mismo tiempo.

—Aquí nadie me dijo "Alice" desde que entraste —apreté la voz—. Y hoy no pasaron lista.

Se tomó un segundo, como si escogiera en una baraja de excusas.

—También puede haber sido en el grupo de la clase. Ya sabes, los chats de bienvenida.

—No estoy en ningún grupo —repliqué—. Y tú eres nuevo. ¿Cómo entraste?

—Me añadieron del departamento —salió al paso, impecable.

—¿Qué departamento? —lo arrinconé, bajito—. ¿Nombre? ¿Quién te metió?

El rumor del aula nos rodeó, pero él y yo estábamos en otro mundo. Elias entrecerró los ojos, casi divertido por mi insistencia.

—Tranquila —musitó—. Solo fue un comentario al vuelo. Puedo estar equivocado.

—Estás inventando —dije, seca—. Y no te creo.

Recogí mi cuaderno. Él hizo lo mismo y, como si nada, se pegó a mi ritmo entre los pupitres. No quería darle la espalda. Al cruzar la puerta hacia el pasillo, la marea de estudiantes nos tragó... y entonces vi a Elif venir de frente, moño torcido, carpeta al pecho, radar prendido.

—¡Por fin! —bromeó—. ¿Vienes o te mando comida debajo de la puerta como a un gato?

Le sostuve la mirada un segundo que dijo sácame de aquí. Elif captó la seña al vuelo; su mirada se clavó en Elias, registro rápido de no me gustas.

—Elif —saludé, y el alivio se me notó.

Elias dio un paso adelante, cortés.

—Elias —se presentó, con una sonrisa suelta—. Recién llegado.

Elif ni le dio la mano: un gesto mínimo de cabeza y listo. Me tomó del antebrazo con naturalidad.

—Cafetería —anunció—. Necesito tu ayuda con algo ya.

La palabra "ya" no era para mí. Era para él.

—Vamos —dije, y tiré.

Elias sonrió como si todo le diera igual.

—Nos vemos luego —dijo, y se quedó contra la corriente de estudiantes.

Sentí su mirada clavarse en la nuca hasta que doblamos el recodo. Entonces respiré.

—Gracias —murmuré.

—Ese chico está haciendo el curso de sombra —bufó Elif—. ¿De dónde salió?

—Intercambio. El profe lo presentó —contesté, todavía con el pulso alto.

—Ajá —dijo, sin creérselo un centímetro.

ERES MIA  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora