BAJO LA PIEL DE LA OSCURIDAD
El aire olía a huida.
Subí al coche de Dominic como si no tuviera nada que perder. Como si todo lo que alguna vez fui hubiese quedado tirado en el porche de esa casa, junto con las palabras de Cassandra y la sombra de un pasado que no terminaba de soltarme.
Dominic arrancó sin decir una sola palabra. Aceleró con decisión, y sentí cómo las ruedas devoraban el asfalto mientras los pensamientos que me atormentaban quedaban atrás, como cadáveres abandonados en el retrovisor.
Hoy no quería pensar. No en lo que descubrí, ni en quién soy, ni en lo que se supone que debería hacer.
Hoy me daba igual el pasado, el futuro y las advertencias.
Hoy quería apagar el mundo.
Desconectarme.
Desaparecer.
Incluso, si era posible... dejar de ser Alice.
—¿A dónde vamos? —pregunté, cuando noté que ya llevábamos casi una hora conduciendo.
—Al fin del mundo —respondió sin mirar atrás.
No me sorprendió. En el fondo, yo también esperaba que fuésemos allá. Que cruzáramos el límite de lo permitido y no miráramos jamás por encima del hombro. Que nos perdiéramos para siempre en un lugar donde nadie pudiera encontrarnos, donde el juicio no nos alcanzara.
Ya habíamos dejado atrás la última casa hacía rato. La carretera ahora estaba flanqueada por árboles oscuros y montañas silenciosas. El paisaje parecía sacado de una película de terror... pero, de algún modo, me resultaba tranquilizador.
—¿En qué piensas? —preguntó Dominic.
—En que me volví loca —admití, sin mirar al frente—. No sé por qué estoy haciendo esto.
—Pues a mí me gusta más Alice cuando está loca —dijo, y su risa llenó el coche como una canción que no quieres que termine nunca.
Era una risa peligrosa. De esas que hacen que bajes la guardia sin darte cuenta. Una risa que podía desarmarte si la escuchabas demasiado tiempo.
—Llegamos —anunció.
Bajamos del auto, y lo primero que vi fue una casa enorme. Nada como lo que imaginé. No era de cristal ni tenía torres góticas. No parecía el refugio de un ser inmortal. Era... una casa común. Como las que ves en los suburbios de Nueva York. Y tal vez por eso me inquietó más. Porque no parecía fuera de este mundo. Parecía que el monstruo podría vivir justo al lado de ti.
—¿Esperabas una mansión como la de los Cullen? —preguntó él, divertido.
—De hecho... sí.
Dominic sonrió. Y entonces me di cuenta de que estar con él me hacía sentir más libre de lo que estaba dispuesta a admitir. Tal vez porque él no esperaba nada de mí. Tal vez porque con él podía perderme sin dar explicaciones.
—No olvidaste lo que pasó esa noche, ¿verdad? —dijo en voz baja.
Lo miré en silencio. No necesitaba responder. Y él lo sabía.
—No. Y no creo que pueda olvidarlo nunca.
◁FLASHBACK▶▷
—¿Qué haces aquí?
Mi voz fue un susurro entrecortado por el susto. Dominic estaba de pie al pie de mi cama, como si hubiera surgido de la oscuridad misma. Su figura se recortaba en la penumbra con una presencia que erizaba la piel.
—Solo quería ver cómo estabas —dijo él, con una calma que me crispó los nervios.
—¿Pero cómo entraste? ¿Cómo supiste dónde...?
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ERES MIA
VampirosUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
