Alice.
—Alice... ¿estás bien? —preguntó Elif, frunciendo el ceño—. Te ves... pálida.
No respondí. Mi mirada seguía fija en la pantalla del celular, aunque ya había leído el mensaje demasiadas veces. Afuera, la nieve caía lenta, espesa, deformando las luces del restaurante contra el vidrio, como si el mundo estuviera siendo suavemente borrado. Pero dentro de mí... algo no encajaba.
"Tu peor pesadilla."
No era la frase. Era la certeza que venía con ella.
—Alice —insistió Elif—. ¿Qué pasa?
Parpadeé. El ruido volvió de golpe: platos, conversaciones, risas. Todo seguía exactamente igual. Demasiado igual.
—Estoy bien —dije.
Mentira.
Jasper no habló enseguida. Solo me observó. Con esa forma suya de mirar cuando algo no le gustaba.
—¿Qué pasó?
Bajé el celular un poco. Dudé. No por miedo. Por intuición.
—Me escribió alguien.
Elif extendió la mano, pero Jasper se adelantó y tomó el teléfono primero. Sus ojos recorrieron la pantalla con rapidez... y luego más lento. Se lo pasó a Elif sin comentar nada. Eso bastó.
—...esto no me gusta —murmuró ella.
Cameron se inclinó por detrás.
—¿Número desconocido?
—Sí.
—Bloquéalo.
—No.
Respondí demasiado rápido. Todos me miraron. Exhalé despacio.
—No es eso.
No supe explicarlo mejor. Pero lo sentía. Bloquearlo no iba a cambiar nada.
—Deberíamos irnos —dijo Elif.
—¿Por un mensaje? —murmuró Liam, aunque ya sin convicción.
—Sí. Por esto.
Hubo un silencio breve. Nadie discutió. Eso fue lo más raro.
—Pidamos la comida para llevar —añadió Cameron.
—Yo quiero comer aquí —dijo Liam.
Lo miramos todos.
—¿Qué? —se defendió—. Si voy a asustarme, prefiero hacerlo con comida.
—No estás asustado —murmuré.
—Todavía no.
Eso sí fue honesto.
—Vámonos —dijo Jasper, poniéndose de pie.
Todos comenzaron a moverse. Menos yo. Me quedé sentada, mirando la mesa, aferrándome a algo que ya no estaba ahí. Normalidad.
—Alice —dijo Jasper, extendiendo la mano.
Negué apenas.
—Quiero quedarme.
No sonó infantil. Sonó... cansado.
Jasper sostuvo mi mirada unos segundos.
—No es buena idea.
—Tampoco lo era venir —respondí.
Cameron suspiró.
—Esta noche decidió ponerse interesante.
Jasper no discutió más. Rodeó la mesa y giró ligeramente mi silla.
—Nos vamos.
No fue brusco. Pero tampoco opcional.
Lo miré un segundo más.
Y esta vez... cedí.
El frío nos golpeó apenas salimos. Más fuerte de lo esperado. Las luces navideñas seguían ahí, reflejándose en la nieve como si todo fuera normal. Pero algo ya no lo era.
Caminamos. Elif y Cameron adelante. Jasper a mi lado. Yo... un paso atrás, sin darme cuenta. La sensación volvió. Esa incomodidad. No era miedo. Era... atención. Como si algo estuviera concentrado en mí.
Giré la cabeza. Nada. Solo gente. Solo nieve.
Seguí caminando. Más rápido.
La casa nos recibió con silencio. Demasiado limpio. Demasiado quieto. Subí sin decir mucho, cerré la puerta y saqué el celular. Había nuevos mensajes.
Número desconocido:
Te fuiste demasiado rápido.
Mi pulso se aceleró.
Otro.
Número desconocido:
Esperé más de lo necesario.
Tragué saliva. Eso no era coincidencia. No era una suposición. Había estado ahí.
Escribí.
Yo:
Déjame en paz.
La respuesta llegó de inmediato.
Número desconocido:
Todavía no.
Mi mandíbula se tensó.
Yo:
¿Quién eres?
Silencio. Un segundo. Dos.
Número desconocido:
Alguien que no necesita presentarse.
El aire en la habitación cambió. Sutil, pero suficiente.
Número desconocido:
Mañana vas a sonreír frente a todos.
No preguntó. Afirmó.
Número desconocido:
Y yo voy a estar ahí.
Sentí un frío recorrerme la espalda. No por la frase. Por la seguridad.
Yo:
No sabes nada de mí.
La respuesta tardó más que las anteriores.
Número desconocido:
Sé lo suficiente.
Pausa.
Número desconocido:
No hagas nada que me obligue a intervenir.
Eso me detuvo. No era una amenaza directa. Era peor. Era control.
La pantalla quedó en silencio. Pero la sensación no.
Me quedé quieta. Escuchando.
Y entonces—
un sonido leve.
Afuera.
No dentro.
Afuera.
Como pasos sobre la nieve.
Me acerqué a la ventana lentamente y corrí apenas la cortina. La calle estaba vacía. Las huellas... no.
Había marcas recientes en la nieve. Frescas. Detenidas justo frente a la casa.
Mi respiración se volvió más lenta. Más controlada. Más consciente.
Porque ya no era una duda.
No era una idea.
No era paranoia.
Era simple.
Alguien no estaba jugando conmigo.
Alguien ya había estado ahí.
Y, por la forma en que todo se sentía...
no estaba segura de que se hubiera ido.
Instagram: Tatiana_rojasb
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ERES MIA
ParanormalUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
