Mi peor pesadilla tiene número desconocido
—Alice, ¿estás bien? —preguntó Elif, frunciendo el ceño—. Te ves... pálida.
Mi mirada seguía fija en la pantalla del celular. Sentí como si el tiempo se congelara. Literalmente. Afuera la nieve caía lenta y espesa sobre la ventanilla del restaurante, cubriendo todo con una capa blanca como si el invierno quisiera esconder el mundo. Pero nada de eso me distrajo.
"Tu peor pesadilla", decía el mensaje.
¿Quién rayos se atrevería a escribir eso? Digo, no es que sea la persona más adorable del planeta, pero tampoco recuerdo haber provocado a alguien como para que me mandara amenazas pasivo-agresivas mientras ceno pizza con mis amigos en plena Navidad. Bueno... excepto Cassandra. Pero aunque esa bruja se robe el protagonismo en mi lista negra, ella es más de las que hacen sus locuras en público. No de las que mandan mensajitos anónimos con sonrisitas escalofriantes.
—¿Quién fue? —pregunté con voz tensa, levantándome de la silla como si algo me impulsara desde el pecho.
Todos se giraron a mirarme. Jasper frunció el ceño.
—¿De qué hablas?
—Alice... ¿segura que estás bien? —intervino Elif con cautela.
Mi corazón palpitaba con fuerza. Me sentía como una bomba a punto de explotar.
—¡Quiero que me digan quién me escribió ese estúpido mensaje! —bufé, y mis palabras rebotaron contra las paredes del pequeño restaurante decorado con luces rojas y verdes, bastones de caramelo y un pino navideño que parecía salido de una postal.
—Alice, siéntate. ¿De qué mensaje hablas? —preguntó Ian, mientras tomaba su vaso de chocolate caliente.
Tragué saliva. Sentía las miradas clavadas en mí como si de verdad me hubiera vuelto loca. Respiré hondo y regresé a mi asiento. Pero no podía quedarme callada. No después de eso.
—¿Quién diablos es mi peor pesadilla? —grité, y el murmullo general del restaurante cesó como si alguien hubiera apagado el sonido de fondo.
El silencio fue tan incómodo que pude escuchar cómo la nieve golpeaba suavemente contra la ventana.
—¿De qué pesadilla hablas? Alice, nos estás asustando —dijo Liam, dejando a medias su porción de pizza.
Jasper, sin decir palabra, me quitó el celular con suavidad. Lo miró por un instante antes de pasárselo a Elif, quien lo tomó con una mezcla de confusión y alarma.
—Deberían ver esto —dijo, su voz más baja de lo normal.
Los chicos se agruparon detrás de ella como si estuvieran viendo una escena crucial de una película de terror.
—"Tu peor pesadilla", dice... ¿qué demonios? —Elif leyó en voz alta, mientras las luces navideñas parpadeaban detrás de ella.
—Deberíamos volver a casa —propuso con firmeza.
—Pero... si aún no cenamos —protesté, haciendo un puchero que no surtió ningún efecto. Mi estómago rugía de indignación, pero mi mente aún trataba de procesar lo que estaba pasando.
—Estoy de acuerdo con Elif —opinó Cameron, que rara vez se metía en discusiones.
—¡Yo quiero cenar aquí! —chilló Liam desde el otro lado de la mesa.
Todos lo miramos con la misma cara: esa de "¿en serio, Liam?".
—Está bien, vámonos —dijo finalmente, alzando las manos como si acabara de rendirse ante la mafia.
Todos se levantaron, menos yo. Me quedé sentada, aferrada a mi idea de que esta noche debía ser normal. Que esa broma —porque era una broma, ¿verdad?— no nos arruinaría la noche.
—Alice, vamos —insistió Jasper, extendiéndome la mano.
—¡No! ¡Quiero comer aquí! —repliqué como niña caprichosa, cruzándome de brazos.
—Sabía que eras inmadura, pero no tanto —bufó Erick.
Me giré a verlo, lista para lanzarle una servilleta en la cara.
—Esta es tu última oportunidad —advirtió Jasper con ese tono autoritario que solo usaba cuando estaba realmente molesto—. Quiero que lleves ese sexy trasero al auto ahora mismo.
—¿Y si no? —pregunté alzando una ceja, divertida.
—No me provoque, señorita Morgan. Lo mejor será que haga lo que le he pedido.
—¿Y si no quiero? —volví a desafiarlo, mirando directo a sus ojos.
—Luego no te quejes cuando llegue tu castigo.
Y antes de poder protestar o armar otro berrinche, me cargó al hombro como costal de papas. Todos soltaron una risa incómoda mientras yo berreaba de indignación.
—¡Esto es abuso! ¡Alguien llame a Santa Claus!
El frío nos golpeó apenas salimos del restaurante. Las luces navideñas titilaban sobre los tejados, la nieve caía en grandes copos y las calles estaban cubiertas con una alfombra blanca. Alaska parecía una bola de nieve mágica... pero yo no podía pensar en otra cosa que en ese maldito mensaje.
Jasper y yo regresamos a casa con Elif y Cameron. Los demás se quedaron a pedir la cena para llevar. Nadie hablaba mucho. Ni siquiera yo.
Ya en casa, revisé el celular por impulso. Tenía nuevos mensajes.
⸻
Nro. desconocido:
No pensé que te fueras tan pronto :( Esperé tanto para verte, y tú te marchaste sin despedirte.
Alic:
Déjame en paz.
Nro. desconocido:
*Así no se trata a los viejos amigos :) *
¿Qué te parece si nos vemos mañana en la cena?
Alic:
Esto ya no es divertido. Dime quién eres.
Nro. desconocido:
*Ya te lo dije... tu peor pesadilla. Ahora espero que mañana te arregles para nuestra primera cita ;) *
⸻
Me quedé helada, y no por el frío de diciembre. Una cosa era una broma en plena Navidad. Otra muy distinta... era que alguien supiera exactamente dónde estaría mañana.
Y que estuviera esperando por mí.
#TeAmDominic
#TeAmJasper
O
#TeAmAlguienMas
Instagram: Tatiana_rojasb
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ERES MIA
VampirUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
