Capítulo |31•|

12.8K 824 37
                                        



No soy Rosalie.

Bajamos del auto y entramos a la morgue. El cuerpo de Anna había sido dejado en un coche cerca del lago. Aaron llamó a Dominic para que se quedara cuidando el cuerpo de mi amiga. Aún no entiendo qué clase de relación tienen estos dos idiotas, pero por el momento prefiero no preguntar.

—¿Dónde fue el accidente? —pregunta un joven que no parece tener más de veintitrés años.

—Cerca del lago, a las afueras de Nueva York —responde Aaron por mí. Yo apenas puedo sostenerme sin que las lágrimas me nublen la vista.

—Venga con nosotros, lo llevaremos —añade, y el joven asiente.

Subimos nuevamente al coche. Es ahí cuando noto que mi camisa está completamente empapada en sangre.

—¿Cómo es que no ha notado esto? —pregunto, señalando la mancha.

Aaron sonríe con ese aire de superioridad que a veces me resulta tan irritante.

—Ya te lo dije... Adorabas que hiciera eso con los humanos cuando venías a verme.

Asiento, aunque sé perfectamente que se refiere a Rosalie, no a mí. Y no puedo evitar sentir celos. Sé que, supuestamente, yo soy ella... o al menos eso quieren hacerme creer. Pero no puedo evitar sentir rabia. Aaron no está conmigo. Está con lo que queda de Rosalie.

—¿Estás bien?

—Mi mejor amiga acaba de morir por culpa de un maldito chupasangre. Estoy de maravilla —respondo con sarcasmo, girando los ojos.

Aaron me lanza una mirada molesta, pero no digo nada más. Estoy agotada. Solo quiero dormir una semana entera... aunque sé que no puedo. Tengo que asegurarme de que Anna tenga el funeral que merece. Y tengo que planear cómo voy a vengarme de Williams.

Además... todavía no sé nada de mis padres. Y aunque gran parte de esta pesadilla empezó por su culpa, no voy a dejar que mueran como Anna.

—Rosalie, sabes...

—No soy Rosalie —lo corto de inmediato, alzando la voz. —Soy Alice. A-L-I-C-E —deletreo con rabia—. Rosalie murió. Y no sé por qué diablos tuve que ser su maldita reencarnación, pero si esperas que actúe como ella, estás muy equivocado.

Aaron aprieta la mandíbula y desvía la mirada hacia la carretera. El silencio se apodera del coche. Y por primera vez en mucho tiempo, no me importa si está dolido. Mi vida se está desmoronando y no tengo espacio para complacer egos sobrenaturales.

—Alice —dice tras varios minutos—. Quiero que sepas que si estoy contigo, es porque te quiero.

—¿Me quieres? —repito con amargura—. Si no fuera la reencarnación de Rosalie, ¿seguirías aquí?

Guarda silencio por un momento.

—No puedo mentirte. Al principio te busqué porque eras ella... Pero luego te conocí a ti. Y hubo algo... una conexión. No la entendí al comienzo. Pero existe.

Se detiene en el arcén y gira para mirarme.

—Sé que este no es el momento adecuado. Lo sé. Pero aun así, quiero pedirte... que seas mi novia.

Sus palabras me atraviesan como un puñal. Me quedo muda. ¿Lo quiero? Sí, de alguna forma. Pero también quiero a Jasper. Y Dominic... bueno, con él hay una atracción innegable. Y ahora, justo después de ver morir a mi mejor amiga, Aaron me suelta esto.

—Aaron —digo, respirando hondo—. No puedo. No ahora.

Sus cejas se fruncen, pero no replica.

—No sé si lo que siento por ti es real, o si viene de ella. Y tampoco sé si lo que tú sientes es por mí... o por Rosalie. Y además —trago saliva—, acabo de perder a Anna. No puedo tomar decisiones con el corazón roto.

Aaron asiente lentamente y pone el coche en marcha sin decir nada más. Agradezco que no insista.

◆◇◆◇◆◇

Nos detenemos a unos metros de distancia del coche donde está el cuerpo de Anna. Un escalofrío recorre mi espalda.

—¿Estás bien?

—No creo que pueda dar una declaración. Puedes explicarlo tú. Déjame aquí.

Aaron asiente, se baja del coche, y el joven de la morgue lo sigue.

—Hola.

Pego un brinco. Dominic está en el asiento trasero, sonriendo como si nada.

—¡¿Qué diablos te pasa?! ¡Pudiste matarme de un infarto!

—Pude... pero no lo hice. Tranquila —sonríe—. Ahora dime, ¿cómo murió Anna?

—No quiero hablar de eso —respondo, pestañeando para disipar las lágrimas. —Mejor dime tú... ¿de dónde conoces a Aaron?

Dominic frunce el ceño, como si no esperara la pregunta.

—¿No te lo ha dicho?

—¿Qué?

—Lo conozco desde antes de que el tiempo se dividiera entre luz y sombra. Coincidimos cuando el mundo era otra cosa... cuando las guerras entre ángeles apenas comenzaban.

—¿Y por qué estás con él ahora? —pregunto, aún más confundida.

—Porque algo grande se avecina, Alice. Y aunque lo odié en su momento... ahora necesito estar cerca. Y tú también deberías estarlo.

Lo miro, desconcertada. Dominic se pone más serio.

—Aaron es Luzbel, Alice. El ángel caído. El que fue creado con libre albedrío. Él no ama humanos. Nunca lo hizo. Solo amó a una... y ella no era humana.

Mis labios tiemblan.

—Rosalie... —susurro.

—Exacto. Y si tú eres ella, eso te convierte en algo más que humana. Aunque no lo recuerdes, hay muchos que sí lo hacen.

—¿Qué quieres decir?

—Que pronto vas a tener que elegir. Como lo hiciste antes. Esta vez, con plena conciencia.

Miro por la ventana. A lo lejos, veo a Aaron regresando. Dominic también lo nota.

—Escucha —dice rápidamente—. No le digas que hablamos. Aún no.

—¿Terminaste? —pregunta Aaron, abriendo la puerta del coche.

—Sí... ya regresé —dice Dominic, deslizándose fuera del auto con esa actitud indiferente tan suya.

—¿Algún problema?

—Nada que valga la pena recordar —responde con una sonrisa sarcástica.

Aaron me observa en silencio por unos segundos.

—Tus padres... —empieza, como si supiera lo que pienso—. Siguen con vida. Williams los tiene. Pero no podemos actuar aún. No sin arriesgar todo.

—¿Y por qué no lo mataste cuando pudiste? —pregunto, con un nudo en la garganta.

Aaron mira al frente.

—Porque Williams no es un simple vampiro. Es uno de los Primeros. Creado por Lilith, antes incluso de que los humanos caminaran la tierra. Su alma está ligada a la oscuridad de una forma que ni siquiera yo puedo destruir sin consecuencias.

Mi piel se eriza.

—Entonces, ¿qué hacemos?

Aaron arranca el coche.

—Esperar. Y prepararnos para lo que viene.

Cierro los ojos. No sé en qué momento mi vida se convirtió en esto. Solo sé que ya no hay vuelta atrás.

ERES MIA  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora