•Punto de quiebre
Aunque todo lo que Marcus me dijo ayudó a esclarecer parte del caos que me rodea, aún hay cosas que no logro comprender.
Por ejemplo, ¿cómo es posible que Dominic y Jasper sientan una conexión tan intensa conmigo si aún no se han cumplido los cien años reglamentarios para que sus almas gemelas aparezcan?
Es como si las reglas del mundo sobrenatural estuvieran retorciéndose a mi alrededor.
La puerta de la cabaña se abre de golpe. Anna entra corriendo, y en cuanto me ve, se lanza directo a mis brazos.
Una parte de mí se llena de alivio al comprobar que está viva, pero la otra... la otra deseaba que estuviera a salvo en su casa. Que esto fuese una trampa. Que yo fuera la única en peligro.
—Alice —susurra entre sollozos—. Ellos... ellos no son humanos.
Su voz suena como la de una niña que acaba de despertar de una pesadilla, y su cuerpo tiembla sin control. Parece en estado de shock.
—Tranquila, Anna, tranquila —le digo mientras la abrazo con fuerza—. Ya estás conmigo. Ya todo va a estar bien, ¿sí?
No sé si intento calmarla a ella... o convencerme a mí misma.
—Perdón por la demora —interrumpe una voz burlona.
Williams entra en la cabaña como si fuera su castillo, seguido por Aaron. Su sonrisa es un veneno elegante.
—Tu amiguita se puso un tanto... rebelde.
Me aparto de Anna y la reviso de inmediato. Cuando levanta la cabeza, mi estómago se retuerce: tiene varios moretones marcados en el rostro. Me hierve la sangre.
—Maldito... —mascullo, sintiendo cómo la ira me nubla la vista—. ¡Ese no era el trato!
—A ver, mi querida Alice —responde con fingida amabilidad—, el trato era mantenerla con vida. Y eso hice.
Su sonrisa altanera fue la gota que derramó el vaso. Me lanzo hacia él, pero Aaron me sujeta antes de que logre alcanzarlo.
—¡Suéltame, maldita sea! —grito, forcejeando con él—. ¡Que me sueltes!
Anna, desesperada, toma un jarrón y lo estrella contra la cabeza de Aaron. El impacto suena seco... pero él ni se inmuta.
—Escúchame bien, muñeca —dice Williams, avanzando hacia Anna con una calma aterradora—. Este es mi mundo. Y aquí, se hace lo que yo diga.
La toma del cuello y la estampa con violencia contra la pared de la cocina. Anna jadea, sin aire.
Aaron me suelta de inmediato y se abalanza sobre Williams. Este se ríe.
—Tienes agallas, Cullen —lo provoca con desprecio—. Aunque nadie sabe exactamente qué demonios eres... lo que sí sé es que no eres de los nuestros. Y eso te deja... abajo en la cadena.
Su burla suena más a inseguridad que a poder. Williams no lo sabe, pero los demás sí: Aaron no es un simple humano. No es vampiro. Es algo más antiguo. Más peligroso.
Y aunque Marcus y los demás lo respetan, Williams... no. Porque Williams jamás lo ha visto en acción. No estuvo aquel día en que Aaron defendió a Marcus y su familia.
Y además... Williams proviene del linaje del mismísimo Conde Drácula. Él se cree superior por sangre. Intocable.
—¿Te vas a inclinar ante mí o vas a seguir con tu espectáculo? —añade Williams con sarcasmo.
Aaron no responde. Lo toma del cuello y lo estrella con brutalidad contra la misma pared donde segundos antes él había golpeado a Anna.
Williams no se lo esperaba. Y por primera vez, en sus ojos, aparece una chispa de duda.
Aprovecho el caos para tomar a Anna y arrastrarla hacia la salida. Pero justo cuando creo que podemos escapar, Marcus se interpone.
—Por favor... —le suplico, al ver que Anna comienza a sangrar por la frente—. Dijiste que ya habías cenado.
Me observa con una sonrisa torcida. Sus ojos, completamente rojos, brillan como carbones encendidos.
—Siempre hay lugar para un buen aperitivo —susurra.
Dejo a Anna en el suelo y me pongo de pie para enfrentarlo, aunque sé que su fuerza es abrumadora.
—Si la quieres, tendrás que pasar sobre mí primero.
Sé lo estúpido que suena. Sé que podría matarme en un parpadeo. Pero no pienso dar un paso atrás.
—Me encanta tu actitud —dice, inclinándose hacia mí—. Pero lo que más me gusta... es la sangre.
Me toma del cuello y me lanza al suelo como si fuera de papel. Golpeo el piso con fuerza. El aire se me va de los pulmones. Veo borroso.
Necesito detenerlo. Necesito alejarlo de Anna.
Entonces lo veo: una tabla de madera arrancada de la pared durante la pelea. Está cerca, pero fuera de mi alcance. Si me muevo ahora, él irá directo a Anna.
—Date por vencida, muñeca —gruñe Marcus.
Coloca su pie sobre mi rodilla y presiona. El hueso cruje como una rama seca. Grito. El dolor es insoportable.
No puedo levantarme. Pero al menos logré desviar su atención de ella.
—¿Qué te parece si dejamos a tu amiga para el postre... y empezamos contigo?
Con lo poco que me queda, asiento y le hago señas a Anna para que huya. Pero, como siempre, ella hace lo contrario. Se pone de pie.
—¡Déjala en paz, maldito muerto viviente! —grita, levantando la tabla como si fuera una lanza—. Hoy... regresarás al infierno.
Se lanza contra él. Marcus la detiene sin esfuerzo, la derriba y le arrebata el arma.
Yo me arrastro, jadeando, hacia donde cayó el pedazo de madera. Lo alcanzo.
Marcus se inclina sobre Anna, acercando los colmillos a su cuello. Ella lucha, patalea, grita.
Me levanto temblando y, con un grito ahogado, le clavo la estaca en el pecho.
Marcus se aparta. Se la arranca del cuerpo como si fuera una astilla, y se incorpora con una sonrisa retorcida.
—¿De verdad crees en todo lo que ves en las películas? —escupe—. ¿Por qué no pruebas con agua bendita la próxima vez?
Se acerca a mí. Su rostro ya no parece humano. Los colmillos son más largos. Los ojos, rojo puro. El gris que una vez hubo en ellos ha desaparecido.
Aaron está ocupado con Williams. Anna no se mueve.
Estoy sola. Completamente sola.
Y por primera vez desde que todo esto comenzó, lo acepto con el alma en la garganta:
Esta vez, no saldré viva de aquí.
Y lo peor de todo... es que lo sabía desde el principio.
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ERES MIA
VampireUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
