Capítulo |29•|

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Alice

Capítulo 29

Punto de quiebre

Seguí a Marcus fuera de la cabaña.

La lluvia se había convertido en una neblina fina que parecía flotar entre los árboles. Cada respiración sabía a tierra húmeda, madera podrida y agua estancada. El lago permanecía inmóvil. Demasiado inmóvil.

Durante toda mi vida pensé que la muerte sería silenciosa. Ahora entendía que no. La muerte hace ruido. Cruje entre las ramas. Respira detrás de uno. Espera.

—¿Qué quiso decir Williams? —pregunté.

Marcus siguió caminando sin apresurarse.
—¿Sobre qué?

—Sobre perder.

Una sonrisa apareció en la esquina de su boca.
—¿Te preocupa?

Apreté los dientes. —Deja de responder preguntas con preguntas.

—Y tú deja de hacer preguntas cuyas respuestas no quieres escuchar.— Pronunció algo exasperado.

No insistí. Seguimos avanzando mientras la niebla se hacía cada vez más espesa alrededor del sendero.

Entonces escuché un grito, todo mi cuerpo se paralizó. No porque reconociera la voz. Al contrario, la reconocí al instante, era Anna.

—¡Alice!— Gritó.

Corrí. Las ramas me golpeaban el rostro. El barro resbalaba bajo mis pies. Mi respiración quemaba mis pulmones. No pensaba. No razonaba. Solo corría. Detrás de mí, Marcus no hizo nada para detenerme.

Eso debió advertirme.

Pero el terror vuelve estúpida a la gente.

Y yo estaba aterrada.

Atravesé los árboles y entonces la vi.
Anna estaba de rodillas frente al lago. Tenía las manos atadas detrás de la espalda, la ropa manchada de barro y un hematoma oscuro extendiéndose por uno de sus pómulos. Pero no fueron los golpes lo que me destrozó. Fue su expresión, Anna parecía una niña perdida y yo jamás había visto a Anna parecer una niña.

—Anna...— Pronuncié su nombre con calma, como si con eso pudiese hacer que se sintiera mejor.  Ella levantó la cabeza y las lágrimas comenzaron a rodar de inmediato.

—No debiste venir.— Sus palabras venían acompañadas de pequeños quejidos.

Mi garganta se cerró. Porque esas eran exactamente las palabras que yo habría dicho si nuestras posiciones estuvieran invertidas.

—Voy a sacarte de aquí.

Anna negó con la cabeza. —Alice...

—Voy a sacarte de aquí.

—No puedes.— Comentó ella.

—Sí puedo.

—No!.— Aquella última respuesta no salió de los labios de Anna.

Williams emergió lentamente de la niebla, como si el propio bosque lo hubiera escupido. Vestía completamente de negro. La lluvia no parecía tocarlo. Tampoco el barro ni el frío. Parecía una fotografía arrancada de otra época, algo que no pertenecía a ese lugar. Precisamente por eso resultaba tan perturbador.

—No puedes —repitió Williams.

Marcus apareció a mi lado. No escuché sus pasos. Simplemente estaba allí.

—Porque esto nunca se trató de rescatarla.— Continuó el.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

ERES MIA  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora