Alice.
Corrí hacia Elif con el cuerpo adelantándose a todo lo demás, como si alcanzarla pudiera revertir lo que acababa de pasar. La nieve se hundía bajo mis pies y el aire helado me raspaba la garganta en cada respiración.
Cuando me arrodillé a su lado, ya estaba pálida.
La sangre se extendía desde su costado, oscura, densa, manchando la tela sin prisa. No era un chorro. Era algo que se abría y no pensaba cerrarse.
—Elif... —le tomé el rostro con cuidado—. Ey... mírame.
Tardó un segundo, pero me encontró. Sus dedos se aferraron a los míos.
—Alice... —jadeó—. No me dejes...
—No —respondí de inmediato—. No te dejo.
Intenté levantarla. Su cuerpo no respondió. Lo intenté otra vez.
Nada.
—Vamos... —insistí, moviéndola con cuidado—. Vamos, por favor...
—Ahí está.
La voz llegó desde atrás.
No fue un grito. No hizo falta.
Giré la cabeza.
Dos figuras.
Oscuras. Quietas. Avanzando sin prisa, como si no hubiera necesidad de correr.
Elif apretó mi mano con más fuerza.
—No... —susurró, respirando mal.
Volví a intentar levantarla, pero su peso se me fue entre los brazos. Resbaló.
—Alice...
—¡Aquí! —una voz conocida cortó el aire.
Cameron apareció desde un costado, jadeando, con la mirada descompuesta.
—¡Dámela!
No dudé.
Le pasé a Elif. Él la sostuvo con dificultad, ajustándola contra su pecho.
—¡Sácala de aquí! —dije, sin mirarlo del todo.
—¿Y tú? — Preguntó Cameron.
—¡Vete!— le grite.
No volvió a insistir y se la llevó, desapareciendo entre el caos.
Eso fue lo último que vi de ellos.
Y entonces corrí.
El bosque me tragó.
No hubo transición.
Solo oscuridad.
Las ramas me golpeaban, se enganchaban en mi ropa, en mi cabello, tirando de mí hacia atrás. El suelo desaparecía bajo la nieve y cada paso se sentía mal, torcido, lento.
Pero lo peor no eran las ramas.
Era el silencio.
No era un silencio vacío.
Era un silencio que escuchaba.
—Se separó... —La voz llegó desde algún punto que no pude ubicar. No detrás. No adelante.
Cerca.
Demasiado.
Apreté los dientes y seguí corriendo. El aire me quemaba los pulmones, pero no podía bajar el ritmo.
No podía.
Algo cambió.
No en el bosque.
En mí.
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ERES MIA
ParanormalUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
