Capitulo |18•|

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¿Felices Fiestas?

—Te ves hermosa —pronunció Elif una vez terminó de maquillarme—. ¿Ves? Te dije que era buena idea que yo te arreglara.

—Gracias —dije, mientras me miraba al espejo. De verdad, quedé irreconocible.

Nunca me había visto así. Mis ojos resaltaban, mis labios tenían el tono exacto entre provocador e inocente, y el cabello me caía en ondas suaves sobre los hombros. Parecía otra versión de mí. Una que, sinceramente, me gustaba.

La cena navideña estaba por empezar. Después de compartir como cualquier familia normal, comenzaría la descontrolada rumba universitaria: la mayoría de las fraternidades habían confirmado que vendrían esta noche. Delta Gamma estaba a reventar de luces, música y aromas deliciosos.

Pero no era eso lo que me preocupaba.

Lo que realmente me inquietaba era la posibilidad de que se apareciera la persona que me ha estado enviando aquellos mensajes. No sé qué quiere de mí... o si, en realidad, es un viejo amigo como asegura ser. No importa cuántas veces lo relea, cada palabra suya me hiela la sangre.

Respiré profundo y bajamos a la sala. Todos ya estaban sentados a la mesa. Por un instante, parecía una postal navideña. Una muy sexy. La mayoría de los chicos iba con camisas blancas y suéteres oscuros; las chicas con vestidos brillantes, escotes sutiles y labios rojos. Eran como ángeles caídos de revista.

Con la mirada busqué a Jasper, quien me observaba con la boca abierta.

—Cierra la boca, que hay moscas —le gritó Elif, sin filtro.

Traté de no reír, pero me resultó imposible. Jasper se sonrojó como un niño atrapado viendo algo prohibido.

—Te ves hermoso —dije mientras me acercaba a él para besarlo en la mejilla. Fue solo un roce, pero el temblor en su sonrisa me hizo temblar a mí también.

—Y tú estás perfecta. Eres hermosa, Alice.

Lo dijo tan bajo, tan serio, que por un segundo sentí que el corazón se me iba a salir del pecho. ¿Cómo podía afectarme tanto alguien con quien ni siquiera tengo una relación oficial?

El timbre sonó y Elif corrió a abrir la puerta. Su expresión cambió, y la mía también, cuando vi entrar a los Carson.

—Antes de que lo preguntes —dijo mi amiga, mirándome con fastidio—, Erick los invitó.

Fulminé con la mirada a Erick, quien de inmediato se encogió de hombros.

—Mateo me dijo que lo hiciera.

Giré el cuello como si fuera la escena de El exorcista, y lo miré con incredulidad. Mateo, al notar mi reacción, tragó en seco.

—S-Son amigos —respondió rápidamente, desviando la mirada.

Ajá. Amigos.

Dominic, Nathan y Alex se sentaron. Nathan quedó al lado izquierdo de Elif, Alex al derecho, y Dominic justo al frente mío. Por supuesto. ¿Acaso no podía sentarse en otro lugar?

Traté de ignorarlo lo más que pude, pero sentía su mirada fija, esa que conocía tan bien, esa que me perturbaba más de lo que me gustaba admitir.

—¿Se te perdió algo? —pregunté, cortante.

—Mi corazón —respondió sin dudar.

—Eres estúpido —bufé, con el corazón latiendo más fuerte de lo que debía.

—Tú me...

—¡Basta! —gritó Ian desde el otro extremo de la mesa—. Cenaremos en paz, así que los dos se callan.

Asentimos como niños regañados. Silencio absoluto. Bueno, casi.

La cena fue tan rica como incómoda. Las luces tenues, el olor a canela, el pavo, las risas forzadas... Todo era una mezcla de emociones contenidas. Jasper me pasaba la mano por el muslo cada vez que Dominic me miraba demasiado, y yo fingía que no me importaba. Pero claro que me importaba. Me importaban demasiadas cosas.

Y ese era el problema.

[...]

Después de terminar la hermosa y deliciosa cena, los invitados comenzaron a llegar. Cada vez que alguien cruzaba la puerta, sentía cómo mi corazón latía más rápido y mi respiración se volvía más pesada.

—Estás muy nerviosa —dijo Elif a mis espaldas—. Vamos por un trago.

Asentí, agradecida, y nos dirigimos a la isla de la cocina para tomar algo. Jasper no tardó en llegar y se sentó con nosotras.

—Chicos, me voy a bailar —gritó Elif por encima de la música, con una sonrisa pícara.

La vimos desaparecer entre la multitud, bailando como si no hubiera un mañana.

—Nosotros también deberíamos bailar —susurró Jasper, tomando mi mano con seguridad.

Me dejé llevar.

Entre tragos y bailes, pasé un buen rato. Jasper y yo nos reíamos, nos tocábamos apenas, como si el roce de nuestras pieles dijera cosas que no estábamos preparados para pronunciar. Su mano en mi cintura, mis dedos enredados en su camisa. Era fácil perderse en él.

Pero entonces comenzó el mareo.

Jasper se había ido con los chicos a comprar más alcohol. Era el único sobrio, así que le tocó manejar. Me quedé sola, tambaleando, y regresé a la isla de la cocina para sentarme un rato.

No habían pasado muchos minutos cuando un sonido seco y brutal cortó el aire.

Un disparo.

El eco rebotó contra las paredes y el murmullo de la fiesta se convirtió en gritos. La música se apagó de golpe. Otro disparo. Y otro.

La gente empezó a correr como loca, tratando de salir de la casa. Algunos tropezaban, otros gritaban nombres. Empujones, vidrios rotos, tacones clavándose en el suelo. Era como estar dentro de una pesadilla.

Yo salí por la puerta trasera, desesperada, intentando encontrar a alguien conocido. Cualquiera.

Pero lo único que veía eran desconocidos huyendo, empujándose, cayendo. Ni rastro de Jasper. Ni rastro de los Carson. Se habían ido en cuanto terminó la cena. Lo sabía.

Mi respiración se volvía más pesada. El corazón me palpitaba en la garganta. Corrí, tropezando, empujando, gritando nombres que se perdían en medio del caos.

Y entonces la vi.

Elif.

A lo lejos, entre la niebla de cuerpos en pánico, su cabello rubio se movía como una señal de auxilio. Iba a llamarla. Iba a gritar su nombre.

Pero otro disparo me obligó a cerrarme la boca.

Y lo vi.

Lo vi todo.

La bala, el impacto, el cuerpo de Elif desplomándose en el suelo como una flor que se rinde.

Me quedé paralizada.

No pude gritar.

No pude correr.

Solo pude ver cómo mi mejor amiga caía en medio de una noche que se suponía que iba a ser inolvidable... por otras razones.




Instagram: Tatiana_rojasb

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