Capitulo |18•|

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Alice.

—Te ves hermosa —dijo Elif cuando terminó de maquillarme.

Lo dijo con esa seguridad suya, como si acabara de crear una obra maestra y esperara que el mundo entero se arrodillara frente a ella.

—¿Ves? Te dije que era buena idea que yo te arreglara.

Me miré al espejo.

Durante unos segundos, no respondí.

No porque no me gustara.

Sino porque no supe exactamente a quién estaba mirando.

El maquillaje resaltaba mis ojos de una forma extraña, casi incómoda. Mis labios tenían el tono perfecto, ese punto peligroso entre inocencia y provocación, y el cabello me caía en ondas suaves sobre los hombros como si alguien hubiera ordenado cada mechón con demasiada precisión.

Era yo.

Pero no del todo.

Había algo en mi reflejo que no parecía nuevo, aunque no podía decir que lo recordara. Una familiaridad rota. Como una canción escuchada en otra habitación, demasiado lejos para reconocerla, pero lo bastante cerca para saber que alguna vez la había sabido de memoria.

—Gracias —murmuré.

Elif me observó por el espejo, satisfecha.

—Deberías dejarme hacer esto más seguido. Te ves peligrosa.

Sonreí apenas.

No sabía si eso era un cumplido.

Y, peor todavía, no sabía por qué me gustaba.

La cena navideña estaba por empezar. Después de fingir durante un rato que éramos una familia normal, vendría la fiesta. Las fraternidades habían confirmado asistencia y Epsilon Theta estaba completamente transformada. Las luces cálidas recorrían las paredes, la música sonaba baja, casi elegante, y el aire olía a canela, comida recién hecha y alcohol escondido antes de tiempo.

Todo estaba en orden.

Demasiado en orden.

Como si alguien hubiera preparado un escenario perfecto para que algo horrible ocurriera sobre él.

Bajamos a la sala.

La mesa ya estaba servida y, por un instante, la escena fue tan bonita que me dio desconfianza. Los chicos llevaban camisas claras, suéteres oscuros, sonrisas relajadas. Elif brillaba a mi lado como si nada malo pudiera tocarla. Todo parecía sacado de una postal navideña, excepto por esa sensación en mi pecho, esa pequeña presión que no se iba.

Busqué a Jasper.

Él ya me estaba mirando.

Se quedó tan quieto que Elif no perdió la oportunidad.

—Cierra la boca, que hay moscas.

Jasper parpadeó, sonrojándose de inmediato.

Yo reí, y por un segundo el peso en mi pecho cedió.

—Te ves hermoso —le dije, acercándome lo suficiente para besarle la mejilla.

Solo eso.

Un roce breve.

Medido.

Seguro.

—Y tú estás perfecta —respondió en voz baja—. Eres hermosa, Alice.

Lo dijo con tanta sinceridad que no supe qué hacer con eso.

Jasper podía ser torpe, intenso y desesperante, pero había algo en su forma de mirarme que me hacía sentir humana. Y esa noche, más que nunca, una parte de mí quería aferrarse a eso.

ERES MIA  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora