Ruido, Sombras y Verdades a Medias
Alice
El frío de Alaska me recibe como una bofetada en la cara. El aire helado se cuela bajo la bufanda y me corta los labios, pero no me quejo. Prefiero el frío al nudo en el estómago que llevo arrastrando desde el aeropuerto.
Jasper camina delante, su mochila colgada al hombro, como si llevara algo más pesado que ropa y recuerdos. Elif va a mi lado, cargando su maleta y lanzándome miradas nerviosas que evito.
Cuando subimos los escalones de la fraternidad, una parte de mí espera que todo haya cambiado. Pero no. La misma nieve sucia acumulada en las esquinas, las luces navideñas colgando a destiempo —tan típicas de estos inútiles—, y esa sensación de caos doméstico que flota en el aire.
Respiro hondo.
Al menos aquí, puedo fingir que todo está bien.
Elif abre la puerta, y la avalancha de ruido me golpea como un tren.
—¡La pródiga ha vuelto! —grita Nathan desde el sofá, lanzando un cojín al aire.
—¡Pensamos que te habían raptado los rusos! —suelta Erick, saliendo de la cocina con un tazón de cereales en la mano.
—¿O era un culto satánico? —pregunta Liam con dramatismo, apoyado contra la baranda de la escalera.
Las carcajadas se mezclan con el olor a pizza vieja y desorden. Los chicos me rodean, me abrazan, me empujan, me estrujan. Y yo sonrío. O finjo hacerlo.
Ellos no saben nada. Ninguno de ellos.
Y eso, por ahora, es lo mejor.
—¿Sabes que este año abrimos las convocatorias oficiales, no? —dice Erick, sonriendo—. Delta Gamma será oficialmente mixto. Tú y Elif nos abrieron la puerta... ahora vienen más chicas a domesticarnos.
—Suerte con eso —respondo, alzando una ceja.
Los chicos ríen. Las bromas siguen.
Pero mi mente... sigue en otro lado.
En la herida que no deja de arder en mi cuello. En el artefacto que Jasper esconde como si cargara el fin del mundo. En mis padres... que siguen sin aparecer.
Y en él.
En Aaron.
*********
En mi habitación, todo está exactamente igual. Mis libros, mi cama, el caos de papeles en el escritorio... y sin embargo, nada se siente igual.
Me dejo caer en la cama, agotada. La herida arde bajo la piel, punzante, constante. Hace días que quiero quejarme, pero la verdad es que no sé a quién, ni de qué serviría.
Los murmullos de los chicos siguen flotando por toda la casa. Elif se encerró en su cuarto. Jasper desapareció sin decir mucho. Solo quedaba el cansancio... y las preguntas.
Unos golpes suaves en la puerta.
—¿Puedo? —Dominic asoma la cabeza.
Asiento, sin fuerzas para negarme.
Él entra despacio, como si la habitación le perteneciera. Se sienta en el sillón frente a mi cama, las piernas cruzadas, esa postura relajada que no engaña a nadie.
Nos quedamos en silencio un momento. Lo observo.
Siempre tiene esa manera de mirarte, como si supiera lo que estás pensando, como si pudiera desarmarte en segundos.
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ERES MIA
VampirosUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
