Decisiones sin retorno
—¿Dónde mierda te habías metido, Alicia?
La voz de Elif me golpea apenas llego a la entrada, y lo primero que hace es usar ese maldito nombre que detesto. No me da ni un segundo de respiro. Su mirada es filosa, como si pudiera cortarme solo con verla.
—Te he dicho que no me llames así —respondo, con un tono tan seco que casi raspa. Pero mi voz tiembla un poco. Ella lo nota, por supuesto.
—¿Y por qué no? —replica con los brazos cruzados—. Te desapareces dos días, no respondes los mensajes, no das señales de vida... ¿y lo que te molesta es cómo te llamo?
No tengo una buena respuesta. Ni una excusa sólida. Ni siquiera una mentira que suene medianamente creíble. Solo estoy de pie ahí, temblando un poco, envuelta en mi propia torpeza emocional.
—Estaba... con alguien —murmuro.
—¿Qué "alguien"?
—Una amiga —respondo al instante. Y ya sé que metí la pata. Elif levanta una ceja. Me va a triturar.
—¿Una amiga? Alice, tu única amiga soy yo. Y si me vas a mentir, al menos hazlo bien. ¿Cómo se llama esa amiga?
—Eh... Au... Ma... Aumaria.
Elif se me queda mirando con una expresión seria. Y luego, simplemente, se echa a reír.
—¿¡Aumaria!? —dice entre carcajadas—. ¿Eso es un nombre o una mezcla entre agua marina y eucalipto?
Me echo a reír con ella, aliviada por dentro. El hielo se rompió, aunque haya sido con una torpeza ridícula.
—Eres tan pésima para mentir —dice finalmente, más relajada. Me mira de arriba abajo y suspira—. Está bien, no me lo vas a contar ahora. Pero esto no termina aquí. Después me dices dónde demonios estabas. Y con quién.
—Te lo juro, no fue nada malo —respondo con voz baja, aunque ni yo me creo.
—Lo dudo. Pero no tengo tiempo para pelear. Jasper quiere hablar contigo. Está en la sala, y parece que se va a desmayar de tanto esperarte.
Me paralizo.
—¿Qué? ¿Ahora?
—Sí, ahora. Y no pongas esa cara. Parece que te pilló robándote un banco. Anda, que yo me voy con Alex. Me cuentas después si terminan besándose... o matándose.
Me lanza un beso al aire y termina de bajar las escaleras de la entrada, para subirse a un coche y dejarme sola, con un nudo en el pecho y las piernas heladas.
⸻
Al entrar en la casa, el ambiente es extraño. Denso. Las risas que antes eran constantes ahora son apenas murmullos. Todos me miran. Como si estuvieran evaluando cada movimiento que hago. Como si supieran algo que yo aún no entiendo del todo.
Jasper está ahí. De pie, como una estatua. Inmóvil. Sus ojos, cargados de preguntas que no tengo cómo responder.
Y entonces, como una idiota, digo lo único que no debería:
—¡Feliz cumpleaños!
Mi voz resuena forzada, demasiado entusiasta para el contexto. Un intento inútil por llenar el silencio incómodo. Nadie responde. Jasper apenas parpadea.
Liam se me acerca. Su expresión es seria, su tono aún más bajo.
—La cagaste —susurra, sin ningún rastro de compasión.
ESTÁS LEYENDO
ERES MIA
VampireUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
