La guerra apenas comienza.
Cierro los ojos con fuerza mientras trato de pensar en algo que no sea mi funeral. Yo sabía que esto podía suceder, pero me había obligado a no pensarlo. Dicen que cuando estás a punto de morir, ves tu vida pasar como si fuese una especie de diapositiva... pero en mi mente, lo único que veía era la cara de Marcus y sus colmillos clavándose en mi cuello.
—Desde que te vi, soñé con este instante —habla, mientras pasa sus dedos sobre mi hombro izquierdo y deposita un pequeño beso en él.
La piel se me pone de gallina y trato de retroceder, pero para mi desdicha me encuentro pegada a la pared.
—No tienes que hacer esto —trato de negociar, pero él niega, divertido. Abre su boca y la dirige a mi cuello.
—Has firmado tu sentencia de muerte —afirma una voz que aparece justo cuando más la necesito... aunque aún no sé si eso es buena o mala señal.
Aarón toma a Marcus por el cuello y lo hace arrodillarse. Su mano aprieta con tanta fuerza que la piel del vampiro comienza a oscurecerse, a volverse negra, como si algo ardiera desde adentro. Escucho lamentos, incluso una que otra súplica, pero a Aarón parece no importarle. Aprieta más fuerte. Un olor nauseabundo empieza a filtrarse por toda la habitación.
Corro hacia Anna y lo primero que hago es revisar sus signos vitales. Para mi fortuna, mi mejor amiga aún se encuentra con vida. Está consciente.
—¿Recuerdas cuando juramos cuidarnos siempre? —comienza ella, con dificultad. Cada palabra es un esfuerzo—. Tú siempre me has cuidado a mí... y esta era mi oportunidad para devolverte el favor.
—Vas a estar bien —añado, tratando de que mi voz no se quiebre—. Te vamos a llevar al hospi...
—Shh... —me interrumpe, con una sonrisa dolorosa—. Ambas sabemos que, para cuando llegue al hospital, mi corazón habrá dejado de latir.
Trato de no llorar. Aprieto los ojos con fuerza para evitar que alguna lágrima escape. Necesito ser fuerte por Anna. No puedo desmoronarme ahora. Si lo hago, ella también lo hará. Y eso no lo puedo permitir.
—Anna, vamos a salir de esta. Siempre lo hemos hecho.
—Déjame revisarla —dice Aarón. Y es allí cuando caigo en cuenta de que no estamos solas. Estaba tan metida en mis pensamientos que olvidé todo lo que ocurría a mi alrededor...
Giro la cabeza y me encuentro con sus ojos azules, que me observan con esa mezcla entre poder y misterio. Asiento, dándole permiso para que revise a Anna. Aarón la observa con rapidez, y su rostro cambia. Frunce el ceño.
—Als —comienza. Por su cara, todas mis esperanzas se van por la borda—. Anna no sobrevivirá, y lo sabes. Su muerte cerebral será inminente en un par de minutos.
Cierro los ojos. Trato de respirar profundo. Calmarme antes de ir a hablar con Anna. No esperaba que esto fuera a suceder tan pronto... Imaginaba que terminaríamos la universidad, que nos casaríamos, que nuestros hijos crecerían como hermanos... No esperaba que el destino me diera un golpe tan certero. No tan rápido.
—¿Recuerdas cuando caí de la bicicleta que te compró tu mamá? —Anna asiente, y una pequeña sonrisa aparece en sus labios—. Me hice una herida en la rodilla, y me llevaste chocolates toda la semana mientras me repetías que te perdonara. Nunca hubo nada que perdonar... solo fingía estar molesta contigo para que me llevaras dulces.
—Cuando descubrí que me mentías, fingí caerme de las escaleras para que tú me llevaras golosinas. Fue tan divertido —concluye, y ambas reímos. Solo por un segundo.
ESTÁS LEYENDO
ERES MIA
VampirosUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
