La amistad entre un hombre y una mujer, el debate de siempre.
¿Qué tan cierto es eso de que un hombre y una mujer no pueden ser amigos?
¿Quien formuló aquella máxima? Y lo más importante, ¿por qué lo hizo?
El amor ha cambiad...
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ECHO PARK
1:00PM
Había pasado una semana desde que se había estrenado la película, lo que equivalía a que hacia también una semana había descubierto lo idiota que era Zack.
Gracias a las sesiones fotográficas que había tenido durante esa semana y a las palabras de apoyo de Alex, había logrado superar el sabor amargo que me dejó el rompimiento y en esos momentos estaba mucho mejor.
Desafortunadamente y como era de esperarse, con Alex solo nos habíamos podido ver en una ocasión ya que los medios lo habían atosigado todos los días.
Dejé el auto frente a casa y caminé por el sendero de entrada cuando me detuve de golpe al reconocer que algo raro estaba pasando.
Salía música de la casa y estaba segura de que no había dejado nada encendido, al menos que yo recordara.
«¿Y si llamaba a la policía?»
«¿Y si había dejado encendido el televisor en el canal de música que solía ver cada mañana mientras desayunaba y me ganaba un regaño por parte de los policías?»
Decidida a enfrentar lo que estuviera dentro de mi casa, saqué las llaves y comprobé que la cerradura no estaba forzada. Suspiré aliviada.
«Seguro había dejado la televisión encendida», pensé recriminándome aquel desfase.
Sin embargo, mi confianza se esfumó al ver a los pies del recibidor una maleta enorme.
«¡Seguro era donde pensaban poner todas mis cosas!», pensé con alerta.
Dispuesta a marcharme sin mirar atrás y llamar al 911, retrocedí un paso cuando una cara muy familiar y con mi delantal amarrado a sus caderas salió de la cocina.
—¿Qué carajos haces tú aquí? ¿No es el día de tu boda? —repliqué cuando por fin pude hablar. El ladrón no era un ladrón, era Chloe, mi prima.
—Lo dejé —explicó encogiéndose de hombros.
La miré con extrañeza. —¿El día de la boda? ¿Estás loca?
—No es el hombre de mi vida —respondió con indiferencia.
—¿El día de la boda? —repetí aun conmocionada.
—¡Deja de decir eso, Marivi! —regañó.
—Voy a intentarlo, pero no te prometo nada —dije. Agradeció con su mirada, pero yo aún no podía dejar de pensar en lo que estaba sucediendo—. ¡Definitivamente estás loca! —repliqué finalmente.
—¡Oh vamos! Creo que prefiero "¿El día de la boda?" —repuso con voz chillona.
Omití su tono de voz. —¿Lo sabe tía Carla? —pregunté.