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Capítulo 46

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PORTER RANCH

6:15 PM

A pesar de todo me parecía maravillosa la manera en la que, aun cuando decía estar enojada, terminaba teniendo ese tipo de encuentros pasionales con Alexander.

Y no era que me alegrara que pudiera manejar mi voluntad de esa forma, pero sabía que por mas que lo intentara, ya era demasiado tarde para evitar que lo que sentía por Alex no me afectara. Nunca me había pasado eso antes en ninguna de mis relaciones, así que, a pesar de la culpabilidad que se cernía en mi contra, una parte de mí se sentía plena.

Como siempre y como era de esperarse, luego de que Alex y yo estuviéramos juntos, él se había marchado.

Los días seguían pasando y él me había prometido que trataría de reanudar su relación con Lane, así fuera solamente en el aspecto físico para evitar que siguiera armándose películas en la cabeza, por mas de que estas fueran ciertas. Eso apaciguaba las cosas por el momento, pero como cualquier persona sensata, yo creía que quizá era mejor decir la verdad.

Yo podía hacerlo, no le tenía miedo a Lane, pero de alguna manera sí tenía miedo de lo que podría suceder a mi alrededor, o más específicamente con Alex.

¿Qué pasaba si Alex si divorciaba y luego la relación entre nosotros no funcionaba? ¿Si todo tenía que ver con la adrenalina combinada con los más de veinte años de confidencias?

Una llamada de Alex invitándome a cenar borró de golpe mis pensamientos y con una sonrisa en mi rostro corrí a prepararme para la cita.

Alex se había encargado de encontrar el restaurante más alejado de la ciudad, al parecer dueño de un viejo amigo, en el que había reservado un saloncito privado para ambos.

El restaurante consistía en un lugar de comida asiática donde había dos dependencias: una para el público general, en la que había mesas individuales, para dos, familiares y demás; y una VIP, como la que había reservado, en la que se tenía mesero personal y se contaba con intimidad.

Estacioné afuera del restaurante y con mis ojos busqué el auto de Alex, ya que habíamos quedado de vernos afuera y entrar juntos.

Encontré el auto, pero no vi a nadie allí y fruncí el ceño extrañada.

«¿Había entendido mal?»

Revisé el celular, pero no encontré ni llamadas ni mensajes de su parte.

—¿Porque tan sola preciosura? —La gruesa voz masculina me hizo sobresaltar haciendo lo primero que se me ocurrió: golpear con la bolsa al cochino que me había hablado—. Oye, oye, oye —replicó Alex entre risas—. Cálmate, soy yo. —Detuvo los golpes de mi bolsa tomándola en sus manos.

El momento [in]oportuno #WeAreWorldHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora