La amistad entre un hombre y una mujer, el debate de siempre.
¿Qué tan cierto es eso de que un hombre y una mujer no pueden ser amigos?
¿Quien formuló aquella máxima? Y lo más importante, ¿por qué lo hizo?
El amor ha cambiad...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
WEST HOLLYWOOD
10:20PM
Durante un par de semanas, Alex y Miller, su primera esposa, organizaron todo para la celebración del cumpleaños numero dieciocho de Ian.
Deborah Miller por supuesto haría presencia, y debido al circulo en el que ella se movía debido a su talento como cantante, muchos invitados especiales asistirían, así que Alex y ella se pusieron de acuerdo y rentaron The Viper Room, uno de los bares de Rock más famosos de la ciudad, solamente para recibir a los amigos y allegados del joven.
Como acostumbraba a hacer en las reuniones que Alex preparaba, en esa ocasión también yo sería la fotógrafa principal. Ajusté el cinturón de la cámara en mi cuello y me propuse a empezar con mi labor.
—Marivi, de verdad me da gusto verte, cuanto tiempo —repuso Miller luego de saludarme con un cálido abrazo.
—Digo lo mismo —Sonreí—, y mírate, sigues tan guapa como siempre.
Miller rio con la gracia que le caracterizaba. —No tienes que ser amable, los años ya se me notan, Marivi. Tu sí que te ves bien —Sus ojos verdes me recorrieron rápidamente—, además, me parece bien que hayas crecido. Ahora si se te ven normales esos ojotes azules, antes parecías un extraterrestre —bromeó.
—Gracias por lo que me toca, Miller —repuse fingiendo enfado.
—Sabes que lo digo con cariño, Marivi —aseguró riendo de nuevo—. Quiero aprovechar y agradecerte, Ian me contó lo que pasó con su chica, fue un buen consejo —repuso con seriedad.
Sonreí. —No tienes que agradecer, sabes que quiero mucho a Ian.
—Claro que tengo que agradecer, ¿sabías que esa chica va a venir?
Aquello me sorprendió. —¿Ah sí?
—Sí. Ian está muy emocionado, y eso te lo debe a ti.
—No. Se lo debe a él mismo por decidir seguir mi consejo —aseguré con satisfacción.
—No te quites el crédito, Marivi, tú has estado con mi muchacho todos estos años, has sido como una madre para él —insistió.
—Ya te dije, lo quiero mucho. Es un muchacho encantador y además es hijo de Alex —obvié.
—¡Ja! Aun no entiendo cómo puedes soportarlo —se burló.
—¿A Alex? —pregunté en medio de una sonrisa, Miller asintió también sonriendo—. Es un hombre maravilloso no lo puedes negar, estuviste casada con él, lo sabes.
—Pues sí —aceptó—, pero eso no le quita que a veces sea fastidioso y testarudo.