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Capítulo 31

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DOWNTOWN L.A.

9:00 PM

Mi razón había quedado deslumbrada por el sentimiento de felicidad que me llenaba en ese momento.

Le creía. Le creía que sentía algo por mí y que no se trataba solamente de la amistad que nos había unido durante tantos años. le creía que era algo más y que era grande.

Habían pasado varios minutos después de las escenas subidas de tono que habíamos protagonizado y ahora nos encontrábamos en mi estudio de fotografía, siendo testigos de la ciudad por el enorme ventanal.

Estábamos sentados en el gran y deforme sofá puff en el que solo cabía una persona, pero en el que habíamos logrado acomodarnos. Aunque yo estaba prácticamente encima de él, la incomodidad no se había hecho presente. O por lo menos no para mí.

Giré mi rostro levemente y lo encontré con la vista fija en el frente, mis ojos se pasearon por todo su rostro observando con atención cada rasgo que lo hacía tan perfecto a mi vista. Sabía que era absurdo, pero lo extrañaba aun teniéndolo a mi lado. Una fuerte opresión se apoderó de mi pecho y sentí ganas de llorar de nuevo.

Recordé aquella frase de un famoso escritor que decía que la peor forma de extrañar a alguien era estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrías tener, y me sentí totalmente identificada con ella.

Amaba a Alexander, y sabía que el sentimiento era mutuo, pero también sabía que nuestra situación era complicada. Él no era libre.

—¿En qué piensas? —Su voz ronca me hizo despabilar. Sin darme cuenta mi mano estaba acariciando su cabello y sus ojos estaban clavados en los míos.

—En nada —mentí. Sonrió de medio lado y me miró con advertencia. ¡Maldición! Suspiré resignada—. Está bien, sí, pensaba. Estaba pensando en lo que pasará ahora —respondí.

—¿Lo que pasará ahora? —repitió confundido.

—Sí. Ahora que sabemos lo que sentimos, las cosas no serán iguales y seguramente tendremos problemas. Muchos.

—Tienes razón —asintió—. ¿Quieres que hablemos de ello?

—Es lo mejor, Alex.

—Bien —accedió—. ¿Por dónde empezamos?

—Estas casado —repuse con obviedad—. Creo que podemos empezar por ahí.

Alex rascó su cabeza con incomodidad y entrecerró los ojos, como quien pensaba con detenimiento. Sin dudarlo dos veces me paré de mi cómodo asiento ante su sorpresa y me senté en el frio piso justo frente a él.

—Vicky...

—¿La amas? —interrumpí.

—Te amo a ti —aseguró.

—Pero también puedes amarla a ella. Sabes que creo que se puede amar a dos personas al mismo tiempo, quizás de manera diferente, pero al fin y al cabo amarlas —repuse.

—Yo... —Suspiró— no lo sé —confesó.

—¿Y qué sabes? —insistí.

—¡Que te amo a ti! —Se puso de pie y se arrodilló frente a mí—. Que te amo de una manera indescriptible, que fui un idiota por descubrirlo tarde, que creí que me ahogaría en la desolación si no te veía de nuevo, que cuando te encontré esta noche el mundo brilló para mí de nuevo, que te deseo, y que ya no puedo pensar en nada en lo que no estés tu —respondió con un brillo en sus ojos que me hizo estremecer.

Quería llorar. Quería saltar y gritar de emoción por lo que estaba escuchando.

¡Eran veinte años! ¡Sabía cuándo mentía y justo ahora no lo hacía! ¡Lo que decía era cierto! ¡Todo!

—Alex... —susurré mientras me lanzaba a sus brazos y saboreaba aquellos labios que tanto estaba aprendiendo a adorar. Alex me recibió y me abrazó sin dejar de besarme mientras todo lo que sentíamos se transmitía tan solo en aquel roce.

El sonido de su teléfono nos interrumpió, haciéndonos separar. Su mirada se ensombreció y de inmediato supe de quien se trataba. Sin decir nada me puse de pie y caminé hacia el balcón al tiempo que él le contestaba a Lane.

Miles de pensamientos empezaron a cruzar por mi mente. Sabía que aquello era una situación complicada, pero aun así estaba dispuesta a todo por lograr lo que fuera que resultara.

Imaginaba que podía sonar tonta o... ¡qué sabía yo! Pero era lo que sentía, y siempre me había guiado por lo que sentía antes de pensar siquiera en las consecuencias.

Había sido una mujer fuerte hasta tan solo unos meses, una mujer que no se dejaba derrumbar por nada ni por nadie.

Mi padre siempre me decía que yo era especial, pero que eso no me hacía resistente al mundo y que todos encontrábamos en algún momento aquella cosa o aquella persona que se volvía tu debilidad, aquella que podía sacar de ti hasta lo desconocido. Yo la encontré. Resultó ser el amor de mi vida. Sin embargo, él ahora estaba a tan solo unos metros hablando con su esposa.

Si, el destino apestaba, reconocí.

El momento [in]oportuno #WeAreWorldHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora